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Recortes salariales: un mal negocio
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Antonio Casado

Al Grano

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Recortes salariales: un mal negocio

Lo urgente (Cataluña) nos distrae de lo importante (la vida diaria de los españoles). De ahí el discreto paso del último informe de la OCDE sobre

Lo urgente (Cataluña) nos distrae de lo importante (la vida diaria de los españoles). De ahí el discreto paso del último informe de la OCDE sobre el empleo por los circuitos de la actualidad. Por mí, que no quede:

Ya sabíamos que la competitividad de nuestra economía se basaba en salarios bajos y empleos precarios. Al Gobierno no le parece mal, pues así puede decir Luis de Guindos que “España ya no es una rémora para Europa”. Gracias a la devaluación salarial y la precariedad en el empleo, Moncloa ha podido armar su discurso de la España que sobrevivió a la bancarrota, salió de la recesión, desinfló la prima de riesgo, bajó el déficit público, mejoró la balanza de pagos, recuperó la confianza de los mercados y vio disminuir la cola de los parados que quieren trabajar (olvidemos agosto, por si es un paréntesis estacional).

Vale. Pero la devaluación de los salarios también sirve para hacer cada vez más largas las colas ante los comedores sociales y, según pone ahora negro sobre blanco la OCDE, también para frenar el crecimiento de la economía. Aunque eso también lo sabíamos, el argumento desaparecía en el relato autocomplaciente de un Gobierno que celebra un día sí y otro también la salida de la crisis económica sin reparar demasiado en la crisis social. Porque es evidente que del modelo anticrisis del Gobierno Rajoy está resultando una España más competitiva desde el punto de vista económico pero más injusta desde el punto de vista social. Detrás de la devaluación salarial está el deterioro de las condiciones de trabajo, así como el aumento de la pobreza y el número de familias en riesgo de exclusión.

La OCDE nos dice ahora que hasta aquí hemos llegado en España con los recortes salariales. Stop, no sigan ustedes por ese camino, nos recomiendan, porque rebajar salarios ya no sirve para mejorar la productividad y la competitividad, pues tiende a reducir la demanda interna. O sea, nos explica la relación entre devaluación salarial y consumo. Lógico. Si no hay dinero en los bolsillos de los trabajadores, que son inmensa mayoría, no hay consumo. Y si se resiente el consumo porque los salarios bajan, del mismo modo que no se resiente la inversión si el crédito no fluye, los motores de la economía se paran.

De modo que cargar los sacrificios sobre los de siempre, los trabajadores, es tan injusto como siempre pero ahora resulta que además es un mal negocio para la salud de la economía nacional. Nos viene a dar la razón a quienes, a diferencia del Gobierno, creemos que el empleo escaso, precario y mal pagado –es lo que hay– no da para echar las campanas al vuelo. Y además es un jarro de agua fría a quienes tienden a cerrar el debate con el argumento falaz de que para el parado siempre será mucho mejor un puesto de trabajo precario y mal pagado que ningún puesto de trabajo.

A lo que íbamos. Lo dice el último informe de la OCDE sobre el empleo (“Perspectivas de Empleo”): si bien la devaluación salarial ha mejorado la productividad y la competitividad exterior, los recortes salariales ya han empezado a ser contraproducentes. Una valoración técnica con beneficiosos efectos sociales, siempre que Mariano Rajoy y Luis de Guindos tomen nota. Si no hacen caso a los sindicatos y a los partidos de izquierda, al menos que hagan caso a la OCDE, donde España figura como uno de los países de mayores rebajas salariales entre 2009 y 2013. Mire usted por dónde va a tener coartada mi amigo Rodríguez Braun para renovar su fe ciega en el mercado, incluso como dique contra la explotación de los asalariados, a pesar del Gobierno.

Lo urgente (Cataluña) nos distrae de lo importante (la vida diaria de los españoles). De ahí el discreto paso del último informe de la OCDE sobre el empleo por los circuitos de la actualidad. Por mí, que no quede:

Salarios de los españoles