El ‘ala dura’ del PP, con el cuchillo en los dientes ante el 21-O

Tanto o más que Núñez Feijóo en Galicia, se la juega Antonio Basagoiti en el País Vasco. Ambos son hombres de Rajoy, pero el vasco y

Tanto o más que Núñez Feijóo en Galicia, se la juega Antonio Basagoiti en el País Vasco. Ambos son hombres de Rajoy, pero el vasco y su entorno (Barreda, Oyarzabal, Semper) se han hecho con el PP vasco en detrimento de Jaime Mayor Oreja y Carlos Iturgaiz -ambos en el ostracismo europeo- y apoyan la política penitenciaria del Ejecutivo (recuérdese el muy reciente caso Bolinaga) y las correctas relaciones entre Rajoy y Urkullu, después del fracaso -evitable si el PP hubiese suspendido antes el apoyo al PSE- de la gestión de Patxi López en la presidencia del Gobierno vasco.

 

¿Quiénes componen el ala dura del Partido Popular? Los ya citados y algunos más -seguramente el discreto y muy competente Ignacio Astarloa-, entre los que se suele incluir a Esperanza Aguirre. Casi todos ellos se identificaron con María San Gil cuando en mayo de 2008 la entonces presidenta popular en Euskadi se retiró de la redacción de la ponencia política del partido para el Congreso de Valencia aduciendo, entre otras objeciones, que no se fiaba de Rajoy. San Gil ha dejado el PP pero aquellas palabras siguen teniendo eco por su propia gravedad y porque el ala dura procura que no se olviden. Según uno de los actuales líderes del PP vasco, los duros “están con el cuchillo entre los dientes”.

Ni Mayor ni Iturgaiz van a comparecer en la campaña vasca del PP. Al menos no está previsto que lo hagan. Es posible que sí se desplace Esperanza Aguirre. De momento, la ex presidenta de la Comunidad de Madrid asistió al desayuno de presentación en la capital de la candidatura de Basagoiti y lo hizo en compañía de Rajoy. Pero el reto de éste y de sus listas vascas consiste en, al menos, no perder ni uno sólo de los 13 escaños obtenidos en las elecciones de 2009. En los últimos diecinueve años el PP ha registrado resultados muy desiguales: 6 escaños en 1990; 11 en 1994; 16 en 1998; 18 en 2001; 15 en 2005 y 13 en 2009. Los críticos aducen que la mejor marca del PP se produjo con el liderazgo de Mayor Oreja (de 1998 a 2005), superando en dos ocasiones al PSE. Los datos no son objetables en modo alguno. De ahí que, aunque el foco se sitúe claramente en Galicia, los comicios vascos –para bien o para mal- incidirán en la fisura, quizás la única que preocupa, que presenta el PP: el modo en que el Ejecutivo y el partido en el País Vasco encaran el manejo de la política penitenciaria y la efectiva y definitiva extinción de la banda terrorista ETA.

La gran virtud del actual PP vasco es que su dirección está integrada por políticos jóvenes que generacionalmente -la mayoría- no vivió la transición, pero sí el enorme destrozo criminal y moral que ha causado el terrorismo allí. Es decir, tienen recorrido. Y si logran un número de escaños que, sumados a los del PNV, llegasen o superasen los 38 (el Parlamento de Vitoria está integrado por 75), existiría la posibilidad de que los nacionalistas no se echasen en brazos de los socialistas reeditando las coaliciones de los ochenta y los noventa. El PNV evitará que le devore EH-Bildu y necesita un partido bisagra. Y sólo dos pueden cumplir esa función: el PSE y el PP. Los populares en Euskadi deben aspirar a ser estratégicos porque nunca tendrán una chance mayoritaria. Y el carácter estratégico consisten en 1) dominar el territorio alavés y 2) completar, mediante un pacto de legislatura, al partido mayoritario. Porque desde 1980 jamás hubo en Euskadi una formación con mayoría absoluta, es decir, ninguna obtuvo 38 escaños, aunque desde entonces hasta ahora –treinta y dos años- siempre el lehendakari fue nacionalista con el breve paréntesis de López cuyo partido se ha distinguido por constituirse en la muleta del PNV aún en los años más oscuros del abrupto itinerario de los vascos en la democracia. El ala dura del PP ha de tener en cuenta todas estas circunstancias y envainar la daga sean cuales sean los resultados de su partido el 21-0 colaborando lealmente a la autocrítica si necesaria fuera. Que quizás lo vaya a ser.
Las Claves de la Jornada
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