Cifras de empleo: regalo electoral con trampa

Entre abril y junio se crearon 411.800 puestos de trabajo. Pero cantidad no es calidad, si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro son temporales

Foto: Un grupo de personas hacen cola en una oficina del INEM. (EFE)
Un grupo de personas hacen cola en una oficina del INEM. (EFE)

Juegos de palabras a mayor gloria del presunto milagro de la recuperación. Antes liderábamos la creación de paro y ahora lideramos la creación de empleo. Lo dijo ayer el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, en unas jornadas de su periódico favorito, donde destapó la EPA del segundo trimestre de 2015. Un regalo electoral para la causa del PP. De los datos se desprende que el objetivo de terminar la Legislatura con menos paro que el heredado de Zapatero ya está conseguido. Hay medio millón de parados menos que a principios de 2012, inmediatamente después del relevo en Moncloa. Y más personas ocupadas. Y más afiliados a la Seguridad Social.

Es la aritmética del empleo y los números cantan. Pero el regalo tiene trampa si deriva en triunfalismo. Sería ofensivo para los damnificados que España sea el segundo país con más paro de Europa, por detrás de Grecia. Y ya sabemos que el paro genera desigualdad. Aquí más que en ningún otro país desarrollado. Lo dice la OIT (Organización Internacional del Trabajo).

La nada sospechosa Comisión Europea crea doctrina: encontrar un empleo en España no es garantía frente a la pobreza

Entre abril y junio se crearon 411.800 puestos de trabajo. Pero cantidad no es calidad si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro son temporales. Y que, según el último informe Foessa (Cáritas), el 15% de los excluidos socialmente en España tiene trabajo. Si mi amigo Joaquín Leguina me riñe por fiarme de organizaciones con tendencia a exagerar en sus informes los niveles de pobreza, entonces me remito a la UE. Mientras el discurso de Moncloa y Génova clavetea el mantra de que “la mejor política social es el empleo”, la nada sospechosa Comisión Europea crea doctrina: encontrar un empleo en España no es garantía frente a la pobreza (“Informe sobre la situación social en Europa”).

Por tanto, para nuestros cinco millones de parados (5.149.000, exactamente), el final de la recesión es una mera presunción teórica. En su última visita a Madrid, el presidente de la CE, Jean Claude Juncker, dijo que “no podemos hablar de una salida de la crisis si las ventajas del crecimiento no llegan a una mayoría de los ciudadanos”. Eso no ha ocurrido aún. Véase la alarmante cifra de hogares sin ingresos: 757.200, según el Instituto Nacional de Estadística, así como la caída en los índices de prestación por desempleo y en la tasa de cobertura social aplicable a los parados de larga duración. Esa tendencia no se ha invertido, a pesar de mejorar los índices de crecimiento y empleo. Las alarmas ya habían sonado a principios de febrero, cuando se descubrió que los parados con prestación habían pasado en los dos últimos años del 64,05% al 57,6%. Y la cuantía, de 864,3 euros a 815,3. A día de hoy la tasa ha caído hasta el 56,5%.

Todo esto nos remite a los costes sociales de una pregonada recuperación económica basada en la precariedad laboral, los salarios bajos y la facilidad del despido, verdaderos resortes de la competitividad y el crecimiento. El Gobierno es consciente y, en vísperas electorales, se esfuerza por colocar su “agenda social”. Si tenemos en cuenta que uno de cada dos trabajadores es mileurista, y uno de cada tres cobra por debajo del salario mínimo, traten ustedes de calcular el impacto del mensaje en las urnas. La izquierda lo sabe. Y tanto el PSOE como Podemos explotarán al máximo los costes sociales de la muy celebrada superación de la crisis económica. 

Al Grano

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