Derrota dulce del PSOE, gracias a Podemos

Por la ruidosa celebración del mal ajeno, se veía que el descalabro podemita compensaba a los militantes socialistas de los malos resultados obtenidos por el retroceso del partido

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, tras conocer los resutados electorales. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, tras conocer los resutados electorales. (EFE)

El domingo pasado, los españoles acudieron al rescate de valores heridos por la repetición electoral, la desconexión británica de la UE y el auge de los populismos. Como estabilidad, realismo, moderación, certidumbre y sentido común, frente a las artes escénicas o distintas formas de aventurerismo. Valores que deben aflorar en la forja de los pactos necesarios para fletar un Gobierno de suficiente respaldo parlamentario.

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Antes me permito hacer mi primera aproximación a los resultados del 26-J, con una clara victoria del PP, pendiente de los pactos de gobierno. De nuevo en la misma soledad política de la fallida legislatura pasada, pero ahora con la fuerza moral de haber aumentado considerablemente la distancia con la segunda fuerza (PSOE). Nada menos que 52 escaños de diferencia.

Las encuestas reventaron el domingo por la noche. Contra todo pronóstico, los paladines del cambio (Sánchez, Iglesias, Rivera) se convirtieron en teloneros de Rajoy y se demostró que había una burbuja tras el cantadísimo 'sorpasso', enclavado en los ambientes mediáticos como una suerte de pensamiento único. Sin embargo, el líder del conglomerado Podemos-Etcétera-Izquierda Unida, Pablo Manuel Iglesias, se felicitó en la misma noche electoral de haber elegido “el camino correcto”.

Los paladines del cambio (Sánchez, Iglesias, Rivera) se convirtieron en teloneros de Rajoy y se demostró que había una burbuja tras el cantadísimo 'sorpasso'

La valoración se comenta por sí sola si tenemos en cuenta que la convergencia de Podemos-Etcétera con IU, a partir del resultado obtenido cuando estas dos fuerzas fueron por separado el 20-D, se ha dejado en el envite más de un millón de votos. Lo cual quiere decir que, como en el pacto PSOE-IU del año 2000, la alianza produjo efectos restrictivos y no los efectos 'multiplicadores' alegremente pregonados por los firmantes del pacto del botellín, Iglesias y Alberto Garzón.

En el pecado se incluía la penitencia. La doctrina de Iglesias sobre el pragmatismo como herramienta en la conquista del poder se estrelló contra la realidad. No todo valía para los votantes clásicos de estirpe comunista, de estricta fidelidad a unas siglas, como se reflejó en las declaraciones previas de sus antiguos dirigentes, Gaspar Llamazares y Cayo Lara (“Me va a costar votar”, había dicho Lara).

El camuflaje político no se practica impunemente. La impostura, como la insolencia, se paga antes o después. En nombre del pragmatismo o la necesidad de “cabalgar contradicciones” no se puede pasar como si tal cosa de la "cal viva" al "PSOE te necesito", de la plurinacionalidad a la diversidad, del euroescepticismo al europeísmo, del comunismo a la socialdemocracia, del contorsionismo para decir la palabra España a envolverse con la bandera nacional. Y así sucesivamente.

Eso ha servido para perder más de un millón de votos y romper los puentes con el PSOE. El drama se reflejó en el rostro de sus dirigentes en la noche electoral. Ni unidos pudieron. De repente se les había borrado la sonrisa manufacturada de la campaña. Mientras, en Ferraz, junto al busto del verdadero Pablo Iglesias, se mascaba el resentimiento contra el partido morado. El batacazo de Podemos transformó el nuevo fracaso electoral del PSOE en una derrota dulce.

El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, acompañado por Alberto Garzón, en la noche electoral. (EFE)
El líder de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, acompañado por Alberto Garzón, en la noche electoral. (EFE)

A Sánchez le pusieron en bandeja la posibilidad de presentar los resultados como una dosis de recuerdo de la oportunidad de cambio progresista perdida hace unos meses por el portazo de Iglesias. Por la ruidosa celebración del mal ajeno, se veía que el descalabro podemita compensaba a los militantes socialistas de los malos resultados obtenidos por el retroceso contante y sonante de su propio partido (106.000 votos perdidos y cinco escaños menos que el 20 de diciembre). Pero, gracias a Iglesias, Pedro Sánchez pudo salvar los muebles. Mire usted por dónde.

Al Grano