¿Un PP fuerte y unido?

No es todo tan de color de rosa como lo pintaron los dirigentes del PP cuando Rajoy mete en el partido a Rubalcaba y le ofrece

No es todo tan de color de rosa como lo pintaron los dirigentes del PP cuando Rajoy mete en el partido a Rubalcaba y le ofrece un turno de réplica en redes sociales y medios de comunicación. Podía haberlo evitado, como suele hacer un líder que se siente seguro respecto a su adversario político. Pero no. Estuvo durísimo y eso nos pone en la pista. “O te callas o reconoces el mérito de la gente”, tronó ayer el presidente del Gobierno en la clausura de la Convención Nacional del PP. “Hable usted y no mande callar a los demás”, respondió sin perder un minuto el líder del PSOE, reclamando del presidente las explicaciones pendientes sobre el caso Gürtel y “sus relaciones con Luis Bárcenas, el que fuera su hombre de confianza y hoy está en prisión”.

Rubalcaba procesa las intenciones de Rajoy (“Siempre me ataca cuando está con el agua al cuello”) y abunda en su relato sobre las víctimas de la presunta superación de la crisis: “Pensionistas que pierden poder adquisitivo, estudiantes que pierden la beca, enfermos obligados a pagar las medicinas, emigrantes a los que se les quiere quitar la tarjeta sanitaria, mujeres a las que se quiere cercenar su libertad de ser madres”. Nada que no pueda someterse al mismo patrón de conducta política aplicado por el PP cuando los papeles estaban cambiados.

El cónclave del fin de semana en Valladolid despacha la cuidada imagen de un partido “fuerte y unido”. ¿Lo es? Salvo algunas cosas, diría Rajoy, aunque esta vez no lo dijo. Ni la frase ni las cosas que se apartan de la buena dirección. Sin ir más lejos, las discrepancias internas sobre el aborto según Gallardón, que resonaron en los pasillos del auditorio Miguel Delibes, donde el presidente apeló al ineludible compromiso electoral de la reforma fiscal pero no dedicó ni media palabra al invocado por Gallardón sobre la interrupción del embarazo.

Está por ver si el subidón acumulado con las jaculatorias del fin de semana sirve para tapar los agujeros que se han ido detectando en la causa electoral del PPNo es el único síntoma de dispersión interna. Otro es el de las relaciones del Gobierno y el PP con las organizaciones de víctimas del terrorismo fieles a las doctrinas del  presidente refundador, José María Aznar, y el exministro del Interior, Jaime Mayor Oreja –grandes ausentes en la cita de Valladolid–, sobre la presunta desidia del Gobierno frente a ETA y sus amigos. Y, de momento larvado, sigue vivo el debate interno respecto a la financiación autonómica. Enfrenta a ciertos barones regionales con el Gobierno y a estos entre sí. Por no aludir a la ostensible falta de sintonía de la número dos del partido, Dolores de Cospedal, a doble banda: con la vicepresidenta Santamaría y con el vicesecretario general, Javier Arenas.

Está por ver si el subidón acumulado con las jaculatorias del fin de semana sirve para tapar los agujeros que se han ido detectando en la causa electoral del PP. El primero en Madrid, tanto en la Comunidad como en la Alcaldía, aunque peor en la primera, especialmente después de la fracasada externalización de la sanidad pública. El segundo en Valencia, la otra comunidad emblemática que el PP puede perder en las autonómicas del año que viene. El tercero, en Cataluña, donde ya hay líder pero no hay partido. Y el cuarto en Andalucía, donde ya hay partido pero no hay líder.

Ayer Rajoy se mostró convencido de que el PP ganará las elecciones europeas. Tal vez, pero con un nivel de voto muy por debajo del obtenido en de 2011. Puedo asegurarles que su dirección maneja encuestas según las cuales de los casi 11 millones de votos que obtuvo en aquellas elecciones generales, se dejaría en el camino de estos dos últimos años hasta tres millones. Esta es la cuenta: dos millones y medio declaran que no irán a votar, medio millón se inclina hacia UPyD y 200.000 hacia el PSOE.

Al Grano
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