Día 12 - Partido Andalucista, guía práctica de autodestrucción

Con los tiempos que corren, el manual de autodestrucción del Partido Andalucista le sería muy útil a otros muchos partidos políticos para mirarse en ese mismo espejo

Foto: Antonio Jesús Ruiz, sentado en el centro, secretario general del Partido Andalucista (EFE)
Antonio Jesús Ruiz, sentado en el centro, secretario general del Partido Andalucista (EFE)

Ya no aparecen ni en los restos de las encuestas. Hay veces que se celebran unas elecciones y en algunas ciudades los adelantan en el escrutinio hasta los partidos que fundan una panda de amigos en una tarde de botellona, como el partido de la marihuana o de la protección del oso panda. ¿Dónde están los andalucistas, quién los ha borrado del mapa?

Hasta para quien nada tiene que ver con esa gente, es inevitable que le asalte un pellizco de nostalgia, acaso como un vértigo del pasado; al repasar la historia, lo que fueron o lo que pudieron ser, lo que significaron, y comprobar cómo se han dilapidado. En las elecciones del 78, lograron un grupo parlamentario en el Congreso con cinco diputados; luego en las elecciones municipales de 1979, alcaldías por algunas de las principales ciudades andaluzas. Hasta en el Parlament de Cataluña obtuvieron representación (dos diputados) en las elecciones de 1980; era la época en la que se hablaba de los emigrantes andaluces como “la novena provincia” andaluza.

Hoy, ya ven, sólo son útiles como manual; para analizar su trayectoria y redactar una guía práctica de autodestrucción de los partidos políticos. Capítulo uno: división interna y peleas de familia. Capítulo dos: pactos contra natura. Capítulo tres: corrupción. Capítulo cuatro: prepotencia, soberbia y personalismos.

¿Que el PSOE nunca ha sufrido un castigo en las urnas andaluzas equivalente a los errores cometidos?

Con los tiempos que corren, el manual de autodestrucción del Partido Andalucista le sería muy útil a otros muchos partidos políticos para mirarse en ese mismo espejo y calcular cómo a ellos también los pueden barrer unas elecciones y dejarlos para siempre en la cuneta de la historia. Como les ha ocurrido a los andalucistas, aunque todavía siguen batallando en estas elecciones, anhelando volver a obtener una representación en el Parlamento andaluz que el electorado les viene negando desde hace diez años; en las elecciones de 2004 fue en las últimas en las que consiguieron diputados.

Sostenía Rojas Marcos, el histórico dirigente andalucista al que su partido le debe lo mejor y lo peor de su existencia, la gloria y la miseria, que los problemas que había atravesado el Partido Andalucista a lo largo de su historia no eran ni distintos ni más graves que los que han afectado a otras formaciones políticas, esencialmente al PSOE de Andalucía, sólo que en el caso de los socialistas el electorado andaluz siempre encuentra una disculpa para perdonarlos. Puede ser, sí, porque el PSOE andaluz es el único partido en España que lleva treinta años gobernando ininterrumpidamente, sin alternancia en el gobierno.

“No es verdad que el Señor nos haya mandado el PSOE a los andaluces”, como decía, con sorna, otro dirigente andalucista, Antonio Ortega, en una de las últimas campañas electorales en las que participó. Decían todo eso, es verdad, pero, al final, lo que ocurría es que acababan en brazos de los socialistas para obtener un trozo de tarta en el Gobierno andaluz. ¿Que el PSOE nunca ha sufrido un castigo en las urnas andaluzas equivalente a los errores cometidos? Es evidente, ni la corrupción, ni el desempleo, ni la división interna han hecho tanta mella en el PSOE como para apearlo del Gobierno andaluz.

Pero ante esa evidencia, lo que hicieron los andalucistas fue cambiar independencia por un trozo de poder. Se convirtieron en un apéndice más de la amplia red clientelar del PSOE andaluz. Y ese fue el certificado de defunción. Así que cerremos el índice de la guía práctica de autodestrucción. Capítulo cinco: la manteca.

Diario Impertinente
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