¡Vaya cuajo el de Artur Mas!

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, hijo de quien fuera en vida administrador de la fortuna de la familia Pujol, insistió este martes en el

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas. (Reuters)

El presidente de la Generalitat, Artur Mas, hijo de quien fuera en vida administrador de la fortuna de la familia Pujol, insistió este martes en el carácter privado del escándalo que cubre de fango al “padre político”. “Hace falta tener cuajo para decir eso”, exclamaba ayer en la radio el exministro socialista, Josep Borrell. Y tiene razón. Si no era asunto privado cuando el expresident usaba a Cataluña como burladero de su tramposa conducta tampoco debe serlo al saberse que también la usó como caja registradora. Se supone, entonces, que la “compasión” que Mas siente ahora por el personaje caído, también debe tener carácter privado.

Pero más cuajo hace falta para descubrir ahora -nunca lo hubiera dicho cinco minutos antes de su encuentro del viernes pasado con Pujol-, que Cataluña y su presunta aspiración soberanista están por encima y tienen vida propia, al margen de las “debilidades” y los “errores” achacables a quien tantos servicios ha prestado a su patria ("Y a su patrimonio", añadiría maliciosamente el flamante líder socialista, Pedro Sánchez). Los sigue prestando, según el sucesor, como se habría demostrado con su renuncia a los puestos que ostentaba en su partido y a los honores que le correspondían como expresidente de la Generalitat.

Hace falta tener cuajo para remitir la previsible comparecencia parlamentaria de Jordi Pujol a una decisión personal de éste y no a una clamorosa demanda de los catalanes y sus representantes políticos

Así entendió ayer Artur Mas la buena disposición de Pujol a dar “facilidades” y minimizar los daños a la causa de la Cataluña una, grande y libre, cuya hoja de ruta tiene prevista hoy una escala técnica en el Palacio de la Moncloa. Ni media palabra dijo sobre su encuentro con el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Simplemente decretó el silencio preventivo nada más comenzar la rueda de prensa, dedicada exclusivamente al harakiri de molt poc honorable expresidente de la Generalitat.

Tampoco hacía falta que repicara el cansino argumentario de su propuesta fragmentadora, más allá de trazar una higiénica frontera respecto a las trapacerías de la familia Pujol. El discurso de Mas no va a cambiar. Tampoco el de Rajoy, por cierto. Y en cuanto al intento de marcar distancias respecto a la conducta del fundador, es absolutamente inútil. ¿Por qué? Porque los efectos son los de una bomba de racimo, al tratarse de un personaje genética y biográficamente inseparable del catalanismo.

Por todas esas razones, también hace falta tener cuajo para remitir la previsible comparecencia parlamentaria de Jordi Pujol a una decisión personal de éste y no a una clamorosa demanda de los catalanes y sus representantes políticos. ¿De todos? No, de todos menos los de CiU, donde reinan el creador y la criatura (Pujol y Mas), que no han firmado la petición presentada por el resto de los grupos parlamentarios, con mayoría suficiente para aprobarse el jueves en junta de portavoces, a fin de que el santo padre del catalanismo explique  por qué ocultó sus millones durante 34 años, de dónde iba saliendo ese dinero y, sobre todo, por qué confundió “patria” con “patrimonio”.

Al Grano
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