El 15-M de la ‘generación perdida’ y ¿el fin de la doctrina Parot?

El 15-M de la ‘generación perdida’ y ¿el fin de la doctrina Parot?

Es difícil no mostrar al menos un adarme de simpatía hacia las manifestaciones del 15-M y sus muy ocurrentes y denunciatorias consignas y, en particular, esa

Es difícil no mostrar al menos un adarme de simpatía hacia las manifestaciones del 15-M y sus muy ocurrentes y denunciatorias consignas y, en particular, esa de “poco pan para tanto chorizo”. Es tan imaginativa como algunas de las que se acuñaron en el mayo del 68 en París. Pero, trascendiendo la anécdota, vayamos a la categoría. El movimiento del 15-M por una “democracia real” no debe analizarse con premura porque todavía ha de mostrar todas sus caras y, por desarticuladas que sean ahora, también sus verdaderas intenciones. Parecería que se trata de un movimiento protagonizado por miembros de esa llamada “generación perdida” a que se refería el Fondo Monetario Internacional (FMI) de Dominique Strauss-Kahn, que atraviesa ahora por sus horas más amargas. España, con un paro juvenil de más del 40%, sería el país-recipiente de un sector social con gran potencial explosivo.

La pregunta es la siguiente: ¿Son los manifestantes del 15-M los representantes de esta “generación perdida” o la suplantan con oportunismo?, ¿la “indignación” de la que habla Hessel en “¡Indignaos¡” –libro de pobreza intelectual extrema- ha hecho mella en esos jóvenes o son de los que no necesitan best-sellers de ocasión para movilizarse?, ¿estamos ante un movimiento coyuntural, que aprovecha la campaña electoral o dispone de fundamentos internos sólidos para permear en la sociedad y componer una corriente de opinión pública con impacto en las políticas futuras? Confieso que no tengo respuestas a esas interrogantes, pero la prudencia aconseja no echar en saco roto este incipiente movimiento social. Y no sólo por el fenómeno en sí, sino también por el efecto simpatía que provoca y por la empatía que suscita en un país como el nuestro con 4.910.000 desempleados.

La movilización del 15-M, como otros acontecimientos anteriores (la legalización de Bildu, la EPA, los informes de la OCD y de la UE), deteriora hasta grados impredecibles al Gobierno y al PSOE, por más que hoy Rajoy tenga que hacerse la foto menos deseada: en Valencia y con Camps. Sólo falta que el TC tumbe la doctrina Parot y salgan de la cárcel un par de docenas de sanguinarios etarras. La sentencia está al caer. Y si  se produjese esta semana –cosa no imposible aunque improbable—aquí se iba armar algo peor que la emergencia callejera del 15-M. A muchos se les pondría –se nos pondría—la carne de gallina. Como a Pascual Sala pero al revés.

Las Claves de la Jornada
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