Nuevo candidato, transfuguismo o elecciones

¿Pero no se había cansado el 'president' de decir que jamás sería un obstáculo en el avance hacia la independencia?

Foto: Foto: Reuters.
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A la espera de acontecimientos, no acabamos de saber por quién doblan las campanas, ¿por el proyecto independentista, por Artur Mas o por las dos cosas? Por Mas, seguro. No lo mató Rajoy sino la alegre muchachada anticapitalista. Y por el proyecto, también, como mandato de un Parlament agonizante, salvo imprevisto 'tamayazo' (mira que si hacen novillos dos diputados entre los 63 del 'no' a Mas) o candidato alternativo en una inmediata sesión de investidura, si hay fumata blanca en la negociación de último minuto (CDC y la CUP) impulsada anoche por Oriol Junqueras, tras la ejecutiva de ERC.

Sin transfuguismo ni candidato a estrenar, iríamos de cabeza a un nuevo reparto de cartas. Sería el cuarto proceso electoral en cinco años. Con nuevos actores, nuevos guiones y un público hastiado, con tendencia al desistimiento, que se pregunta si la culpa de la época más negra y más absurda de la política catalana la tiene la CUP por rechazar la candidatura de Artur Mas o Artur Mas por no haberse sacrificado antes en nombre de la causa soberanista (el “bien superior del proceso”, dice Junqueras).

En cuanto a los dirigentes de los partidos adheridos a la causa de la desconexión con España, en Barcelona reina algo parecido al enfrentamiento estamental del siglo XV entre los de la Busca y los de la Biga. En realidad, nada tan español como el duelo a garrotazos con el que Goya nos retrató hace dos siglos. Ahora la palabra sustituye al garrote de los dos villanos pero es igual de negra la pintura del enfrentamiento fratricida entre los partidarios de la república independiente de Cataluña.

Imposible hacer un seguimiento racional de la política catalana tutelada por Artur Mas. Todo es absurdo en el 'president' y su remolino

No me digan que la comparación es extravagante. La hago por no perder comba del dramático enredo que se representa en esta parte de España. Imposible hacer un seguimiento racional de la política catalana tutelada por Artur Mas. Todo es absurdo en el 'president' y su remolino. Por ejemplo: supeditar una causa a una persona, adjudicar a la CUP el poder de lo grande (provocar una repetición electoral) pero no de lo pequeño (forzar el cambio de candidato), convertir la mayoría absoluta del Parlament que fijó el plan de vuelo (resolución independentista) en una herramienta inútil por discrepancias en el nombre del piloto, sobrevivir a un relato política y legalmente fraudulento, etc.

Sin olvidar esos cambios arbitrarios de relato que dejan a sus seguidores descolocados y hablando solos. ¿Pero no se había cansado el 'president' de decir que jamás sería un obstáculo en el avance hacia la independencia? Ahora recurre por enésima vez a la teoría de la conspiración anunciando que tiene ganas de plantar cara a Madrid y a los traidores de cercanías.

Como el delirio se contagia, que dice Arcadi Espada, nos topamos ayer con la espantada de Antonio Baños (CUP). Se va frustrado porque era uno de los partidarios de votar la investidura de Artur Mas. No se sabe desde cuándo, si tenemos en cuenta que el pasado 22 de septiembre declaraba públicamente: “No votaremos nunca una investidura de Artur Mas. Y nunca es nunca, nunca y nunca”, decía quien ahora sufre un ataque de contrariedad porque el rechazo de sus colegas de la CUP a Mas viene a frenar el proceso de ruptura con el Estado español.

Al Grano
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