El dilema del PSOE: ¿barba o coleta?
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Antonio Casado

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El dilema del PSOE: ¿barba o coleta?

Pedro Sánchez tendrá que asumir el reto de escoger pactar con la derecha del Partido Popular o la izquierda de Unidos Podemos

placeholder Foto: Pedro Sánchez visita el complejo hospitalario de Navarra. (EFE)
Pedro Sánchez visita el complejo hospitalario de Navarra. (EFE)

El coordinador económico del PSOE, Jordi Sevilla, puso en un tuit que debe dejarse gobernar “al candidato que obtenga mayor apoyo parlamentario”. Eso dice con otras palabras el artículo 99 de la Constitución, por mayoría absoluta o simple. El ministro en la sombra de Pedro Sánchez se limitó a reproducir las generales de la ley. Alude al que haya obtenido mayor número de síes en la Cámara después de una negociación. No al candidato de “la lista más votada”, que es la tesis del PP.

Sin embargo, el tuit de Sevilla sonó más que la amenaza sindical de quemar neumáticos en la Castellana si el 26 de junio no trae un verdadero cambio político en España. El revuelo interno (cierto miembro del equipo de Sánchez sufrió un injustificado ataque de contrariedad), la inmediata actuación de las falanges digitales de Podemos y la asfixiante marea especulativa de finos analistas, que llevan seis meses entregados al quinielismo, consiguieron colocar el mensaje de que el PSOE ya ha decidido sobre pactos venideros. Y no faltó quien incluso detectó en el tuit de Sevilla un aviso para navegantes, como advertencia de que el PSOE podría bloquear la gobernabilidad para ir a unas terceras elecciones.

Nada de eso se le pasó ni de lejos por la cabeza al exministro, que se vio por la repercusión de su inocente destello digital, resultado de una conversación con Pedro Sánchez camino de Sitges. Pero es una prueba del dramatismo cosido al dilema del PSOE, ¿barba o coleta?, si finalmente acaba teniendo la llave de la gobernabilidad.

En Ferraz se aplica el manual de campaña. Normal. Para elegir entre la horca y la guillotina no hay ninguna prisa, te dicen. El mandato es vencer la tentación de entrar al trapo en materia de alianzas, entre la mano tendida de Iglesias (“que suelte antes la de Rajoy”, replicará Sánchez) y el sueño de la gran coalición que le ofrece el PP. Además, el partido sigue abierto. Se confía en el voto oculto y en el retorno del votante socialista que le ha visto las orejas al lobo con piel de cordero. De momento, el equipo de Sánchez ya celebra un repunte socialista y el retroceso de Podemos en las encuestas de este fin de semana.

Los cuatro partidos principales asumen que ninguno obtendrá mayoría absoluta y que tampoco alcanzará la mayoría absoluta ninguno de los dos bloques

Los equipos de los cuatro candidatos principales trabajan con diversos escenarios, siempre encajados en dos coordenadas de común aceptación. La primera, que ninguna de las cuatro fuerzas en liza obtendrá mayoría absoluta. Y la segunda, que tampoco alcanzará la mayoría absoluta ninguno de los dos bloques, el conservador (PP-Ciudadanos) y el de la izquierda (PSOE-Unidos Podemos).

Eso significa que el PSOE volvería a ser eje de la gobernabilidad con opciones de pacto a su derecha (C's) y a su izquierda (UP) por su ubicación en el centro del arco político. Sin descartarse que pueda desempolvar su pacto de hace cuatro meses con el partido de Albert Rivera, sobre todo si entre ambos sumasen más que PP-Ciudadanos, en cuyo caso la presión para abstenerse ya no recaería en Sánchez sino en Rajoy.

En Ferraz hay un tabú. No quieren oír hablar de que el PSOE pueda descender al tercer puesto de la escala política nacional. “No creo que vaya a haber 'sorpasso', ni en votos ni en escaños”, me dice Jordi Sevilla, al unísono con la dirección del partido y sus líderes regionales que tampoco lo creen, contra el pensamiento único que habla del PSOE como un partido desahuciado y de Pedro Sánchez como un líder sin futuro.

El dilema de elegir barba o coleta es virtual. Vale. Cuando los socialistas lleguen a ese río ya cruzarán ese puente. Pero no es virtual el dilema de orientar su artillería electoral más hacia el PP o más hacia el conglomerado de Unidos Podemos. En teoría está resuelto. A diestra y siniestra por igual, pensando en los votantes socialistas que se fueron hacia Podemos al creerse el “PPSOE” denunciado hasta la saciedad por Iglesias y su gente, cuando Zapatero todavía era “un sicario de Bruselas” y no “el compañero José Luís” que es ahora. Y también en nombre de los millones de votantes socialistas entre los que se ha disparado la aversión a un partido radical, inexperto, voluble y teatrero que, en palabras de Pedro Sánchez, “quiere sacar más votos que el PSOE para someterlo y no para gobernar”. Vaya descubrimiento.

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