Casado y Rivera se enredan en el sigilo de Vox

PP y Cs asomaban victoriosos tras la exclusión de Santiago Abascal de los debates y ante el cerco a Pedro Sánchez. Pero lejos de la nebulosa mediática, Vox no descansaba en su

Foto: El presidente del PP, Pablo Casado (d), y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)
El presidente del PP, Pablo Casado (d), y el presidente de Ciudadanos, Albert Rivera. (EFE)

Entre inciensos, misticismo y procesión, el humo de las antorchas difuminaba el fondo de esta campaña electoral. “Albert Rivera está nervioso y el Partido Popular está nervioso. Y lo formulo sin citar a Pablo Casado. Con toda la intención”, deslizaba hace unos días un histórico dirigente del PSOE. Esta semana todo parecía cambiar. PP y Cs asomaban victoriosos tras la exclusión de Santiago Abascal de los debates electorales y ante el cerco a Pedro Sánchez. Pero lejos de la nebulosa mediática, Vox no descansaba en su búsqueda de apoyos, tras los focos.

La teoría de la espiral del silencio de Elisabeth Noelle-Neumann se mantiene así como la gran incógnita sobre el resultado que sacará Vox el 28-A. “Continuamos la campaña con los votantes de verdad”, leo a un tuitero afín a su formación. Los ‘voxitas’ intentan tejer con sigilo su propia red, al margen de la esfera pública común. Llenan auditorios, se dirigen a sus seguidores vía redes (WhatsApp, Instagram…) sin a penas mediación periodística. Y el no estar en los debates les evita errores, al par que agudiza su mantra de ese “establishment” que les desdeña.

Paradójicamente, el aparente alivio de Casado nace de la pérdida de foco de Abascal en la tribuna. Sin la presencia de Vox, el líder del PP luchará por combatir la estrategia de polarización de Moncloa. La gesta pasa por ser la alternativa de gobierno y dar la ‘batalla cultural’ –aznarista– a la izquierda. Ejemplo es la cuestión de género. ¿Pues, acaso pierden votos del centro, el extremo, o los dos? La respuesta sentenciará al ‘nuevo PP’. Pero poca duda hay de que Vox es su elefante en la habitación. Y de que estarán en el debate, aunque no estén.

La otra paradoja del centroderecha es sobre su cooperación. Casado y Rivera no han exhibido aún en esta campaña la sintonía tácita que rezumaban Álvarez de Toledo e Inés Arrimadas en el debate del lunes (más la primera hacia la segunda). El ejemplo son las listas electorales. ¿Reproducirán sus presidentes esa unión en las citas de RTVE y Atresmedia? Para Rivera, que Casado se le acercase sería positivo: avala su veto a Sánchez. Pero el PP cometería un error al arrimarse a Cs sin confrontarle: el 11% de electores, según el CIS, duda aún entre ambos.

Esa idea del tándem mediático resulta sugerente entre los fieles –“el viento sopla a favor del centroderecha” suspiran en provincias lejanas a Madrid. Existe una posibilidad de acorralar al dirigente socialista, cual muro de contención para retener voto de derecha moderada y pragmáticos –las ascuas del ‘marianismo’ social. Pero todo tiene su matiz. Sánchez puede limar las garras y presentarse como la víctima. Pasará si un dúo muy compacto contra él le ayuda a explotar el marco de la ‘voxización’ de Casado y Rivera.

Sánchez puede limar las garras y presentarse como la víctima. Pasará si un dúo muy compacto contra él le ayuda a explotar el marco de la ‘voxización’

Desde otra perspectiva, resulta inquietante –y a considerar– que la creciente crispación de PP y Cs haya sido inversa a la exhibida por Vox. La formación verde rebaja decibelios justo a las puertas de la campaña electoral. ¿Dónde quedaron los estruendos sobre género, armas o inmigración? Esos impactos son ahora con cuenta gotas y se sustituyen por el culto al líder. Este suaviza su imagen mediante alguna entrevista y hasta un tono irónico. Tiran, además, del contexto latente: la garra del yihadismo en occidente.

La última paradoja es la reciente contribución de Sánchez a la batalla de la derecha. “Siempre hay un factor imprevisible. El contexto, lo que acabe de pasar”, reflexionaba hace días un asesor de Moncloa. La duda es si, a la postre, el fiasco del presidente no se volverá en su favor. Vox puede rentabilizar la exposición del centroderecha mediante la comparación: ellos, yo. Su baza volverá ahí sobre el terreno: cerrará campaña en Colón. La foto. Será un misil contra la moderación que persigue Rivera y le quitará el alma esencialista a este PP.

Dicho esto, ¿qué quedará de la crisis del Gobierno con los debates? Responde un personaje de Stendhal, en su obra ‘La cartuja de Parma’. "No existe ridículo cuando nadie lo nota”. Pero la gran incógnita es ya si existirán esta vez climas de voto más allá de la demoscopia. Andalucía cimentó la sospecha de un distanciamiento entre opinión pública y publicada. Y una anécdota mundana: “Lo del chalé es un invento de los medios, ¿verdad?”, preguntó una señora a un dirigente de Podemos. Si el sigilo de Vox era un enredo, o no, se destapará el 28-A.

28-A: Diario de campaña

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