Las mujeres del 24-M: Carmena, Oltra y Colau

Entre lo nuevo que empuja y lo viejo que se va, brotan algunas metáforas cargadas de moralina. Varias mujeres unidas contra las caducas políticas de ayer han vencido en las elecciones

Foto: Mònica Oltra (Compromís) celebra los resultados del 24-M. (Reuters)
Mònica Oltra (Compromís) celebra los resultados del 24-M. (Reuters)

Como en el poema de Celaya, las urnas del 24-M anuncian algo nuevo. Entre lo nuevo que empuja y lo viejo que se va, brotan algunas metáforas cargadas de moralina. La primera afecta a la casi fosilizada alcaldesa de Valencia, aún con energía para reñir a los electores seducidos por la frescura de Mónica Oltra y sus camisetas. Tendrán lo que se merecen, por torpes, por insensatos, aunque algo se le ocurrirá.

Ya se le ocurrió. Solo un minuto después de haber encajado la hostia, qué hostia, dijo el micrófono chivato, la todavía alcaldesa de Valencia, Rita Barberá, descubrió la urgencia de frenar al radicalismo mediante un pacto de Estado. Toma ya. La propuesta llega demasiado tarde. Lástima. A estas alturas de la película, sus posibles compañeros de viaje contra el radicalismo están ya embarcados en otro pacto. Justamente el que ha terminado con ella después de un cuarto de siglo: un pacto contra la corrupción, el amiguismo y la prepotencia. Ha servido para destronar al PP en la Comunidad.

Aplíquese la misma plantilla argumental al caso de Madrid y Barcelona, donde dos de los tres partidos del establishment (PP y CiU), también han sido víctimas de sendos pactos de la izquierda –impregnada esta vez de movimientos sociales– contra vicios semejantes en el ejercicio del poder. Dos mujeres distanciadas generacionalmente pero unidas contra las caducas políticas de ayer. Brotes verdes en el malestar de la gente por la corrupción, el clientelismo y la desidia del gobernante ante los paganos de la crisis económica.

Carmena, en Madrid, y Colau, en Barcelona, personalizan la rebelión de la ciudadanía contra el próspero negocio de las ruedas de molino

Dos soplos de aire fresco. Con sus respectivos éxitos electorales en las elecciones del domingo pasado, Manuela Carmena, en Madrid, y Ada Colau, en Barcelona, personalizaron la rebelión de la ciudadanía contra el hasta ahora floreciente negocio de las ruedas de molino. En los dos casos, sin ajustarse a esquemas de partidos políticos convencionales, lo cual contribuyó a potenciar la credibilidad de sus mensajes. Y por si hacía falta una ayuda exterior, ahí estaba Esperanza Aguirre, dispuesta a potenciar la frescura de la jueza. En su cruce televisado de vísperas, la famosa dirigente del PP recurrió a las malas artes de un político al uso. Y eso no hizo más que aumentar la cosecha de votos de Carmena en el recuento del domingo por la noche.

Además de Oltra y Carmena, el tercer soplo femenino de aire nuevo lo encarna la catalana Ada Colau. Comprometida con la realidad velada por el gobernante atornillado al poder, y casi sin proponérselo, ha asestado un golpe al soberanismo. La hoja de ruta de Artur Mas (el llamado “proceso”) tropezó en Barcelona con un movimiento de base conectado al malestar social de los barceloneses y no a sus sueños anacrónicos e identitarios.

El president de la Generalitat ya se había puesto la soga al cuello cuando hace unos días declaró que sin Barcelona sería imposible llevar a cabo el “proceso”. En el centro motor de la vida política y económica de Cataluña, la suma de fuerzas “soberanistas” (CiU, ERC y CUP) no da ni de lejos para impulsar esos planes. Y, por si hubiera dudas, Colau ha terminado de reventar esa sindicación recabando la complicidad de ERC y CUP. Pero de ninguna manera la de CiU, que es el partido de los Pujol.

Al Grano
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