Sánchez ya no se fía de Iglesias
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Antonio Casado

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Sánchez ya no se fía de Iglesias

Sánchez ha decidido seguir anclado en su acuerdo básico con Ciudadanos, fronterizo por la derecha, una vez abolida en su fuero interno la posibilidad de pactar con este Podemos

Foto: El líder del PSOE, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)
El líder del PSOE, Pedro Sánchez (i), y el secretario general de Podemos, Pablo Iglesias. (EFE)

Confesión de parte: la posibilidad de que el PSOE se encame con el Podemos de Pablo Manuel envenena mis sueños. Por eso hice un despegue vertical en la silla, como los gatos, ante el clarinazo informativo: 'Sánchez abre la puerta a dar la Vicepresidencia a Iglesias'.

Recuperé el sosiego con la inmersión en la pieza de Sara de Diego y el habitual recurso a las fuentes. Recogen ambos la enésima referencia del líder socialista a la vocación de transversalidad que inspiró su pacto con Albert Rivera. Por si había dudas, echen ustedes un vistazo a 'La Voz de Galicia' de hoy, donde Sánchez confiesa que le gustaría fiarse de Iglesias pero las actitudes de este no se lo permiten.

En la tele explicó ayer que el llamado 'Acuerdo para un Gobierno reformista y de progreso' (PSOE-Ciudadanos) está tan vivo y tan abierto a todos, excepto independentistas y Bildu, como el primer día. También a la izquierda (Podemos, sus confluencias e IU), aunque no solo, pues la suma sería insuficiente sin la aportación de Ciudadanos a la causa del “cambio”.

Véase la fallida cita a cuatro (PSOE, Podemos, IU y Compromís) para ir amueblando el sueño del “Gobierno a la valenciana”. Sánchez no ha mordido ese anzuelo y ha decidido seguir anclado en su acuerdo básico con Ciudadanos, fronterizo por la derecha, una vez abolida en su fuero interno la posibilidad de pactar con este Podemos, como ahora explicaré.

Al calor de los conflictos internos que retratan “una maquinaria electoral con pies de barro”, se incuba una corriente crítica al estilo personal de Pablo Iglesias

Nada nuevo, como se ve, por la banda izquierda, donde las relaciones están colapsadas. No solo por el recíproco veto entre Ciudadanos y Podemos. También por la creciente aversión de amplios sectores del PSOE al partido de Pablo Manuel. Atención a este vector del análisis, de reciente aparición en el discurso socialista.

Los casos de Emilio Delgado (ayer, nueve dimisiones más de dirigentes próximos a Errejón) y Alberto Garre (el exdirigente murciano habla de clamor antimarianista en el PP), propios de organizaciones desestructuradas, zarandean los respectivos liderazgos de Iglesias y Rajoy. Un presagio de que sus figuras pueden ser decisivas en el tramo final del proceso para formar Gobierno y no repetir las elecciones.

Al calor de los conflictos internos que retratan “una simple maquinaria electoral con pies de barro” (le oigo decir a Alberto Garzón) y afectan a media docena de organizaciones territoriales de Podemos, se está incubando una corriente crítica al estilo personal de su secretario general. Sobre todo después de sus insolentes intervenciones en la fallida investidura de Sánchez. Recuérdese la expresión de contrariedad reflejada en el rostro del número dos de Podemos, Íñigo Errejón, cuando Iglesias hizo una infame alusión a Felipe González, un histórico dirigente muy querido por los socialistas.

La soberbia del personaje, su teatral narcisismo y su desprecio al adversario alimentan la sospecha de que la figura de Iglesias baja la cotización del partido

Pero no solo. La soberbia del personaje, su teatral narcisismo, los tics autoritarios y su desprecio al adversario están alimentando la sospecha de que la figura personal de Iglesias baja la cotización electoral del partido, lo cual ya se viene reflejando en los más recientes sondeos, al comparar la expectativa de voto de Podemos con la mala valoración de su secretario general.

A los sectores más críticos no les coge de nuevas, a la vista de un informe interno ('Estrategia de comunicación del secretario general'), elaborado de cara a las elecciones territoriales del año pasado. Entre otras cosas, se le recomendaba usar en público un tono “menos de mitin y más explicativo”. No parece que sus consejos, “para no caer en la soberbia”, llegasen a influir en el destinatario. Allí se criticaba el “endiosamiento/arrogancia” de Iglesias, incluso en “actitudes discursivas y corporales”.

¿Que Sánchez está reconsiderando la posibilidad de gobernar con Iglesias de vicepresidente? Ni en sueños.

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