La vida sigue igual, y da una pereza tremenda

Los debates son lo más parecido a un desnudo de los políticos, aunque solo sea porque se dejan en casa a la brigada del aplauso que los acompaña

Foto: Los cuatro candidatos a la presidencia de la Junta. (EFE)
Los cuatro candidatos a la presidencia de la Junta. (EFE)

En casa somos mucho de debates electorales y de audiencias en televisión. Ya, no parece esto un parque de atracciones precisamente, pero hay familias peores. Por eso me fijé ayer en una frase del presentador de las noticias de Canal Sur: “El debate entre los candidatos hizo un 13% de audiencia y fue tendencia en Twitter”, dijo con gesto de orgullo. Una, siempre con memoria para las cosas más bizarras, comparó el dato con el 31% de audiencia de una de las últimas noches de 'Gran Hermano VIP', o el 19,1% que hizo esa misma noche una serie con José Coronado en el mismo papel que hace desde que dejó de anunciar yogures. Es normal, te pilla en plena cena la tortura de los bloques por tiempos y el píloro se te revoluciona.

Mis compañeros Isabel Morillo y Javier Caraballo lo han explicado infinitamente mejor que yo, pero no me resisto a hacer algunas apreciaciones. Porque los debates son lo más parecido a un desnudo de los políticos, aunque solo sea porque se dejan en casa a la brigada del aplauso que los acompaña (en la vida diaria son los asesores, en la campaña electoral son un 'fotocol' humano que no para de gesticular).

Cómo sería el debate que Moreno Bonilla me pareció Adenauer. Porque el popular, pese a algunos juegos de palabras poco afortunados, como ese de que “Andalucía es un Fórmula 1” y la BMI (bajada masiva de impuestos), al menos propuso algo. Juan Marín dio la sensación de seguir de 'afterwork' (las cañas de toda la vida al salir del trabajo) y se fue como vino, fresco y sin mojarse.

Díaz se sabe los números al dedillo, aunque quien le depiló las cejas se pasó con las pinzas y se le ha quedado gesto de villana perpetua. Y Teresa Rodríguez es un poco como Pablo Casado: para ser tan joven tiene unas ideas demasiado viejas. Definir la política como “un acto de amor” y comparar las prácticas en empresas como esclavitud laboral fueron momentos más lamentables que el chiste de “Albert Primo de Rivera”.

Los cuatro vivieron ayer su particular momento EGM: se han visto a sí mismos divinamente, que diría Carmina, y han encontrado muy mal al resto

La vida sigue igual para los candidatos a presidir la Junta de Andalucía. Tras el debate, los cuatro vivieron ayer su particular momento EGM: se han visto a sí mismos divinamente, que diría Carmina Ordóñez, y han encontrado muy mal al resto. Las encuestas, arma de doble filo, demuestran que, por mucho que se hable de la viejoven política (me niego a llamarla nueva), los votantes socialistas en el sur de España son como lo mío con mis ídolos. Hagan lo que hagan, llevamos tanto tiempo juntos que para qué cambiar.

Díaz se fue ayer a Huelva a contarnos que el sector conservero y las exportaciones son importantísimas. Ninguna novedad. Se sirvió de otra ensalada de datos para dirigirse a los vecinos y ha lanzado reproches a los contrincantes, a los que sigue acusando de hacer todo lo posible por bloquear la gobernabilidad.

Los votantes socialistas en el sur de España son como lo mío con mis ídolos. Hagan lo que hagan, llevamos tanto tiempo juntos que para qué cambiar

Marín se fue a un desayuno informativo (que es un concepto pretencioso, como llamar 'muffing' a una magdalena) y dijo: “Para mí, Andalucía no es segundo plato. Salimos a ganar frente a un PSOE que está en ver cuántos escaños pierde y un PP que ha tirado la toalla”. Unas horas antes estaba pidiéndole a “Juanma” si quería ser su pareja en la fiesta de graduación. Y Teresa Rodríguez se fue a ver a unos taxistas en Sevilla a recordarles que las VTC son malísimas y que eso no puede ser. La vida sigue igual, y además da una pereza tremenda.

Diario de campaña
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios