Elecciones andaluzas: en tu fiesta me colé

Este viernes fue el fin de fiesta (toma tópico) antes de la fiesta de la democracia del domingo (toma otro tópico)

Foto: Susana Díaz en su acto de cierre de campaña en Sevilla. (EFE)
Susana Díaz en su acto de cierre de campaña en Sevilla. (EFE)

Y el último día los Juanes, que no los Javis, se vinieron a Madrid. Se suponía que la campaña consistía en ponerse en dos semanas haciendo todo "en clave andaluza", desde jugar al baloncesto (el Juan naranja) hasta pedirle el voto a una vaca (el Juan moreno, Juan Manuel Moreno Bonilla). Pero el último día Juan Marín, de Ciudadanos (sí, ese que sale siempre con Rivera y Arrimadas en las fotos), y Moreno Bonilla, (el hombre que coleccionaba chalecos) se vinieron a Madrid para hablar por la radio.

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Eso fue por la mañana, por la tarde-noche ya estaban todos pidiendo el voto en Andalucía. Era el fin de fiesta (toma tópico) antes de la fiesta de la democracia del domingo (toma otro tópico). Lo que pasa es que en la fiesta se ha colado un invitado inesperado, Vox, y mientras algunos no querían ni mentarlo, otros aprovechaban para hacer pupa. Por la mañana, en Canal Sur Radio, Susana Díaz, ay mi Susana, además de insistir con la matraca del bloqueo, dejaba claro que no negociará con la "extrema derecha".

Inés Arrimadas y Juan Marín en Sevilla. (EFE)
Inés Arrimadas y Juan Marín en Sevilla. (EFE)

Se trata, dijo Díaz, de hablar solo con los respeten la Constitución y el Estatuto de Autonomía. ¿De qué me suena esto? Es de suponer que Juan Marín, que no se ha cansado de indignarse porque los presupuestos se negocien "en la cárcel" con "golpistas", y Moreno Bonilla estarán muy de acuerdo con esos principios. Otra cosa es que sean capaz de proclamarlos en público y cumplirlos. Y más difícil aún parece que la aritmética electoral nos permita resolver la incógnita. No sumarán, y nos quedaremos con las ganas.

La extrema derecha (algunas encuestas les otorgan hasta seis extremos escaños) se pasó la mañana por Melilla. Como si no hubieran tenido suficiente los melillenses cuando apareció por allí, años atrás, Aznar y mini-Aznar, ergo, su hijo menor llamado Alonso.

La campaña ha sido bastante calamitosa, con un nivel en los debates y en los discursos tendente a cero. Solo podría haber remontado si el fin de fiesta el PP se hubiese acordado de que Sáenz de Santamaría tiene dotes de DJ. No Soraya, no party. También estaba por ahí la esposa de Casado, pero no es lo mismo. Mientras tanto Pedro el Guapo en Argentina, en la cumbre del G20, dando gracias por librarse de tener que besar de nuevo y poner dientes, dientes, con su enemiga íntima.

Lo bueno es que todo acaba; lo malo es que puede que a partir del domingo, el quinto invitado a la fiesta con el que nadie contaba llegue para quedarse, al menos una temporada.

Diario de campaña
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