¿Obligará Europa a Rajoy a cerrar RTVE?

Los trabajadores de TVE llevan días observando con preocupación el proceso de desmantelamiento de la televisión pública griega, ERT, cadena que se fue definitivamente a negro

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Los trabajadores de TVE llevan días observando con preocupación el proceso de desmantelamiento de la televisión pública griega, ERT, cadena que se fue definitivamente a negro la noche del pasado martes. Los ciudadanos españoles también deberíamos tener la mosca detrás de la oreja: las televisiones públicas son excelentes indicadores de la salud democrática de un país. Cuestión de servicio público. Europa asegura no haber presionado a Grecia en este sentido, pero avala la decisión de cierre y sugiere la posibilidad de una alternativa “financieramente sostenible”. Amparándose en la crisis, y esgrimiendo razones de austeridad, el Gobierno griego ha cruzado una línea roja y le ha dado una magnífica idea al Gobierno español: ¡se puede!

¿Podría Rajoy cerrar RTVE? Le hacen la pregunta a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría, que responde un “no rotundo”. Quizá tan rotundo como cuando prometió que “las pensiones se ajustarán a la subida de la vida”. La troika exige despidos masivos de funcionarios, y con el cierre de la televisión griega, la primera radiotelevisión pública que desaparece en Europa, se van a la calle 2.656 empleados. TVE cuenta con 6.517 trabajadores. Y en 2012 su déficit superó los 120 millones de euros. Pero el verdadero agujero está en los canales autonómicos, que arrastran una deuda de 1.600 millones, el 92,7% de la cual pertenece a Telemadrid y Canal 9.

Una televisión pública sólo es imprescindible cuando está gestionada con rigor y cumple una función de servicio público. Me temo que nuestros políticos no están programados para realizar este trabajo: en su ADN está manipular, utilizar los medios de comunicación en su favorDespués de ver durante algunas horas TVE, o Telemadrid, Canal Sur o Canal 9, es posible que muchos ciudadanos piensen que no sería mala idea cerrar las televisiones públicas. Algunos incluso sugerirán la posibilidad de dinamitarlas. Se ahorraría mucho dinero, y se acabaría con una manipulación informativa en la mayoría de los casos sonrojante. No es este un mal análisis, pero yo me atrevería a añadir algo de leña: incluso el entretenimiento que proponen es, generalmente, de ínfima calidad.

Una televisión pública sólo es imprescindible cuando está gestionada con rigor y cumple una función de servicio público. Me temo que nuestros políticos no están programados para realizar este trabajo: en su ADN está manipular, utilizar los medios de comunicación en su favor. Agua y aceite, eso son los políticos españoles y la información en libertad. Y si no me cree, ahí tiene a Rajoy, el presidente que huye de los periodistas.

Así las cosas, y teniendo en cuenta que cada vez hay más españoles que sólo se informan a través de la televisión, cerremos las cadenas públicas y confiemos el grueso de la comunicación audiovisual a Lara y a Berlusconi. Los capos de la televisión privada en España obtuvieron el pasado mes de mayo, de manera conjunta, el 57,3 % de la audiencia total. Recuerde que el primero es el dueño de Atresmedia (Antena 3 y La Sexta), y el segundo, de Mediaset (Telecinco y Cuatro). Estaríamos en buenas manos, ¿verdad?

En tan buenas manos que nuestro Gobierno se podría permitir el lujo de renunciar a un instrumento de manipulación de la categoría y el calibre de la actual RTVE. Nadie cuidará mejor los intereses del Partido Popular que dos empresarios de la solvencia, la credibilidad y la independencia de Lara y Berlusconi. ¿Cerrar RTVE? Se puede, claro que se puede… Pero entonces deberíamos dejar de hablar de democracia.

A Quemarropa
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