ZP, del acorralamiento al cierre de filas

En cuestión de días hemos pasado de una bien documentada sensación de cerco a un defensivo Rodríguez Zapatero al cierre de filas en torno al “capitán”

En cuestión de días hemos pasado de una bien documentada sensación de cerco a un defensivo Rodríguez Zapatero al cierre de filas en torno al “capitán” en plena tormenta (copyright Marcelino Iglesias). Pero ahora resulta que el bajón se debía a un ajuste de cuentas. Algo de eso nos maliciábamos desde que el Gobierno dio luz verde a la TDT en contra de los intereses del “poderoso” grupo Prisa. “El PSOE aplaude a Zapatero por decir no a los poderosos”, titulaba ayer El Mundo, nada sospechoso de afinidad al zapaterismo. Sin embargo es capaz de acudir en su ayuda si se trata de acabar con el cebrianismo. Los enemigos comunes hacen extraños compañeros de cama.

 

Quién nos iba a decir que algún día encontraríamos esta perla dedicada al presidente Zapatero en un editorial del periódico de Pedro J.: “Tiene gracia que se le reproche enquistamiento y falta de transparencia a un gobernante que ha dado entrevistas a todos los medios de comunicación de algún relieve, no ha tomado represalias con ninguno y ha cedido buena parte del obsesivo control sobre la televisión pública” (A propósito de ciertos comentarios de Rodríguez Ibarra, ex presidente extremeño, publicados en El País para acreditar las tesis de este periódico sobre el desconcierto en las filas del PSOE).

 

Lo que quiero decir es que en esta comedia, cuyas últimas escenas se representaron este sábado en el Comité Federal del PSOE, los actores pertenecen al gremio periodístico. No al político. Mala noticia para Rajoy, harto de zarandear a Zapatero con argumentos similares a los utilizados desde la primera página de El País sin conseguir la misma onda expansiva.

 

En el PP deberían preguntarse por qué Zapatero se tambalea, o por qué se instala esa sensación, si el empujón se lo da Juan Luis Cebrián y no ocurre nada cuando se lo da Rajoy. Ni cuando se lo dan otros, claro, porque lo del piloto borracho, los palos de ciego, la improvisación, la descoordinación, los cambios de criterio, etc., ya venían siendo un lugar común en múltiples discursos políticos y periodísticos, no sólo el del PP o medios afines.

 

La equívoca gestión de la crisis económica o la mala política de comunicación del Gobierno no son un súbito descubrimiento de los medios del grupo Prisa. Sin embargo, este poder fáctico de la Democracia alumbrada en 1978, en pleno ataque de contrariedad por un reciente desaire, desplegó la artillería pesada contra Zapatero y otros acudieron al olor de la sangre.

 

El desenlace no ha podido ser más rentable para el presidente del Gobierno, hasta ahora a la defensiva. La animadversión de talla única contra el grupo Prisa le ha servido para salir del cerco y reafirmarse en el guión oficial. La doble barandilla: reanimar la economía y proteger a los más débiles. Las dos cosas al tiempo. Podía haber optado solo por la reanimación económica sin subir impuestos, en la ortodoxia liberal. Ha preferido afrontar la protección social como condición sine qua non para salir de la crisis sin dejar a nadie en la cuneta.

 

Tal vez el desvío hacia la protección de algunos recursos que podía haber dedicado a la reanimación del sistema productivo nos hagan salir de la crisis más tarde y con más déficit público que otros países. Pero los más débiles, totalmente ajenos a las causas de la crisis, no se quedarán tirados. Es su apuesta. Bien coherente con su ideario político. Y el de los doscientos dirigentes apiñados a él en la reunión del sábado ¿A quién puede sorprender que se expresaran a la búlgara en el Comité Federal?

Al Grano
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