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Los golpes bajos de la campaña
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Antonio Casado

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Los golpes bajos de la campaña

Desde llamar "gentuza" a Esperanza Aguirre hasta afirmar que votar a Cifuentes es votar a favor del aborto, la campaña electoral nos está dejando una larga lista de anécdotas que conviene recordar

Foto: Albert Rivera, líder de Ciudadanos, a su llegada a un mitin en Málaga. (Reuters)
Albert Rivera, líder de Ciudadanos, a su llegada a un mitin en Málaga. (Reuters)

Me hago una idea de cómo será el votante si se ganan votos por llamar “gentuza” a Esperanza Aguirre (firmado por Pablo M. Iglesias) o “machista casposo” a Pablo M. Iglesias (firmado Esperanza Aguirre por boca de su número dos, Iñigo Henríquez de Luna). Y si esos cantazos verbales dejan las cosas como están, entonces me hago una idea sobre quiénes los arrojan contra el adversario. Se retratan y no precisamente como candidatos a un sillón de la Real Academia de Ciencias Morales.

Bueno, cada uno es cada uno. No me imagino ese lenguaje en boca de un profesor de Metafísica, por ejemplo, como Ángel Gabilondo, que no despierta pasiones, no es la alegría de la casa, pero sigue sumando votos mientras despacha un discurso que nos hace volver la cabeza. Solo por convencernos de que, aunque no lo parezca, se trata de un candidato más en esta frenética campaña electoral con tendencia a convertirse en un intercambio de golpes bajos.

Los golpes bajos de una campaña pintada en negro no nos deben distraer de los tonos más divertidos que también se despachan en estas vísperas del 24M

La cosa empezó ya en el arranque, hace cinco días, cuando alguna mente enferma puso en circulación el lema “Si votas Cifuentes, votas aborto”, afortunadamenteretirada por la Junta Electoral Provincial de Madrid. La asociación Hazte Oírhabía contratado publicidad en vallas y en un autobús con la imagen de Cristina Cifuentes, candidata a la Comunidad de Madrid. En pleno ataque de contrariedad, de la mente enferma del director de la campaña, un tal Miguel Vidal, salió esta nueva pedrada: “La candidata alardea de tolerancia y diálogo, pero solo parece respetar a los perros, cuya adopción promueve”. Animalito.

Claro que peor debe ser que, a través de un panfleto escrito en el aire por un oscuro militar boliviano, uno de los partidos en liza se vea acusado de financiarse con dinero sucio a cambio de facilitar la entrada de la coca de Perú y Bolivia en Europa.

Los golpes bajos de una campaña pintada en negro no nos deben distraer de los tonos más divertidos que también se despachan en estas competidas vísperas del 24 de mayo. Ahí merecen estar por derecho propio algunos periodistas empeñados en politizar el perdigonazo de un gamberro contra el conductor de una furgoneta electoral. O las antiguas imágenes de una Ada Colau disfrazada de artículo 47 de la Constitución para reventar un mitin.

La que debía estar muy despierta era la candidata Begoña Villacís cuando se hizo un selfie con uno de los hijos del exministro Ruiz-Gallardón

Pero la mejor ocurrencia de lo que llevamos de campaña la firma el candidato Albert Rivera y su propuesta de confiar la regeneración nacional a los nacidos en democracia. O sea, después de 1978. Lo cual supone declarar inservibles para la tarea al 83% de los candidatos a estas elecciones municipales y autonómicas, que son una meta volante de las generales. ¿Seguro que Rivera durmió lo suficiente ese día?

La que debía estar muy despierta era la candidata Begoña Villacís cuando se hizo un selfie con uno de los hijos del exministro Ruiz-Gallardón. Al menos ella asegura que no estaba soñando cuando su joven admirador le confesó que en casa todos iban a votar a su partido (al de Villacís, no al de Gallardón, se entiende).

Me hago una idea de cómo será el votante si se ganan votos por llamar “gentuza” a Esperanza Aguirre (firmado por Pablo M. Iglesias) o “machista casposo” a Pablo M. Iglesias (firmado Esperanza Aguirre por boca de su número dos, Iñigo Henríquez de Luna). Y si esos cantazos verbales dejan las cosas como están, entonces me hago una idea sobre quiénes los arrojan contra el adversario. Se retratan y no precisamente como candidatos a un sillón de la Real Academia de Ciencias Morales.