Rajoy rompe la cintura a Iglesias y Sánchez
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Antonio Casado

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Rajoy rompe la cintura a Iglesias y Sánchez

La maniobra del presidente del Gobierno en funciones le permite ganar tiempo. Al provocar una segunda ronda de consultas del Rey, retrasa el comienzo de la cuenta atrás

Foto: Mariano Rajoy tras declinar la oferta del Rey de ser candidato a la presidencia del Gobierno. (EFE)
Mariano Rajoy tras declinar la oferta del Rey de ser candidato a la presidencia del Gobierno. (EFE)

Con la renuncia a formar Gobierno el jefe de filas del partido ganador de las elecciones generales, Mariano Rajoy, se rinde ante la primera parte de la ecuación verbal que contiene las claves del bloqueo: el PP no puede hacer nada sin el PSOE. La segunda parte de la ecuación afecta al segundo en liza: el PSOE no puede hacer nada sin Podemos.

Por si Pedro Sánchez no lo sabía, se lo recordó este viernes Pablo Iglesias al ofrecerle la presidencia del Gobierno después de ver al Rey. De paso, dio a Rajoy la ocasión de romperle la cintura a los dos, a Sánchez e Iglesias, con su inesperado paso atrás, que en absoluto significa renunciar a su candidatura. Ya nos ha explicado que lo intentará cuando la matemática le sonría (si Sánchez no lo consigue antes, se entiende) en base a una alianza PP-PSOE-Ciudadanos, que no tiene por qué ser necesariamente en coalición de Gobierno. “Me veo con fuerzas”, dice.

La finta táctica de Rajoy desvía la carga de la prueba manejada hasta la tarde de ayer por el líder del PSOE. Donde este decía: “Es el turno de Rajoy”, dice ahora el presidente en funciones: “Es el turno de Sánchez”. Si este se esforzaba en escenificar la soledad política de aquel, ahora es Rajoy quien tratará de conseguir que se escenifique el carácter sumamente tóxico de un eventual pacto de Pedro Sánchez con el populismo y los “enemigos de la unidad de España”. En esa tarea contará con la colaboración indirecta de la aristocracia del PSOE.

La maniobra de Rajoy le permite ganar tiempo. Al provocar una segunda ronda de consultas del Rey con los jefes de fila de los grupos con representación parlamentaria (el lunes por la tarde le entregará la lista el presidente del Congreso, Patxi López), retrasa el comienzo de la cuenta atrás. De haber aceptado el encargo, hubieran empezado a correr los plazos (dos meses) a contar desde la primera votación al candidato Rajoy, cuya sesión de investidura se hubiera llevado a cabo la semana que viene.

Lo dicho. Ahora va a ser el turno de Sánchez. Y nadie puede dar por hecho que lo conseguirá. Sobre todo después de que Iglesias lo haya puesto tan difícil con su arrogante autopostulación a la vicepresidencia del Gobierno. Hay maneras más sutiles de hurgar en la herida del PSOE y rearmar el brazo de los enemigos de Sánchez, pero fue la elegida por el líder de Podemos tras su paso por Zarzuela: “He propuesto al Rey un gobierno progresista con Sánchez de presidente y yo de vicepresidente”.

Más presión a Sánchez. Pasto fresco para los contertulios amantes del 'quinielismo'. Conjeturas y más conjeturas, sin que los vectores centrales del problema se hayan modificado: “El PP no puede hacer nada sin el PSOE y el PSOE no puede hacer nada sin Podemos”. Una síntesis tan maldita como la que desoye Pedro Sánchez en boca de muchos dirigentes de su partido: “La mayoría política que puede gobernar (PP-Ciudadanos) no suma y la mayoría política que suma (PSOE-Podemos y nacionalistas) no puede gobernar”. En ambas formulaciones están las claves del bloqueo. A mi juicio, superables, sin pasar por repetir las elecciones. Hacia la derecha, con la abstención socialista, una alianza PP-Ciudadanos (163 síes). Hacia la izquierda, una alianza PSOE- Podemos-IU (161 síes), sin considerar viable la adición de grupos nacionalistas.

Ante unos recelosos dirigentes históricos del partido y algunos barones, ha ido creciendo la posibilidad de un gobierno de izquierdas alimentada en Ferraz

Ante unos recelosos dirigentes históricos del partido (Felipe, Guerra, Bono, Ibarra…) y algunos barones (Susana Díaz, Garcia-Page, Javier Lambán, Fernández Vara…), ha ido creciendo la posibilidad de un gobierno de izquierdas (vía portuguesa), abiertamente alimentada en Ferraz. Al final se la ha apropiado Iglesias como cosa suya ante el jefe del Estado, hasta el punto de comentar públicamente que al Rey le ha parecido “razonable”. Doble sartenazo en el bajo vientre de Sánchez. Primero, el del líder de Podemos. Después, el de Mariano Rajoy.

Mientras el viernes por la tarde, políticos y periodistas corríamos como idiotas detrás la liebre que Pablo M. Iglesias soltó hacia donde él quiere llevarnos, Rajoy soltó la suya y puso patas arriba todos los análisis. Me lo imagino después de despachar a los periodistas y reunirse con sus colaboradores. Primero, mirarse una imaginaria mancha en la corbata y luego pedirles calma pensando en el cuento de aquel mago condenado a muerte que prometió hacer hablar al caballo del Rey si éste retrasaba un año su ejecución. Cuando el carcelero le dijo que sería imposible, el reo le explicó que antes de ponerse ante el verdugo aún podían pasar tres cosas: que se muriese el Rey, que se muriese él de muerte natural o que hablase el caballo.

Mariano Rajoy