El minuto de oro que pudo ser y no fue

La presencia y el discurso de Abascal en el debate, perfectamente previsible, planteaba un problema para Casado y Rivera, pero para Pedro Sánchez era una oportunidad descomunal

Foto: El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, durante el debate del pasado lunes. (EFE)
El candidato del PSOE, Pedro Sánchez, durante el debate del pasado lunes. (EFE)

Señor Abascal: lo que usted está diciendo aquí y lo que defiende su partido va contra los fundamentos de la democracia española y de la Unión Europea. Lo que es aún peor, va directamente contra la convivencia en paz entre los españoles.

Liquidar el Estado de las autonomías es reventar una de las cuatro patas sobre las que se asienta la Constitución. Es tan anticonstitucional como romper la unidad de España. El pacto que nos hermanó fue construir un Estado unido y descentralizado. Impugnar cualquiera de las dos cosas no es romper eso que usted llama 'consenso progre', sino romper el consenso sin más. Es un ataque al corazón del orden constitucional.

Lo mismo le puedo decir del resto de sus propuestas. Usted pretende llevarse por delante las políticas de igualdad entre hombres y mujeres, las de integración de los inmigrantes, los derechos de educación y sanidad universales. Pretende restablecer la cadena perpetua, y supongo que detrás de ella vendrá la pena de muerte. Pretende restablecer las fronteras dentro de Europa y resucitar los nacionalismos que provocaron dos guerras brutales en el siglo pasado.

Tiene usted derecho a defender aquí esas ideas, porque esto es una democracia de verdad. Pero los españoles deben saber que todo eso es incompatible con la Constitución española y con los tratados de la Unión Europea. Que supondría un retroceso de 50 años en nuestra historia. Que usted presenta y representa una enmienda a la totalidad de todo lo que los españoles y los europeos hemos hecho juntos en varias décadas.

Usted está esta noche aquí y los ciudadanos que lo deseen podrán darle libremente su voto gracias al orden democrático y constitucional que construimos entre todos. Le seré sincero: en un país gobernado por gente como usted, dudo de que los demás tuviéramos la misma posibilidad.

Si los señores del PP y de Ciudadanos, aquí presentes, no sienten la necesidad de decirle estas mismas cosas porque dependen de usted para gobernar, allá ellos. Pero yo tengo el derecho y la obligación de hacerlo. No solo en defensa de mi partido, que también, sino en defensa del orden constitucional que construimos entre todos. En el fondo, partiendo de extremos opuestos, lo que usted pretende no es tan distinto de lo que pretende Quim Torra. Son dos formas distintas de romper España”.

La presencia y el discurso de Abascal en el debate, perfectamente previsible, planteaba quizás un problema para Casado y para Rivera. Pero ofrecía una oportunidad descomunal para Pedro Sánchez. Era un balón botando en el centro del área, listo para ir directo al fondo de la red. Un gol por toda la escuadra que se quedó en nada.

Sánchez lleva meses buscando un pretexto para presentarse como el campeón de la convivencia y del orden constitucional. Para ello, ha forzado el calendario y ha creado toda clase de escenarios, algunos altamente peligrosos. Y cuando tiene delante de sus narices la mejor ocasión posible de conseguirlo en un minuto, ni la huele. Si Sánchez hubiera hecho eso, probablemente hoy estaría más cerca de esos 140 escaños con los que soñó al provocar —irresponsablente— estas elecciones.

No es posible ir a un debate a sacar pecho por haber desenterrado al dictador, anunciar la ilegalización de la Fundación Francisco Franco y la interdicción legal de todo lo que huela a franquismo… y cuando Abascal lanza un mitin que apesta a nostalgia de todo aquello, bajar la vista y callar. Como se ha dicho más veces estos días, no basta con ser valiente con los muertos, hay que serlo también con los vivos.

¿Imaginan lo que habrían hecho personas como Adolfo Suárez o Alfonso Guerra, si hubieran estado allí, ante un libelo anticonstitucional y antieuropeo como el de Abascal? Claro, que para reaccionar así hace falta tener reflejos, raza de político purasangre y, sobre todo, talento. Justamente lo que más falta.

El Decodificador
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