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Sánchez vuelve a entrar en el partido
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Antonio Casado

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Sánchez vuelve a entrar en el partido

La pedrada era estratégica y a Mariano Rajoy le dolió más que el puñetazo de un necio en Pontevedra. Estaba calculada por Sánchez para volver a entrar en el partido después de su semana negra

Foto: El candidato a la Presidencia del Gobierno por el PSOE, Pedro Sánchez, al término de un mitin. (EFE)
El candidato a la Presidencia del Gobierno por el PSOE, Pedro Sánchez, al término de un mitin. (EFE)

“Necesitamos un presidente decente y usted no lo es”. La pedrada era estratégica y a Mariano Rajoy le dolió más que el puñetazo de un necio en Pontevedra. Estaba calculada por Sánchez para volver a entrar en el partido después de su semana negra. Por tanto, no cabe hablar de arrepentimiento. “Es lo que piensan millones de españoles”, dice. Lo de Rajoy fue más espontáneo: “Me salió del alma”, explica después de tachar a Pedro Sánchez, o a lo que le dijo en el debate, de “ruin”, “miserable”, “mezquino” y “deleznable”. Como se ve, el presidente no puso la otra mejilla.

Nadie pondrá en duda que la viveza del cara a cara vino dada no por asuntos de menor cuantía sino justamente por las dos primeras preocupaciones de los españoles. Por un lado, el enorme coste social de la muy pregonada recuperación económica. Y por otro, la inmoralidad en la vida pública, donde saltaron las chispas que han suscitado un farisaico rasgado de vestiduras de quienes hasta cinco minutos antes celebraban el desahucio político, mediático y demoscópico de Pedro Sánchez.

¿No querían emociones fuertes quienes se aburrían en la campaña y sostenían que los debates anteriores no habían servido de nada? Pues ahí las tienen. El cruce verbal del presidente del Gobierno y el principal líder de la oposición fue bronco, duro y desapacible. De acuerdo. Así ya nadie dirá lo que con seguridad se hubiera dicho de no haber ido las cosas como realmente fueron. ¿Debate más serio? Sí, pero acartonado. ¿Más solvente? Sí, pero aburrido. ¿Con discursos coherentes y cargados de propuestas? Sí, pero entonces hubiéramos dicho que se dedicaban a repetir lo que les venimos oyendo a todas horas.

Sánchez ejerció su derecho a intentar convertirse en alternativa de Rajoy y líder del cambio. El envite le ha salido bien

Los hechos: debate desregulado, el árbitro dejó jugar y la esgrima aportó novedades sobre el rango político y personal de los dos aspirantes a la Presidencia. Dieron la cara y se arriesgaron a que el otro se la rompiera. No fue aburrido, monótono, previsible, inocuo ni acartonado. Y no vale reducirlo a un problema de modales, como si la política fuese el reino de los samaritanos, el amor al prójimo, la buena educación, la fineza y el respeto al adversario. Pues, no. Ni de lejos.

Sánchez ejerció su derecho a intentar convertirse en alternativa de Rajoy y líder del cambio. El envite le ha salido bien. Lo prueba la reaparición de una militancia mucho más motivada desde el lunes, como se vio en el mitin que al día siguiente compartieron Sánchez y Felipe González en Badajoz. Más pruebas: las descalificaciones lanzadas desde el PP y sus medios afines, que alcanzan al propio moderador del debate, Manuel Campo Vidal. Le acusan de no haber controlado la agresividad de Sánchez. Una forma de sugerir que el bajo rango moral de los contendientes exigía la 'auctoritas' de un árbitro para impedir el juego sucio.

Más significativo ha sido el ataque de contrariedad sufrido por los líderes emergentes y competidores de Sánchez. Iglesias por la izquierda, Rivera por la derecha. El desenlace del cara a cara les ha cogido con el pie cambiado. Esperaban un apaño bipartidista y salió otra cosa, que también ha servido para anunciar “el fin del bipartidismo”. Iglesias llegó a decir que ni Sánchez ni Rajoy, por su estilo barriobajero, son “los presidentes que merece España en un momento histórico como este”. Como si fuese de mejor condición un hipotético gobernante cuyo modelo es la Venezuela chavista, que confiesa tener dificultades para usar el nombre de España y que califica a la presidenta andaluza, Susana Díaz, de “indecente, hipócrita, cínica y con doble moral”.

Que estamos en las últimas horas del bipartidismo ya lo sabíamos antes. Pero la defunción del sistema bipartidista no es la del PSOE y el PP, que seguirán vivos en la España de las cuatro esquinas. Nos espera un bipartidismo imperfecto. El que Rajoy propone en nombre de la estabilidad. O el que propone Sánchez si el PSOE tiene “un voto más”. Tampoco descartemos un 'tetrapartidismo', como resultado de una excesiva fragmentación del voto. Entonces el peligro sería la italianización y el riesgo a corto plazo de unas nuevas elecciones.

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