Foto de familia en Durango
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Antonio Casado

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Foto de familia en Durango

Muy mal nos habremos portado los españoles cuando los Reyes Magos nos dejan esa siniestra foto de familia sobre la cumbre de criminales celebrada este fin

Muy mal nos habremos portado los españoles cuando los Reyes Magos nos dejan esa siniestra foto de familia sobre la cumbre de criminales celebrada este fin de semana en Durango (Vizcaya). Una dolorosa dosis de recuerdo en forma de postal amarillenta de la que se han borrado cuidadosamente las manchas de sangre de los 300 asesinatos cometidos por estas viejas glorias vecinales de la patria vasca. Malditos sean.

El historial cosido a las biografías de semejantes individuos hace inevitable sentir un escalofrío al oírles ofrecer su “experiencia” y sus “vivencias” como singular aportación a la causa política de una Euskadi grande y libre. ¿De qué vivencias hablan quienes no se arrepienten en absoluto de haberse expresado políticamente a base de coches bomba y tiros en la nuca? Ni se arrepienten, ni entregan las armas, ni se disuelven como organización armada, pero no dejan de sentirse víctimas del terror estatal y exigir la amnistía por los crímenes cometidos.

Los sesenta y tantos juguetes rotos del “conflicto”, moralmente podridos y legalmente excarcelados, cuentan con el beneficio de la duda que el Estado de Derecho otorga incluso a quienes aspiran a reventarlo

Sólo la voz de un periodista se alzó para preguntar si se les había pasado por la cabeza pedir perdón. El colega, Cake Minuesa, fue expulsado de la sala por los gudaris de la libertad y el resto de los periodistas asistentes al acto, que se sepa, hizo como si no hubiera pasado nada. Esta vez no funcionó el corporativismo profesional (no me atrevo a denominarlo solidaridad).

Los sesenta y tantos juguetes rotos del “conflicto”, moralmente podridos y legalmente excarcelados, cuentan con el beneficio de la duda que el Estado de Derecho otorga incluso a quienes aspiran a reventarlo. Primero con la sentencia de Estrasburgo contra el carácter retroactivo de la llamada doctrina Parot y luego con la negativa del juez Pedraz a prohibir la orla de los compañeros de carrera en el antiguo matadero de Durango.

En nombre de la ley, el vuelo de la toga no marcó el paso de las víctimas del terrorismo, que han vuelto a sentirse humilladas por la “repugnante” escenificación (ministro Fernández Díaz dixit), protagonizada por los etarras más sanguinarios. No hubo prohibición judicial del acto. Según la doctrina del Tribunal Supremo en la que se inspiró Pedraz, porque el enaltecimiento del terrorismo (artículo 578 del Código Penal) es un concepto demasiado “evanescente y vaporoso” como causa de prohibición de un acto público con carácter preventivo.

(Esto es lo que hay. El debido respeto a las decisiones judiciales y la convicción de que el imperio de la ley no debe subordinarse a las emociones me impide entrar en el juego de quienes acusan al Gobierno y los jueces de favorecer la impunidad de los etarras y la humillación a las víctimas. Lo cual no deroga el derecho a expresar el malestar físico que a uno le produce el descaro con el que unos criminales siguen asimilando su paso por la cárcel con “la lucha por la libertad política y social de nuestro pueblo”. Nunca hasta el punto de compartir posiciones como la de Rosa Díez, líder de UPyD, quien, mirando a la Justicia, declaraba este sábado que consentir este tipo de actos supone “indultar a los criminales y amnistiar toda su historia”).

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