Aznar contra Ciudadanos: "¡Volved a casa!"

Guste o no, Aznar sigue estando ahí. Así lo demostró en la intervención en la que arropó a Luisa Fernanda Rudi en Aragón y donde animó a los votantes a volver al PP, el partido de la "centralidad"

Foto: El expresidente del Gobierno, José María Aznar, interviene en un acto de campaña. (EFE)
El expresidente del Gobierno, José María Aznar, interviene en un acto de campaña. (EFE)

Han corrido dos especies en los mentideros políticos que han surgido de la especulación, el recelo y, en ocasiones, la insidia. La primera era que Ciudadanos era el partido del Ibex. Según esta teoría, las grandes compañías españolas –desde bancos a constructoras– estarían facilitando dinero, locales, transporte y medios en general al partido de Rivera. Esta tesis abunda en el hecho de que los grandes empresarios no estarían tan de acuerdo con algunas de las políticas de Rajoy y verían con buenos ojos una legislatura 2016-2020 en la que, con un PP no desmayado, Ciudadanos pudiera reequilibrarlo y compensarlo en sus “derivas” (sic) fiscales y regulatorias.

La especie anterior me parece tan improbable y poco demostrable como la suposición de que Aznar permanecería en silencio en esta campaña porque habría acumulado agravios contra Rajoy y el PP que él preside, estaría en total desacuerdo con su política en Cataluña y, por lo tanto, vería con cierto agrado que el electorado popular migrase hacia el territorio de Rivera, al que se consideraría más idóneo en la defensa de la unidad constitucional de España. Como en la especie anterior, esta carecía de pruebas fehacientes, más allá de la interpretación de los silencios de Aznar que, sin embargo, responden más a un propósito de discreción que de reproche tal y como están las cosas.

Aznar es un activo en el PP y Rajoy lo necesita por más que la plana mayor del aznarato –con Rato a la cabeza– haya quedado políticamente desarbolada

El expresidente no pudo ser más expresivo de que su afán está con el partido que él refundara en 1989, presidiera hasta septiembre de 2003 y con cuyo soporte gobernó desde 1996 a 2004. Efectivamente: en un sincero llamamiento a los que se supone muchos electores del PP que no quieren serlo el día 24, José María Aznar les animó en Zaragoza –feudo de Luisa Fernanda Rudi– a que volviesen a la casa popular porque el partido representa la centralidad. El expresidente deshace así las anudadas argumentaciones que le atribuían debilidad hacia Ciudadanos, algunos de cuyos más icónicos representantes han colaborado –como tantos otros en otras formaciones– con FAES, fundación bajo la presidencia de Aznar.

El ex presidente –que es el chivo expiatorio de muchos y la escorrentía de resentimiento de otros tantos– tiene mucha capacidad de persuasión en su electorado. Es un activo en el PP y Rajoy lo necesita por más que la plana mayor del aznarato –con Rato a la cabeza– haya quedado políticamente desarbolada. Aznar resume para el electorado tradicional del PP –y otro adyacente a él– una referencia de políticas y actitudes que fueron valiosas en su momento. Y sobre todo, Aznar es el político que en la derecha española ha conseguido reunir en el PP a un amplísimo espectro que ha permitido al partido un rasgo de transversalidad –del centro a la derecha– que, seguramente, se rompa en los procesos electorales del día 24 y posteriores.

En todo caso, el paso de Aznar, su compromiso con la campaña, tiene un alto valor simbólico y emocional para los electorados tradicionales del PP y dispondrá de un efecto persuasivo para seguir votando a su partido y disuasivo de votar a otros más o menos próximos como Ciudadanos. Guste o no guste, Aznar sigue estando ahí. Mutatis mutandis, como González en el PSOE. Con parecidos desacuerdos con su partido pero con similar imantación sobre la bases tradicionales de sus formaciones.

Notebook de campaña
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