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Cuando el precio de la energía decide quién compite en Europa
Mientras Francia convierte su superávit eléctrico en estrategia industrial explícita, España corre el riesgo de no capitalizar plenamente su ventaja
En la nueva economía europea, el precio de la energía está delimitando con claridad quién puede competir y quién necesita compensaciones. Francia acaba de aprobar su Plan Energético 2026-2035 con una apuesta inequívoca por la electrificación masiva, más renovables y nueva nuclear. Mientras tanto, Italia —y en menor medida Alemania— intensifican su presión en Bruselas para obtener ayudas que amortigüen el coste del gas para sus empresas.
La diferencia no es retórica, sino estructural
Francia prevé elevar su consumo eléctrico hasta un 50% en 2035 respecto a 2023 y producir hasta 693 TWh de electricidad descarbonizada en esa fecha. Lo hará combinando expansión renovable con la prolongación de sus reactores nucleares y la construcción de seis nuevos. El objetivo no es solo climático. Es industrial. París quiere garantizar precios eléctricos estables, previsibles y relativamente bajos para atraer y retener industria electrointensiva.
Italia parte de una realidad distinta. Su elevada dependencia del gas natural, históricamente importado, ha provocado que su precio mayorista eléctrico sea estructuralmente superior al español y al francés. Esa brecha condiciona su competitividad industrial. Ante esta situación, Roma ha optado por reforzar la vía europea: solicitar mecanismos de apoyo y flexibilización para compensar el impacto del gas en sus empresas.
Alemania, tras el cierre de su parque nuclear, también mantiene una exposición significativa al gas, aunque su músculo fiscal y su capacidad industrial le otorgan más margen que a Italia. Aun así, el debate alemán sobre subsidios energéticos y apoyo a sectores intensivos refleja una tensión evidente: cómo sostener competitividad con un mix más vulnerable a la volatilidad internacional.
El contraste con Francia es claro. En lugar de pedir compensaciones por el coste del gas, refuerza un modelo que reduce progresivamente su dependencia. Más electricidad limpia implica menor exposición geopolítica y menor necesidad de subsidios correctores.
¿Qué hará España?
España se encuentra en una posición singular dentro de este tablero. Con un 83% de electricidad descarbonizada en 2025 y precios mayoristas significativamente inferiores a los italianos, dispone de una ventaja comparativa real. Nuestro recurso renovable es superior al de buena parte de Europa, y el despliegue solar y eólico ha transformado el sistema eléctrico.
Sin embargo, la electrificación de la demanda no avanza al mismo ritmo que la oferta. Mientras Francia convierte su superávit eléctrico en estrategia industrial explícita, España corre el riesgo de no capitalizar plenamente su ventaja. Limitaciones en redes, cargas fiscales relevantes en la factura eléctrica y señales regulatorias inciertas pueden diluir parte del atractivo.
La electrificación de la demanda no avanza al mismo ritmo que la oferta
La consecuencia es evidente: en un mercado interior europeo, las industrias comparan costes energéticos antes de decidir dónde invertir. Si Francia ofrece contratos a largo plazo con visibilidad de precios y un sistema con capacidad excedentaria, atraerá proyectos. Si Italia necesita compensaciones públicas para neutralizar el diferencial del gas, su modelo será más dependiente del respaldo presupuestario.
El debate no es ideológico, sino competitivo
La energía se ha convertido en un factor determinante de localización industrial. Quien disponga de electricidad limpia, abundante y estable tendrá ventaja estructural. Quien dependa del gas importado necesitará mecanismos de corrección.
Bruselas se enfrenta así a una tensión creciente: armonizar el mercado interior mientras las diferencias estructurales de mix energético generan asimetrías de coste. Las peticiones italianas de apoyo no son coyunturales; reflejan un problema de base.
España tiene la oportunidad de situarse en el grupo de países que compiten por precio energético y no en el de los que compiten por subvención. Pero eso exige coherencia estratégica: acelerar la electrificación industrial, reforzar redes, garantizar estabilidad regulatoria y no erosionar artificialmente la competitividad eléctrica.
España tiene la oportunidad de situarse en el grupo de países que compiten por precio energético y no por subvención
Francia ha optado por blindar su modelo productivo a través de la electricidad. Italia pide ayuda para compensar su vulnerabilidad. Alemania navega entre subsidios y reindustrialización verde.
En esta nueva Europa energética, la diferencia entre liderar y depender puede medirse en euros por megavatio hora. Y esa cifra está empezando a decidir dónde se instalará la industria del futuro.
* Maurici Trullas es presidente de Foro Mercado Libre.
En la nueva economía europea, el precio de la energía está delimitando con claridad quién puede competir y quién necesita compensaciones. Francia acaba de aprobar su Plan Energético 2026-2035 con una apuesta inequívoca por la electrificación masiva, más renovables y nueva nuclear. Mientras tanto, Italia —y en menor medida Alemania— intensifican su presión en Bruselas para obtener ayudas que amortigüen el coste del gas para sus empresas.