Susana va al cole

"Más educación, más sanidad, más trabajo, más bienestar..." Todo eso lo promete la presidenta de la Junta de Andalucía en su campaña

Foto: Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía. (EFE)
Susana Díaz, presidenta de la Junta de Andalucía. (EFE)

Hay eslóganes de campaña que los carga el diablo: Susana Díaz promete 'más' en su campaña y lo que consigue es que el personal se cabree más todavía. El otro día, por ejemplo, cuando se fue de mítines a uno de los puntos fundamentales de la geografía socialista en Andalucía, Alcalá de Guadaíra, al lado de Sevilla, uno de los pueblos que junto a Dos Hermanas no conocen otra cosa desde hace cuarenta años que triunfos consecutivos del Partido Socialista. Entre los dos pueblos suman cerca de trescientos mil habitantes, lo que los convierten en un colchón de votos imprescindible para que el PSOE pueda revalidar sus victorias en la provincia, que siempre han sido apabullantes. "Más educación, más sanidad, más trabajo, más bienestar...". Todo eso lo promete la presidenta de la Junta de Andalucía en su campaña electoral y el problema es que las promesas del 'más' en boca de aquella a la que culpan del 'menos' se vuelven ofensas.

Como los profesores de dos institutos de Alcalá de Guadaíra que la esperaban a la puerta del mitin que iba a dar, uno de los primeros de la campaña. La presidenta, solícita, se acercó a ellos para oír sus demandas, como hacen todos los candidatos en campaña, y quizá la cosa no hubiera degenerado en malestar agrio si la alcaldesa del pueblo, socialista, por supuesto, y susanista, obviamente, no hubiera intercedido con una excusa banal: "Solo son desconchones".

[Consulte aquí el especial Elecciones Andalucía]

Era la gota que colmaba el vaso de la indignación. Porque resulta que el colegio, que se construyó hace treinta años con una capacidad de 600 alumnos, soporta en la actualidad una carga que casi lo duplica, 1.100 alumnos. En los últimos años, de forma progresiva han ido convirtiendo "en nuevas aulas antiguos servicios, laboratorios y hasta el hueco de una escalera: verídico", señalan los profesores del instituto Albero. Pero no era esa la urgencia que les llevó hasta Susana Díaz para interceptarla antes del mitin que iba a dar. El problema más grave al que se enfrentan ahora en ese instituto es que cuando llueve, dos aulas se inundan y el agua se cala por las paredes de algunos pasillos. Los profesores han elaborado hasta un cuadrante de aulas libres para los días de inundación.

Es posible que si la alcaldesa de Alcalá de Guadaíra no hubiese perpetrado ese lamentable ejercicio de 'bienqueda' ante su jefa de filas, la cosa no hubiera pasado a mayores. Pero lo hizo, y esa situación anecdótica se convierte en paradigma de lo peor que le espera a la presidenta andaluza en esta campaña electoral: ofrecer más cuando el personal la culpa de ser la responsable del menos. ¿Cuántos colegios, cuántos institutos, se pueden sentir igual? Y hospitales, y ambulatorios, y servicios públicos y ayudas que dependen de la Junta de Andalucía y que en los últimos años han sufrido una persistente política de recortes.

La paradoja del PSOE en Andalucía, durante varias décadas, consistía en que una mayoría de andaluces votaba a ese partido a pesar de que, al mismo tiempo, reconocía que la situación general de Andalucía era mala o bastante mala. ¿Cómo se puede apoyar al teórico responsable de una mala gestión? Los socialistas andaluces siempre han superado esa aparente contradicción con algunos elementos sólidos de estrategia: un liderazgo sin aristas, como fue el de Manuel Chaves, al que todos se referían como "el bueno de Manolo"; un partido fuertemente implantado en toda la comunidad que actuaba como una perfecta maquinaria en tiempos electorales; y, finalmente, un discurso genérico contra la derecha, que combinaba por tiempos el miedo a la derecha y el agravio contra la derecha, causante de todos los males.

La paradoja durante varias décadas es que una mayoría de andaluces votaba ese partido pese a que reconocía que la situación era mala

Cuando se fue Manuel Chaves de la Junta de Andalucía sucedió que esa estructura de poder tan perfecta comenzó a desmoronarse: Se fue el líder bonachón que ganaba elecciones, una tras otra; afloraron enfrentamientos en el partido por rivalidades internas, como las de ahora de susanistas y pedristas; explotaron varios escándalos de corrupción en los tribunales y, finalmente, los servicios públicos comenzaron a resentirse seriamente por los recortes presupuestarios. De todo eso se cumplen diez años ahora. El primero que comenzó a padecer los efectos de la 'fatiga de materiales' en los pilares de la hegemonía socialista de Andalucía fue José Antonio Griñán y Susana Díaz, que lo sustituyó en 2013, no ha conseguido detener el declive. La presidenta andaluza, que lo sabe, que conoce cuál es el bagaje negativo que arrastra, intenta superarlo con una campaña propositiva en todos aquellos aspectos básicos en los que los andaluces son más críticos.

Para contrarrestar la imagen de estancamiento y retroceso en los servicios públicos andaluces, Susana Díaz ha programado una campaña en la que, subliminalmente, se intenta anticipar a los descontentos para trasmitirles que también ella aspira a más, que tampoco ella está contenta y satisfecha con el nivel actual de la educación, de la sanidad… El problema es que la interpretación de ese mensaje sea la contraria y que, en vez de ánimo y esperanza se transmita desprecio y cinismo, como ocurrió en ese instituto de Alcalá de Guadaíra. Susana va al cole y le salpican las goteras.

Diario de campaña
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
14 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios