Vox o la amenaza fantasma

A día de hoy, y a la vista de cómo han evolucionado las encuestas durante la campaña, Vox parece en condiciones de acaparar los titulares de la noche electoral andaluza

Foto: El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un acto electoral para las próximas elecciones andaluzas en Málaga. (EFE)
El presidente de Vox, Santiago Abascal, participa en un acto electoral para las próximas elecciones andaluzas en Málaga. (EFE)

Uno de los momentos más surrealistas de la por lo demás anodina campaña andaluza lo brindó el candidato popular Juanma Moreno: en respuesta a un vídeo que presentaba a Teresa Rodríguez como la Khaleesi andaluza (un guiño a la serie 'Juego de tronos'), Moreno Bonilla invocó la “fuerza de 'Star Wars” delante de unos muñecos del maestro Yoda y del droide R2D2. Difícilmente superable.

La verdadera 'amenaza fantasma' para el Partido Popular es en cambio otra: se llama Vox (si todavía estuviese Rajoy en la primera línea política, lo llamaría “ese partido del que usted me habla”), una formación que este domingo podría irrumpir en el Parlamento andaluz. A día de hoy (ojalá me equivoque), y a la vista de cómo han evolucionado las encuestas durante la campaña, Vox parece en condiciones de acaparar los titulares de la noche electoral andaluza.

¿Por qué crece Vox? Es simplista apuntar un solo motivo, así que hagamos una lista de ellos: seguramente el más importante es la pérdida del PP del monopolio sobre el centro derecha político. La primera grieta en un muro es la más difícil; las siguientes, suelen venir en cadena.

Vox o la amenaza fantasma

El PP, como cualquier otro partido tradicional de amplio espectro ('catch-all party'), constituía en realidad una coalición muy heterogénea de intereses: votantes con profundas convicciones conservadoras, otros preocupados por la gestión de los asuntos económicos, o aquellos visceralmente contrarios a los nacionalismos periféricos. Algunos votantes populares reunían todos estos atributos; la mayoría, en cambio, solo algunos. Eran, por ejemplo, liberales en lo económico pero también en lo social. O, al revés, conservadores en ambas dimensiones. El PP conseguía cubrirlos a todos porque al existir un solo partido en esa zona del espectro, la manta era suficientemente larga. Como sus votantes no tenían una alternativa que representase de manera más fiel sus convicciones, elegían la que más se aproximaba.

Una de las consecuencias de la eclosión multipartidista es la aparición de nuevos partidos capaces de representar mejor a determinados colectivos de votantes. En particular, ha habido dos políticas seguidas por el PP durante los últimos años que lo han alejado de dos colectivos que históricamente lo habían votado: el proceso independentista catalán y las políticas de la familia.

Para el votante popular, la política de contención en Cataluña, abanderada por la exvicepresidenta Sáenz de Santamaría (la 'operación diálogo'), fue como una traición shakesperiana (“ni rima ni razón”): no solo significaba abjurar de las convicciones populares sobre el modelo territorial, es que además ni siquiera funcionó en la práctica para reconducir el desafío soberanista. Como castigo, los votantes desencantados abrazaron la alternativa que más nítidamente había defendido una política firme contra el independentismo: Ciudadanos era entonces un partido que discurría por el firmamento político con alrededor del 15% de apoyo (seguramente, el verdadero tamaño del centro político en nuestro país). El aluvión de votantes procedentes del desgarro catalán lo hizo dispararse por encima del 25% (cómo afectó esta avalancha a la fisonomía del partido naranja es materia de otro artículo).

Vox surge probablemente de la gemación de dos patas del PP: la opuesta a la inmigración y la más conservadora

¿De dónde surge Vox? Vox es el 'spin-off' de un cuerpo (el del Partido Popular) que estaba ya moribundo, después del mordisco de Ciudadanos a cuenta de Cataluña, de la lenta pero inexorable termita de la corrupción y del abrupto final del Gobierno Rajoy. Vox surge probablemente de la gemación de dos patas del PP: la opuesta a la inmigración y la más conservadora. En inmigración y familia, las políticas seguidas por el PP en los últimos años respondían a la mayoría de sus votantes, no a su núcleo más irredento (que vio también una traición determinadas decisiones, como la inconclusa reforma de la ley del aborto durante la etapa de Gallardón).

¿Por qué Vox surge precisamente ahora, en las elecciones andaluzas? En primer lugar, es la primera convocatoria electoral desde que el PP entró en estado catatónico, la primera desde el otoño 'horribilis' catalán de 2017. La primera oportunidad para los votantes de ajustar cuentas con los populares.

También, creo, hay otros motivos circunstanciales: a menudo se ha dicho que los votantes utilizan las elecciones cuyos resultados inmediatos son más lejanos (como las elecciones europeas) para mandar un mensaje a los partidos políticos. Las elecciones andaluzas, dado lo previsible de sus resultados (todo apunta a un Gobierno del PSOE con Adelante Andalucía), se han convertido en un 'sparring' de lujo para lanzar un mensaje. A fin de cuentas, ¿cómo puede reclamar el candidato popular el 'voto útil' cuando los votantes saben que ese voto no servirá para nada? Mucho mejor (mucho más útil, deben pensar) utilizar su voto para algo con más impacto, como pegarle una patada al tablero.

Andalucía, también (o, mejor dicho, algunas de sus provincias, como Almería, Huelva o Málaga), representa un banco de pruebas casi perfecto para Vox: comunidades con un arraigado concepto de la familia y convicciones conservadoras, así como un porcentaje elevado de inmigrantes.

En definitiva, mirándolo con detenimiento, Andalucía reunía muchos elementos para convertirse en la lanzadera de Vox.

¿Qué consecuencias puede tener Vox sobre las aspiraciones del resto de partidos? Para el PP, puede ser fulminante. El efecto de Vox podría ser incluso más letal que la amenaza que representaba Podemos para el PSOE. Los votantes de Podemos, al fin y al cabo, eran en su mayoría abstencionistas y solo ocasionalmente socialistas. Los votantes de Vox, en cambio, son votantes fetén populares. Su pérdida es directamente como si le extrajesen sangre de las venas al partido de Casado.

Vox también representa una amenaza para Ciudadanos. No tanto porque haya un trasvase directo de votantes, sino porque limita su capacidad de crecimiento. Al abrirse una segunda vía de agua en el barco popular, se escapa menos agua por cada uno de los conductos.

Vox es una oportunidad para los socialistas. Divide el voto de la derecha en tres formaciones, con efectos devastadores en el reparto de escaños

Por los mismos motivos, Vox representa una oportunidad para los socialistas. Divide el voto de la derecha en tres formaciones, con efectos devastadores en el reparto de escaños. La aparición de Vox ha arruinado las escasas esperanzas que Ciudadanos y PP tenían de alcanzar la mayoría en Andalucía. A nivel nacional, lo hace también muy difícil.

No es de extrañar, por tanto, que los socialistas estén jugueteando con la aparición de Vox. Susana Díaz los mencionó hasta cuatro veces durante el segundo debate electoral. La vicepresidenta Calvo habla de Vox casi tanto como el propio Santiago Abascal (esta semana, ha calificado a Vox como “el hijo de PP y Ciudadanos”). Quizá los socialistas deban preguntarse si no es demasiado cortoplacista alentar el alumbramiento de Vox; si merece la pena hacerlo por un puñado de escaños.

Y aquí viene mi última consideración: decía que ojalá no se confirme el ascenso de Vox. No porque sus votantes no tengan derecho a defender sus opiniones a través de una formación política propia. Sino porque la irrupción de Vox nos obligará a poner en el debate político determinados temas, como la inmigración. Algunos pensarán que es necesario. Otros, a la vista de cómo ha evolucionado el debate político en nuestro país en los últimos años, no auguramos nada bueno.

Diario de campaña
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