Mas y Junqueras vuelven a la carga

Ambos quieren declarar la independencia de Cataluña si juntos ganan las elecciones del 27 de septiembre. Diga lo que diga el Constitucional o las leyes. Digan lo que digan… los demás

Foto: Artur Mas y Oriol Junqueras (Reuters)
Artur Mas y Oriol Junqueras (Reuters)

Artur Mas y Oriol Junqueras –¡cuánto daño están haciendo ustedes!– se han puesto de acuerdo para declarar la independencia de Cataluña dentro de año y medio si juntos ganan antes las elecciones dizque “plebiscitarias” del 27 de septiembre. Al margen del orden jurídico que es la fuente del poder democrático de la Generalitat. Diga lo que diga el Tribunal Constitucional. Digan lo que digan las leyes. Digan lo que digan… los demás, como en la canción de Raphael.

Definitivamente, el asunto ha salido del reino de la política para entrar en el de la psiquiatría. Ahí estamos. Una nueva entrega de la quimera segregacionista sobre la frustración mal curada de la anterior (el estéril 9-N, aquel remedo de consulta que acabó en los tribunales cinco minutos después). Con los mismos actores en los papeles principales: una mente averiada con tendencia a empeorar, la de un president que mueve obsesivamente el árbol, y un listo que se pasa de listo a la espera de quedarse con las nueces, el líder de ERC.

Todo ello en base a la última manufactura verbal de los herederos de Jordi Pujol, el padre fundador en el papel de juguete roto. Y el mismo soplo creativo de la musa nacionalista: el victimismo. A saber: “El Estado español ha renunciado a ser el Estado de los catalanes”. El coordinador general de CDC (Convergència sin Unió), Josep Rull, ha puesto en circulación una tesis mucho más elaborada. Consiste en acusar directamente el PP de estar presionando al Estado para convertir a Cataluña en una región residual.

El asunto ha salido del reino de la política y entra en el de la psiquiatría. Nueva entrega de la quimera segregacionista sobre la frustración mal curada 

¿Cómo procesar estos datos en los sistemas de análisis al uso? Por eso insisto en aproximaciones alejadas de la política. En todo caso la aproximación ha de ser legal. Estricta aplicación del Estado de derecho en los supuestos de malversación deliberada de la letra y el espíritu de las leyes vigentes. Me parece que los supuestos están claros cuando se está proponiendo directamente una voladura del orden político y jurídico legítimamente constituido.

Es lógico que el Gobierno se haya puesto en estado de alerta. La Abogacía del Estado espera el paso de las musas al teatro en los planes firmados por dos partidos políticos (CDC y ERC) y dos entidades sociales (ANC y Òmniun Cultural). De momento sólo es una simple declaración de intenciones recogida por los medios de comunicación, no por el boletín oficial de la Generalitat. Es como si mañana Pedro Sánchez, Pablo M. Iglesias y Cayo Lara firmaran el compromiso de conseguir la sociedad sin clases a plazo fijo. ¿Quién se lo va a discutir?

En esta ocasión sí se advierte un mayor compromiso de contundencia oficial antes de que los hechos consumados se le vengan encima al Gobierno, como ocurrió en anteriores ocasiones.

Antes de irnos de vacaciones, el presidente Rajoy ya anunció públicamente su intención de frenar este nuevo desafío nacionalista en cuanto se cuele en el tejido institucional. Y es seguro que claveteará esa intención durante la entrevista que tiene concertada esta mañana en Radio Nacional de España.

Al Grano
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