Dos mujeres que ya no se odian

El gran rastro que dejó el debate de ayer fue la constatación de que en la política andaluza hay dos mujeres que ya no se odian: Susana Díaz y Teresa Rodríguez

Foto: Los candidatos a la presidencia de la Junta por el PSOE, Susana Díaz, el PP, Juanma Moreno (c), y Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez. (EFE)
Los candidatos a la presidencia de la Junta por el PSOE, Susana Díaz, el PP, Juanma Moreno (c), y Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez. (EFE)

Un debate a cuatro, pactado y despiezado por asesores de campaña, es siempre un desastre a cuatro, plúmbeo e 'interruptus', pero al menos sirve para rastrear intenciones ocultas, como sabuesos electorales tras una pieza. El gran rastro que dejó el debate de ayer fue la constatación de que en la política andaluza hay dos mujeres que ya no se odian: Susana Díaz y Teresa Rodríguez. Todo lo que en estos años se han soltado a la cara, la agria animadversión política y personal que se profesaban, ha desaparecido completamente y en el debate de ayer de Canal Sur, en el que se vivían historias paralelas, en correspondencia a ese formato de cama redonda, el cruce de ambas fue de guante blanco.

Las izquierdas se entendieron a la perfección, sin que ninguna de las candidatas del PSOE y de Adelante Andalucía, la coalición podemita andaluza, se dijeran una palabra más alta que otra en la discrepancia estética que mantenían. Nada que ver con el debate que, junto a ellas, protagonizaron los dos líderes del centro derecha, que inexplicablemente protagonizaron los enfrentamientos más crudos de la noche. Al final, el rastro de todas esas pistas lo que nos anuncia es que hay dos partidos de izquierda que están disponiéndose a pactar un Gobierno y otros dos partidos, PP y Ciudadanos, que están disputándose el dominio de un espacio electoral.

Hay dos partidos de izquierda que se disponen a pactar un Gobierno y otros dos partidos, PP y Cs, que se disputan el dominio de un espacio electoral

En Canal Sur se dispuso el debate para ofrecerlo en directo en la hora de máxima audiencia de las televisiones en correspondencia con “la gran expectación” que había levantado, según la moderadora de la casa; ya se verá el seguimiento real de los ciudadanos. Debe existir alguna especie de protocolo para la llegada de los candidatos y, si no existe, es seguro que no pasa como un detalle menor para la presidenta de la Junta de Andalucía y candidata socialista, Susana Díaz, que fue la última que llegó, dando apariencia subliminal de teloneros a los demás.

El primero en llegar fue Juan Marín, el de Ciudadanos, que llegó casi una hora y media antes. Cualquier malpensado diría que Marín quiso adelantarse, no fuera a ocurrir que se le adelantaran Inés Arrimadas o Albert Rivera, que lo asisten tanto en estas elecciones que le eclipsan todo protagonismo. Al poco llegó la candidata de Adelante Andalucía, Teresa Rodríguez, la candidata anticapitalista que va por su cuenta en Podemos y que se ha asociado con Izquierda Unida para ir juntos a las elecciones. Teresa Rodríguez iba con vaqueros y una cómodos zapatos negros, como de 'running', perfecto contraste con el candidato del PP, Juanma Moreno, que llegó después, planchado todo él de pies a cabeza, traje azul, camisa blanca y corbata roja, acariciando continuamente su anillo de oro de boda.

Cuando llegó Susana Díaz ya se pudo observar la primera coincidencia, iba de verde igual que Teresa Rodríguez. Una blusa verde y una camisa blanca, tacones altos, una manicura perfecta y la visible delgadez que la presidenta andaluza se ha trabajado en los últimos meses para ofrecer esa imagen en la campaña electoral. Iba tan elegante, aunque sin ostentación alguna, que cualquiera de los candidatos podría haberle dicho que con los 80 euros que tiene en la cuenta corriente no le llega para la peluquería y la manicura previas al debate, pero la única persona que podría haberle soltado un exabrupto así era Teresa Rodríguez y, como queda dicho, ya no le profesa el odio de antes, cuando le decía en el Parlamento “usted no ha trabajado en su vida, señora Díaz”.

La candidata podemita cambió esa agresividad contra la presidenta andaluza por una retahíla de datos y consignas, recitadas con la velocidad propia de un concurso de cifras y letras, la ruleta de la fortuna en versión política. Con esa estrategia, además, Teresa Rodríguez se complementaba perfectamente con la estrategia central que desarrolló Susana Díaz en el debate de ayer: ella no tiene pasado político.

La explicación es muy elemental: ¿cuál es el principal reproche que se hace al PSOE en esta campaña electoral? Los 36 años de gobierno ininterrumpidos en la comunidad andaluza, los casos de corrupción acumulados en ese tiempo, las altas tasas de paro, las grietas en educación, en sanidad. Nada más tomar la palabra, ya lo dijo: “Hace cinco años la situación era…”. Ni una sola vez mencionó a Manuel Chaves o a José Antonio Griñán, que la puso en el cargo que ocupa. Toda referencia a la corrupción socialista la contestaba con una afirmación repetida: en sus cinco años de presidenta, no ha habido corrupción. Cinco años, ni siquiera toma como referencia las últimas elecciones, que fueron en 2015, sino septiembre de 2013, cuando ella llegó a la presidencia de la Junta de Andalucía. Lo que hubiese ocurrido antes no le atañe, aunque ella haya estado en el PSOE andaluz desde que cumplió la mayoría de edad y con cargo público desde los 25 años.

Pese a lo burdo del planteamiento, la verdad es que Susana Díaz transitó por el debate con comodidad, sin que se la viera en apuros en ningún momento. Era el elemento a batir, pero se sirvió del cambio de tono de Teresa Rodríguez y del descarnado interés de Ciudadanos y Partido Popular por rivalizar entre ellos. Tanta cera se dieron entre los dos que, en un momento dado, el candidato de Ciudadanos tuvo que recordar que si van diciendo por ahí que quieren gobernar juntos, tendrían que moderarse. “Los andaluces no van a perdonar que, si sumamos, no nos pongamos de acuerdo para gobernar”, dijo Juan Marín, que estuvo zizagueante en el debate, fue de más a menos y acabó enredado en la gran contradicción de Ciudadanos en la campaña andaluza, censurar duramente aquello que ha apoyado durante tres años.

Díaz era el elemento a batir, pero se sirvió del cambio de tono de Rodríguez y del descarnado interés de Cs y PP por rivalizar entre ellos

Todo lo contrario que Juanma Moreno, que acabó viniéndose arriba, con el protagonismo que no ha alcanzado aún en la campaña electoral. En el último tramo del debate, a punto ya de terminar, cuando Susana Díaz le afeó a Teresa Rodríguez que haya estado en la oposición durante la pasada legislatura, ni siquiera sonó a acusación, sino a reproche tierno, como el de dos amantes que se perdonan tras una ruptura. “Me has dejado sola”, le dijo Susana Díaz a Teresa. Y cuando los candidatos se marcharon del plató, cuando se apagaron los focos, todavía debió seguir retumbando el eco de esa voz que anuncia una alianza futura de dos mujeres que ya no se odian.

Diario de campaña
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