El grito de Cáritas
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Antonio Casado

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El grito de Cáritas

Nadie mejor que la Defensora del Pueblo, Soledad Becerril, para ponerse al lado de Cáritas frente a la imprudente reacción del titular de Hacienda, Cristobal Montoro.

Nadie mejor que la defensora del pueblo, Soledad Becerril, para ponerse al lado de Cáritas frente a la imprudente reacción del titular de Hacienda, Cristobal Montoro. Sin exagerar la discrepancia. Sólo a medias mostró ayer en la radio su desacuerdo con el ministro sobre el avance de la pobreza en España. “Las cifras no reflejan la realidad”, había dicho Montoro en rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros del viernes pasado. “La realidad no es tan mala”, matiza Becerril con el pensamiento puesto en las ayudas públicas y privadas que se destinan al voluntariado social.

En el fondo, el mismo mensaje, destinado a mantener viva la llama de la fe en una inminente salida de la crisis. Como si Cáritas Europa, qué disparate, quisiera amargarle la fiesta al Gobierno. Así sonaron las declaraciones de un ministro a la defensiva cuando en Moncloa cayó la gota fría: los niños españoles son los más pobres de Europa, después de los de Rumanía. Datos parecidos a los oficiales de Eurostat, que sitúa en el 29,9 % el índice de pobreza infantil en nuestro país, muy por encima de la media europea (21%).

Que pueda verse como un inevitable daño de la crisis económica no exime a los poderes públicos de llevar a cabo políticas activas y pasivas de cohesión social

Nada más lejos de las intenciones de tan benemérita organización, vinculada a la Iglesia católica, que sacarle los colores a un Gobierno con aversión al rojo. Uno de sus dirigentes, Francisco Lorenzo, coordinador del equipo de estudios, tuvo el arresto de insinuar que en política todo es cuestión de prioridades. Y por eso recordó que con la mitad del dinero público que acudirá al rescate de las autopistas se podría acudir al rescate de las 700.000 familias españolas sin ningún tipo de ingresos.

Y en ese punto es donde Montoro cometió la torpeza de rebatir los datos con una obviedad: “Lo único que sirve para erradicar la pobreza es el crecimiento y el empleo”. Amén, ministro, ahí está la respuesta: la pobreza como consecuencia del paro y la recesión económica. Pero, mientras tanto, el Gobierno no puede ni debe cruzarse de brazos ante los crecientes índices de pobreza y el aumento de las colas en los llamados comedores sociales. Que pueda verse como un inevitable daño de la crisis económica no exime a los poderes públicos de llevar a cabo políticas activas y pasivas de cohesión social. Y apoyar, en su caso, las iniciativas de organizaciones que, como Cáritas, brotan en la sociedad civil no en nombre de tal o cual ideología política, sino a la luz de la Declaración de los Derechos Humanos.

No es la primera vez que, ante las cifras de sus informes habituales, remueve conciencias y pone en evidencia al poder. Pero probablemente sí es la primera vez que un Gobierno (al menos un ministro, precisamente el responsable de los dineros) se da por aludido y se toma un turno de réplica. Se lo podía haber ahorrado Montoro, como tantas veces se lo ahorraron los Gobiernos de Felipe González, cuando el único que aireaba los famosos “ocho millones de pobres” de Cáritas era el inolvidable líder de Comisiones Obreras, Marcelino Camacho.

Cristóbal Montoro Cáritas