El Camp Nou da la mayoría absoluta a Feijóo

 Lo escribía ayer en La Vanguardia, Enric Juliana: la cuestión catalana favorece al PP en Galicia y modera al PNV en Euskadi. Y me permito añadir:

 

Lo escribía ayer en La Vanguardia, Enric Juliana: la cuestión catalana favorece al PP en Galicia y modera al PNV en Euskadi. Y me permito añadir: una manifestación tan extrañamente unánime de independentismo como la que expresaron los aficionados que ayer acudieron al Camp Nou, confirman el diagnóstico de mi colega y abona la teoría de Rajoy según la cual “votar a Feijóo es defender la unidad de España”. Cuando se produce un rebose de una aspiración político-social como es la independencia de Cataluña, a tal punto que empapa toda expresión de la sociedad catalana (empresarial, cultural, deportiva) sin atisbo de disidencia interna, más o menos crítica, se provoca un efecto-rechazo que beneficiará a los discursos que, desde fuera de allí y acaso algunos ya desde dentro, apuesten por la cohesión española.

Más aún: en la medida en que el presidente de la Generalidad siga haciendo declaraciones en medios internacionales que cuartean la imagen común con perjuicio para todos –salir de la crisis al menor coste posible es una necesidad imperiosa-, la reacción de rechazo al secesionismo catalán se retroalimenta. Como ayer demostraba una encuesta en el diario El País, la mayoría de los españoles no tiene ni fatiga de la relación con los ciudadanos catalanes ni desafección a Cataluña. Pero los porcentajes que así se expresan, han mermado respecto de sondeos anteriores.

En la encuesta del periódico madrileño, la opción preferida en cuanto al modelo territorial (29%) sería la “de un Estado único con un Gobierno central, sin autonomías”, tres puntos por delante de los que siguen optando por el Estado autonómico actual (26%) y diez por encima de los que apostarían por un Estado federal (19%). A las nuevas generaciones no parece impresionarles el regreso a un Estado centralista. Como para reflexionar… mientras la Conferencia de Presidente de la semana pasada aseguraba en su comunicado final que las autonomías formaban parte de la solución y no del problema. No parece que los ciudadanos piensen así.

Jordi Pujol declaró –lo hizo hace apenas tres semanas en Altea—que la “independencia de Cataluña es casi imposible”. Si él lo dice, por algo será. De ahí que se deba imponer en Cataluña una prudencia que se está perdiendo con el clamor patriótico. El presidente de la Generalidad y CiU deberían granjearse márgenes de maniobrabilidad tomando las riendas de un proceso cuyo último capítulo está muy lejos de haber sido redactado. Y alegatos como los del Camp Nou llevan las actitudes, los comportamientos y las palabras más allá de la reversibilidad política, lo cual sitúa la cuestión catalana en un callejón de difícil salida. Rajoy y Feijóo están construyendo el discurso para Galicia y para Euskadi a costa de unas sobreactuaciones catalanas que desconciertan por su ausencia de perspicacia y de prudencia. Y además, empataron.

Las Claves de la Jornada
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