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De gladiadores del Parlamento a payasos de la tele
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Antonio Casado

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De gladiadores del Parlamento a payasos de la tele

Guerra abierta de los candidatos para ser reinas por un día en los programas de mayor audiencia, aunque no tengan nada que ver con la política

Foto: Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Iban de esforzados gladiadores en las arenas parlamentarias, sin renunciar al golpe bajo cuando hacía falta salir de las cuerdas o acorralar al adversario. Pero el prematuro cierre de las Cortes les convirtió en los nuevos payasos de la tele. Con perdón para Gaby, Fofó, Fofito, Miliky y Milikito, grandes entre los grandes, que alegraron las tardes infantiles de una generación. La de Pedro Sánchez, Pablo M. Iglesias y Albert Rivera.

Debe ser esa una de las pocas cosas vivas en la memoria común de estos presuntos heraldos del 'cambio' frente a la generación supuestamente amortizada de Mariano Rajoy. Sin embargo, la comunicadora Ana Rosa Quintana, que ayer noche cerró con el presidente del Gobierno en funciones su particular parlamento infantil sobre la España de las cuatro esquinas, ha confesado que fue Rajoy el más empático con los chispeantes niños de la tele. Quién nos lo iba a decir.

Todo por la tele. Gestos estudiados, 'marketing' convenido sobre la marcha al soplo de los sondeos, sonrisas vital-dent, excursiones a los cerros de Úbeda y, de vez en cuando, esgrima de primera sangre, como en el bronco cruce televisado del otro día entre Rivera e Iglesias. Guerra abierta de los candidatos para ser reinas por un día en los programas de mayor audiencia, aunque no tengan nada que ver con la política. Mejor aún si no tienen nada que ver con la política. Quién hubiera creído que un chico tan circunspecto como Íñigo Errejón se haría el encontradizo con Jorge Javier Vázquez ('Sálvame'), el rey Midas de la banalidad televisada al gusto de millones de españoles.

Todo por la tele. Gestos estudiados, 'marketing' convenido sobre la marcha al soplo de los sondeos, sonrisas, excursiones a los cerros de Úbeda...

Anoche, Rajoy con los niños. Esta noche, el guiño feminista de la tele con las cuatro en línea (Margarita Robles, Andrea Levy, Inés Arrimadas y Carolina Bescansa). El lunes que viene, el esperado y único debate con los cuatro primeros gladiadores. Entre medias, ninguna ocasión perdida de ocupar los platós con la mejor sonrisa de unos y otros. Los de Podemos marcan el paso. Incluso ya la han manufacturado para los carteles: la sonrisa de un país, dicen, conscientes, como los demás, de que lo importante no es lo que se dice, sino cómo se dice y, sobre todo, dónde se dice. En la tele, mejor que en ninguna otra parte. Para prometer lo que haga falta, para debatir o para explotar globos. Tele, tele, tele, más tele, por favor, que diría Aute. Lo importante no es que las propuestas sean las más leídas sino las mas televisadas, aunque luego se pierdan en la polvareda.

Tengo escrito que el empacho no alimenta. Me refería al líder de Podemos, un virtuoso del camuflaje político, según la presidenta andaluza, Susana Díaz. Según Javier Marias, simplemente "un megalomaníaco”. Una noche de la semana pasada apareció en tres cadenas a la vez y Harguindey contó de alguien que zarandeó el mando de la tele por creer que se había estropeado. Pero no. Solo era que la acumulación de material enlatado había hecho inevitable la coincidencia.

Iglesias se dio a conocer por la caja tonta y desde entonces no ha dejado de utilizarla como lanzadera de sus dos grandes objetivos: el desahucio del PSOE y la conquista de La Moncloa. En la misma tacada, a ser posible. Pero su insaciable apetito televisivo se ha contagiado a los competidores y en este día y hora los equipos electorales en liza no sienten la menor vergüenza por convertir la pugna política en un pasatiempo más de la televisión. De la televisión concebida como espectáculo, se entiende, no como un medio ideal para formar el criterio de los ciudadanos que el 26 de junio han de elegir a los más capaces. No a los más televisivos.

Pedro Sánchez Mariano Rajoy