Cataluña: cumplir la ley o reformarla

En vísperas del encuentro del presidente del Gobierno de la Nación, Mariano Rajoy, con el de la Generalitat, Artur Mas, la llamada sociedad civil ha puesto

En vísperas del encuentro del presidente del Gobierno de la Nación, Mariano Rajoy, con el de la Generalitat, Artur Mas, la llamada sociedad civil ha puesto en circulación dos manifiestos diferentes sobre el encaje de Cataluña en España, en respuesta al concurso de ideas convocado de tanto en tanto desde la crisis de identidad nacional que sobrevino a la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898. Uno nos remite al cumplimiento de la ley como blindaje frente a la arbitrariedad. Nos invita a superar la apatía y denunciar las eventuales tentaciones de trapichear con la Constitución por debajo de la mesa. La ley está en peligro, ciudadanos, acudid a salvarla, piden en plan Andrés Torrejón los firmantes del documento “Libres e Iguales”, presentado el martes de la semana pasada ante los leones de las Cortes.

El otro nos remite a la reforma de la ley vigente. Por la reforma a la desactivación de quienes sueñan con una Cataluña como unidad de destino en lo universal. “Por una España federal en una Europa federal” es el pronunciamiento de los firmantes. Proponen una reforma constitucional que implante el federalismo antes de que los “retos independentistas” rompan el Estado de las autonomías instituido en 1978. Y nos invitan a ser “sensatos a la vez que audaces” en la tarea de hacer una España federal antes de que Europa también se haga.

La llamada sociedad civil ha puesto en circulación dos manifiestos diferentes sobre el encaje de Cataluña en España. Uno nos remite al cumplimiento de la ley como blindaje frente a la arbitrariedad y el otro, a la reforma de la ley vigente

Lo dicho. Ambos manifiestos se reclaman de la condición básica de ciudadanos “preocupados por el futuro de nuestro país”, dicen los federalistas, y “radicalmente comprometidos con los principios constitucionales de la libertad y la igualdad”, dicen los otros. Inútil e innecesario esfuerzo en despolitizar iniciativas de naturaleza eminentemente política. No tiene nada de malo. Más bien al contrario, si nos creemos el mantra de la democracia participativa. La letra y el espíritu de los respectivos documentos transcriben las posiciones de los dos pilares de la centralidad, derecho y e izquierdo. El que está en el poder (PP) apuesta por el cumplimiento de la Constitución y el que aspira a estar (PSOE), por reformarla. Eso nos remite a un problema superpuesto al reto segregacionista y tal vez de más apremiante solución. Me refiero a la falta de respuesta única de las fuerzas centrales del sistema al reto del nacionalismo periférico.

Por eso creo que tiene más calado el paso de Pedro Sánchez por Moncloa, la semana que viene, después de la investidura del nuevo secretario general del PSOE en el congreso extraordinario de este fin de semana, que el inminente encuentro de Artur Mas con Mariano Rajoy. De este, no cabe esperar novedades. Sería una sorpresa desagradable que Rajoy se apease de su posición: cumplimiento de la ley, como reclama uno de los manifiestos, pero sería una sorpresa agradable que se abriese a una eventual reforma de la misma, aunque no sea de hoy para mañana, a fin de fortalecer el asediado “bloque constitucional”.

Que una eventual reforma de la Constitución se hiciese o no en clave federal, como reclama el otro manifiesto, el que repica básicamente los contenidos de la llamada Declaración de Granada (PSOE), defendidos este fin de semana por Pedro Sánchez en Barcelona, ya es otro cantar.

Al Grano
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