"Lo siento, me equivoqué": ¿sólo el Rey pide perdón?

Como primer valedor de la marca España don Juan Carlos de Borbón tira del carro en Brasil y Chile. Más de 20.000 kilómetros en cuatro días.

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    Como primer valedor de la marca España don Juan Carlos de Borbón tira del carro en Brasil y Chile. Más de 20.000 kilómetros en cuatro días. Sumados a sus 45 minutos a pie firme en Valladolid (Día de las Fuerzas Armadas), convierten en éxito de crítica y público la reaparición oficial del Rey. Cuarenta días después de cruzarse en la senda de los elefantes y romperse la cadera en Botsuana, es un momento oportuno de evocar su comentadísimo acto de contrición.

    Hagamos memoria. Todo un jefe de Estado consciente de haber transgredido los principios de ejemplaridad, transparencia y austeridad que pidió disculpas, salió ganando y no se le cayeron los anillos. En palabras muy sencillas y totalmente deshabitadas del protocolo o la solemnidad propios de la realeza. “Lo siento, me he equivocado, no se volverá a repetir”, dijo en la plaza pública de aquella manera, la suya. Los ciudadanos aplaudieron el gesto. Cumple recordarlo por si tenemos la suerte de que le salgan imitadores. No estaría mal, pensando en personajes públicos que por distintas razones desmerecen la altura de su rango. A partir del propio yerno, Iñaki Urdangarín, cuya acreditada afición a redondear con dinero público su patrimonio privado escandaliza a los españoles y erosiona la imagen de la Corona. Aunque en la misma Casa del Rey se calificó su conducta de “poco ejemplar”, hasta ahora no ha pedido disculpas.

    Cumple recordar las disculpas del Rey por si tenemos la suerte de que le salgan imitadores. No estaría mal, pensando en personajes públicos que por distintas razones desmerecen la altura de su rango. A partir del propio yerno, cuya acreditada afición a redondear con dinero público su patrimonio privado escandaliza a los españoles

    En el retablo de personajes tan poco ejemplares como el susodicho figura por méritos propios el presidente del CGPJ (Consejo General del Poder Judicial) y del Tribunal Supremo, Carlos Dívar. Este adorador nocturno y apasionado de Tierra Santa, como reza en su biografía, apela a su conciencia al declarar “reservados” los motivos oficiales de sus gastos en Marbella. No parece que la transparencia y la austeridad exigibles a un servidor público sean su primera norma de conducta.

    De rabiosa actualidad están, asimismo, aquellos jerarcas de la banca española cuya gestión ha sido una inagotable fuente de desgracias. No solo para los accionistas sino para todos los contribuyentes, como queda claro en el expediente nacionalizador de Bankia, que es el caso más emblemático. ¿Cómo pueden salir unas cuentas con beneficios de 300 millones de euros que en cuestión de días se convierten en un agujero de 3.000? Los nombres de Rodrigo Rato (Cajamadrid) y José Luis Olivas (Bancaja) quedan asociados al escándalo. Incluso el de Miguel Ángel Fernández Ordóñez, cuya labor supervisora al frente del Banco de España resultó manifiestamente mejorable.

    No estaría nada mal que todos y por su orden le dijeran a los españoles: “Lo siento, me he equivocado, no volverá a ocurrir”. A saber: reconocimiento de los errores cometidos, disgusto por los perjuicios ocasionados a terceros y firme propósito de la enmienda. Si lo hizo el Jefe del Estado ¿por qué no lo iban a hacer ellos?

    Al Grano
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