El mejor mitin: Ibex (8.100), prima (370)

Hoy, Mariano Rajoy se presentará ante los electorados vasco y gallego con una prima por debajo de los 400 puntos básicos (claro que los mercados pueden

Hoy, Mariano Rajoy se presentará ante los electorados vasco y gallego con una prima por debajo de los 400 puntos básicos (claro que los mercados pueden encabritarse) y con un Ibex por encima de los 8.000 (sin perjuicio de la volatilidad de ese índice). Es muy posible que cuando el lector encare este post, las cifras del cierre de ayer se hayan alterado incluso sustancialmente. Pero, aunque así fuere, los mercados han podido observar que la resistencia al rescate por parte del presidente del Gobierno no ha sido esta vez táctico como el retraso de los presupuestos en el primer trimestre del año antes de las elecciones andaluzas de marzo. Rajoy merece un elogio: el del hombre que, en el borde mismo del precipicio, resiste la fuerza atractiva del vacío y no se deja llevar por el vértigo. España necesita seguramente un rescate blando, incluso un rescate virtual mediante la posibilidad de echar mano de una línea de crédito en momentos concretos.

Pero el presidente ha hecho bien en no dar pasos en falso. Bastaría que uno sólo de los países de la eurozona se negase a la petición española para que el Ejecutivo español quedase colgado ridículamente de la brocha. La prudencia y la resistencia de Mariano Rajoy han sido, están siendo, encomiables frente a otras dilaciones estériles que le han estigmatizado como indeciso y dubitativo. En estas jornadas ha transmitido cálculo, intención, estrategia. Ya era hora de que pudiésemos elogiar alguna de sus virtudes políticas.

 

Donde el gallego ha estado más convincente ha sido en mostrar a Alemania y a Angela Merkel, en público y en privado, que se han incumplido los acuerdos del consejo europeo del pasado junio y especialmente, el más importante de ellos, que era la unión bancaria. Una unión que establecería una supervisión común que los germanos parecen rechazar porque no desean que nadie levante el velo que cubre las miserias, grandes o pequeñas, de sus cajas municipales abundantemente nutridas de dinero público. En torno a esa queja –justa queja— Rajoy ha trabado complicidades interesantes –Francia, Italia— y conseguido elevar la presión  sobre Berlín. La canciller ha comenzado a notar el aliento de la Europa periférica en su cogote (esa Europa que es uno de los grandes mercados alemanes) gracias, en buena medida, al tesón de un Rajoy que ha aparecido estas últimas semanas más decidido y convincente que nunca antes. Y, no se sabe en qué medida –y hay que reconocerlo por encima de sectarismos—también por un movimiento sindical que desde Bruselas ha lanzado una fuerte señal de alerta. El hecho de que la huelga general sea un recurso de deplorables consecuencias habla mal de la adaptación de los sindicatos en sus medidas de presión tan lesivas para las empresas, los trabajadores y el propio país, pero ese anacronismo sindical no deslegitima el discurso según el cual las sociedades atenazadas por la férrea disciplina del combate exprés del déficit lejos de progresar ahondan su depresión. Por desgracia, la reducción de los desequilibrios a machetazos causa otros de peor recomposición en el futuro.

Una prima de riesgo relativamente controlada en torno a los 400 puntos básicos –ha llegado a alcanzar los 638— y un mercado bursátil más entonado –siempre girando en torno a los 8.000— no sólo son el mejor mitin de Rajoy y del Gobierno ante los electores de Galicia y  Euskadi, sino también, y sobre todo, una constatación de que la economía española no está irremediablemente condenada a helenizarse. Rajoy trata de encontrar el punto, el momento, ese tramo en el tiempo que le sea más favorable para que la solución no sea peor que el remedio. Que todos estos movimientos se hayan producido en los prolegómenos de dos comicios de particular importancia, sin tactismo pedestre y atendiendo a los interés del país, es una válvula de escape para el malestar que estaba atribuyendo al Gobierno un comportamiento sonámbulo ante la situación que atraviesa la sociedad española. Y una tesitura en la que, de nuevo, se explica por qué razón, el PSOE ni está, ni se le espera. Por eso, el mitin –el buen mitin de Rajoy— se corresponde con el griterío de un socialismo en proceso de auto centrifugación. Lo veremos el domingo.
Las Claves de la Jornada
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