Arde el PSOE y Sánchez desafía el incendio
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Antonio Casado

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Arde el PSOE y Sánchez desafía el incendio

Dice que no se va. Se aferra a la lectura de los estatutos más ventajosa para la causa de su supervivencia como líder del partido

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(Imagen: EC)

Lo que le faltaba al PSOE es enredarse en la normativa. En medio del incendio, Sánchez desafía las llamas. Dice que no se va. Se aferra a la lectura de los estatutos más ventajosa para la causa de su supervivencia como líder del partido. Se atiene al artículo 36: “Cuando las vacantes de la ejecutiva federal afecten a la secretaría general o a la mitad mas uno de sus miembros, el comité federal deberá convocar un congreso extraordinario para la elección de una nueva ejecutiva”.

Según explico ayer el secretario de Organización, César Luena, las vacantes de la ejecutiva (17 dimisiones) no afectan al secretario general ni derogan las competencias de lo que queda de ese órgano de dirección. Algo muy discutible si nos atenemos al carácter 'colegiado' de ese órgano, del cual el secretario general viene a ser un coordinador. De modo que si cae la ejecutiva, cae el secretario general.

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En una perspectiva meramente política, es verdad que Sánchez tiene buenas razones (su doble legitimidad, primarias y congreso, militantes y delegados) para reclamar la voz de la militancia. Es lo que piensa hacer mientras todo arde alrededor. No deja de ser un regate en corto que sigue orillando la cuestión de fondo. No es el 'sí o no a Rajoy', el no o la abstención al candidato del PP. Ahí los críticos llevan las de perder, porque el no es un mandato del CF. La cuestión de fondo es el sí o no a Sánchez. Es decir, un problema de liderazgo. A ese terreno han llevado el debate los críticos del PSOE, haciendo de los sucesivos fracasos electorales la razón del acoso y derribo al secretario general.

Por el contrario, Sánchez y sus fieles no han logrado que el debate girase en torno a la posición de los 85 diputados socialistas en la investidura a Mariano Rajoy. Por si había dudas, el expresidente Felipe González les reventó el argumentario al declararse “engañado” por la pista falsa que le dejó Sánchez cuando le anunció que, si Rajoy lograba ir a la investidura con al menos el apoyo de 170 diputados, los socialistas se abstendrían en segunda votación, a fin de normalizar de una vez por todas la vida política nacional. Exactamente el mismo mensaje que se hizo llegar a Rajoy, y por eso aceptó el encargo del Rey, aun sabiendo que le faltaban seis votos para ser elegido.

La cuestión de fondo es el sí o no a Sánchez. Es decir, un problema de liderazgo. A ese terreno han llevado el debate los críticos del PSOE

Después de la revelación de González, no perdió Sánchez la oportunidad de insistir en una estrategia equivocada al situar al histórico dirigente en el "bando" de quienes quieren ser “subalternos” de un Rajoy lastrado por la corrupción, los recortes y la desigualdad. Y dale. Sigue sin asumir que su liderazgo ha sido cuestionado por los sucesivos fracasos electorales, su encastillamiento en Ferraz, su falta de comunicación con los barones críticos y, sobre todo, por haber creado las condiciones que dejan al partido al borde de la fractura, sin perjuicio de que tenga más o menos legitimidad para trazar el plan de vuelo socialista en la política nacional.

Todo está abierto entre bastidores, a la espera de novedades en esa ejecutiva residual que se reúne hoy en Ferraz y eventualmente en el comité federal del sábado, al que Sánchez llegará con la pólvora mojada. Allí pueden ocurrir tres cosas. Una, que se acepte sin votación su propuesta (primarias y congreso extraordinario). Dos, que se vote y salga adelante con apoyo de los 'pedristas'. Y tres, que la propuesta sea derrotada por los críticos. En las dos primeras hipótesis, alguien daría el paso de competir por la secretaria general con Sánchez (Susana Díaz ha dicho que está a disposición del partido).

Pedro Sánchez no dimite

La tercera de las hipótesis es la nueva baza de los críticos: derrotar la propuesta de Sánchez y, en consecuencia, ahora sí, provocar su dimisión. Sánchez ya ha dicho que no dimitirá aunque la propuesta sea derrotada. En ese caso, los críticos activarían otra previsión del artículo 36 de los estatutos. Consiste en presentar una moción de censura planteada por al menos el 20% del CF y someterla a votación de sus casi 300 miembros.

Si la moción prosperase por mayoría absoluta (formalmente, no es una reprobación al secretario general sino a la ejecutiva, que le incluye), Sánchez tendría que irse, se crearía una comisión gestora y el comité federal convocaría un congreso de borrón y cuenta nueva.

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