Valencia arde por los cuatro costados

Tras el último escándalo de Alfonso Rus, un 'popular' vinculado al expresidente Camps, la corrupción entre las filas populares augura un fuerte batacazo electoral en la Comunidad Valenciana

Foto: El 'president' de la Generalitat, Alberto Fabra y el dirigente popular Alfonso Rus. (EFE)
El 'president' de la Generalitat, Alberto Fabra y el dirigente popular Alfonso Rus. (EFE)

El caloret de Rita Barberá procede de la hoguera de la corrupción del PP en la Comunidad valenciana. El último y lamentable episodio de Alfonso Rus, alcalde de Xátiva y presidente de la Diputación de Valencia, transporta la realidad política de aquella tierra a un escenario casi sórdido en el que parece que han sido posibles todas las pillerías, engaños, simulaciones, robos y corrupciones. El PP, en el peor momento –a sólo horas del comienzo de la campaña electoral– descubre (?) que su presidente provincial en la principal provincia de la Comunidad, máximo dirigente de la Diputación y uno de sus alcaldes más emblemáticos es un corrupto más allá de una razonable presunción de inocencia. Unas grabaciones –audio– le sitúan en un coche contando los billetes de una posible mordida. Suma y sigue: su cómplice, Marcos Benavent, desaparece y no hay quién lo localice.

Siendo malo todo lo anterior, hay algo todavía peor: el PP no se ha enterado de la factura moral de su alto cargo en la Comunidad Valenciana –vinculado estrechamente a Rita Barberá y a la administración del expresidente de la Generalitat–, y ahora no puede más que suspenderle de militancia, abrirle un expediente y proponerle que se retire de la Diputación y de la alcaldía. Demasiado tarde porque los corruptos –¿quiénes son los corruptores?– han mostrado en Valencia un descaro especialmente hiriente. El caso de Rafael Blasco es uno de los más llamativos, aunque no el único. El Parlamento valenciano es un hemiciclo de imputados, de sospechosos y de presuntos, salvando a los pocos que se libran de esas categorías.

El PSPV no funciona y emergen con fuerza la versión valenciana de Podemos y Compromís, que es una amalgama de izquierdas

La izquierda va a ganar las elecciones en la Comunidad y en la capital del Turia. El desastre del PP no será, seguramente, Madrid –en donde la combinación entre populares y Ciudadanos ofrecería, de salida, alguna oportunidad a las candidatas de Génova–, sino Valencia que está ardiendo por los cuatro costados. Allí está el segundo epicentro de la trama Gürtel (el viaje del Papa Benedicto XVI fue una rebatiña), un cierre de la TV autonómica escandaloso y una ristra de personajes –de Carlos Fabra a Juan Cotino– que producen bochorno, expresión que es la más utilizada estos días por los dirigentes del PP que han llegado muy tarde a sanear su organización, probablemente afectada de una enfermedad moral incurable.

Es cierto también que todo parecen impotencias políticas en aquella tierra. Porque el PSPV no funciona y emergen con fuerza la versión valenciana de Podemos y Compromís, que es una amalgama de izquierdas que tiene ahora unos 400 concejales en la Comunidad, seis diputados en el Parlamento, otro en el Congreso y un eurodiputado. Las tres fuerzas de izquierdas no tendrán demasiados problemas en coaligarse para echar a un PP demolido por su propia piqueta.

Notebook de campaña
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