Ni Correa lo hubiera montado mejor: una moderadora afín y dos periodistas cumplidores

No era una tarea fácil la de José María Aznar. Me refiero a explicar en directo, y en prime time televisivo, si lideró un partido corrupto,

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    No era una tarea fácil la de José María Aznar. Me refiero a explicar en directo, y en prime time televisivo, si lideró un partido corrupto, si cobró sobresueldos, si sigue siendo amigo de Miguel Blesa o si la trama Gürtel financió el bodorrio de su hija. No era una misión sencilla, insisto, y sin duda por eso el expresidente del Gobierno eligió el escenario más favorable posible: los estudios de Antena 3, con la directora de informativos de la cadena, Gloria Lomana, como entrevistadora y moderadora. Por si estas precauciones fuesen pocas, acompañaron a Lomana dos de los periodistas más disciplinados y cumplidores del momento: Francisco Marhuenda, director de La Razón, y Victoria Prego, directora adjunta de El Mundo. Aznar no tuvo ni que molestarse en escribirles las preguntas…

    El expresidente y su corte estaban deslumbrantes: magníficamente vestidos, inmaculadamente peinados, perfectamente maquillados e impecablemente iluminados. Ni Francisco Correa hubiese podido conseguirles un equipo de luces más adecuado. Focos potentes para aclarar la imagen cada vez más gris de un hombre que esa noche estaba condenado a contestar una pregunta antes que cualquier otra: ¿Pagó la trama Gürtel una parte de la boda de su hija Ana?

    Lomana prefirió arrancar con el posible cobro de sobresueldos como presidente del Gobierno. “Rotundamente, no”, dijo un Aznar que reconoció ser muy meticuloso con sus declaraciones de la renta. Relajado, movió ligeramente el rostro hacia el foco que luchaba por realzarle el ralo y canoso bigote, quizá uno de esos Fresnel de 300 vatios utilizados para simular la luz solar, y sentenció: “Los únicos sobres que yo he conocido eran los sobres reservados que entraban en Moncloa hasta que llegué yo a esa casa. No he conocido más sobres”.

    “Usted era el presidente del partido; o no se enteraba de nada o alguien le ha engañado”, dijo Lomana jugándose su futuro. Para compensar, afirmó que su invitado “promovió el milagro económico del 96”. Victoria Prego puso cara de periodista incisiva y le preguntó si el Partido Popular se ha financiado irregularmente. Respuesta evasiva: “No he tenido ningún conocimiento en ningún momento”.

    El ego inundó a partir de entonces el discurso de Aznar, que estaba esperando desde el comienzo de la entrevista una pregunta, LA pregunta: ¿Se plantearía volver a la política? “Nunca he rehuido mi responsabilidad conmigo, con mi partido y con mi país”“Hay una obsesión contra usted…”, se lamentó un Marhuenda que, temblando ante la presencia de su ídolo, se refería a los regalos de la boda de Ana Aznar y Alejandro Agag. “Parece bastante normal que un invitado a una boda haga regalos”, respondió el padre de la novia. “En ese momento ese invitado era un invitado personal. ¿Cómo se puede decir que son regalos de una trama criminal? El Grupo Prisa y su animadversión, por no decir odio… Lo dice un medio en casi bancarrota, que ha vendido su cadena Cuatro a una persona, Berlusconi, procesada y condenada… Yo creé cinco millones de puestos de trabajo… Pinchan en hueso. Lo que más me preocupa es que ese grupo pueda llegar a ser insolvente y no pueda llegar a pagar”.

    Marhuenda sonreía con delectación. Como periodista, bien podría haber recordado a Aznar que el procesado y condenado Berlusconi también estuvo en la boda de su hija, pero prefirió no molestar a un político que se estaba viniendo claramente arriba: ¿Blesa? “Una persona capaz y competente… a la que no he visto hayan acusado de ningún delito”.

    “Y a todo esto, ¿qué piensa usted de Rajoy?”. Cuentan que el presidente que comparece en plasma tenía la mosca detrás de la oreja con esta entrevista. Un visionario. Lomana preguntó a Aznar por los posibles errores de Rajoy. Y Aznar, que evitó nombrar al actual presidente, lanzó su mitin: “Lo que necesita España es…”. Marhuenda, exjefe de gabinete de Mariano Rajoy, no pudo evitar volver a preguntar por la relación entre ambos políticos. “Primero, del mayor respeto y la mayor consideración. En segundo lugar, deseo que tenga éxito. En tercer lugar, las relaciones entre nosotros las marca el presidente… La última vez que tuvimos una conversación larga fue hace no mucho, y fue la única desde que es presidente del Gobierno”.

    Aznar se estaba calentando. Lomana creyó que era el momento oportuno para formular la cuestión más popular entre los cibernautas: “¿Volvería a designar a Rajoy?”. “Es una pregunta que ahora no tiene ninguna utilidad”, respondió Aznar. Y pasó a hablar de su “ambición personal limitada”. El ego, ese ejercicio diligente y a veces eficaz de ignorancia entendida como autoridad del que hablaba Norman Mailer, inundó a partir de entonces el discurso de Aznar. De un Aznar que estaba esperando desde el comienzo de la entrevista una pregunta, LA pregunta: ¿Se plantearía volver a la política? “Nunca he rehuido mi responsabilidad conmigo, con mi partido y con mi país”.

    ¿El retorno?

    En Antena 3 habían anunciado una entrevista con Aznar, con lo que quisieron relacionar el evento promocional con el periodismo. Treinta y cinco minutos después, apenas parecía un simulacro de ambas cosas. Hubo algo de representación teatral, de ejercicio de contorsionismo político, e incluso de pantomima desinformativa. Periodismo, poco: habíamos visto un espacio publicitario, quien sabe si el primer mitin de la campaña electoral de un candidato a la presidencia del Gobierno llamado José María Aznar.

    A Quemarropa
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