Los Reyes Magos, expropiados por el secesionismo

El totalismo de los independentistas catalanes vive de la tóxica pretensión de imponer a los demás un pensamiento único, una historia reinventada y un enemigo común

Foto: Venta de 'fanelets' (farolillos rojos) con la estelada para la cabalgata de Vic. (EFE)
Venta de 'fanelets' (farolillos rojos) con la estelada para la cabalgata de Vic. (EFE)

Si además de magia los Reyes Magos de Oriente tienen sentido común, su cabreo alcanzará dimensiones cósmicas a su paso por Vic (Barcelona), donde hoy se van a cruzar con cientos de niños pidiéndoles una república independiente para Cataluña en vez de un coche de bomberos, un disfraz de Anna (y otro de Elsa, claro) o el juguete electrónico de moda.

¿Y quiénes son ellos, recreados una vez al año por la imaginación de los niños cristianos, para sacarse de la manga una república de entrega inmediata a los papás de los niños que decidan acudir a la cabalgata disfrazados de estelada o blandiendo farolillos separatistas?

De fuentes bien informadas hemos sabido del malestar de sus majestades por el subvencionado atropello a su protagonismo histórico. Aunque no han entendido nada, ni falta que les hace, se les ha explicado que quienes les roban el plano son las llamadas 'entidades soberanistas' (asociaciones civiles ligadas a partidos que abogan por la independencia de Cataluña). Una violación en toda regla de la Declaración Internacional de los Derechos del Niño (ONU, 1959).

Se preguntarán, como nos preguntamos todos, en qué mentes averiadas puede haberse forjado la ocurrencia de transformar en acto político una cabalgata de Reyes televisada por TV3, la cadena oficialista. Solo cabe en mentes totalitarias. 'Totalistas', según el concepto recreado en un ensayo de reciente aparición que firma el escritor catalán Miguel Porta Perales (Badalona, 1948).

Como todas las visiones mágicas de la realidad que en el mundo son o han sido, tanto el nacionalismo como la fe en los Reyes Magos tienen fecha de caducidad

Se arremete en el libro contra la concepción mágica de la realidad en que incurren ciertos idearios políticos como el nacionalismo. Tal vez por eso hayan querido aprovechar la coincidencia con la concepción mágica de la realidad del mundo infantil.

Como todas las visiones mágicas de la realidad que en el mundo son o han sido, tanto el nacionalismo como la fe en los Reyes Magos tienen fecha de caducidad. Con una diferencia. La misma que hay entre lo genético y lo biográfico.

Cuando el totalismo está en los genes, la víctima es la libertad individual, la subjetividad o, como dice Porta Perales pensando en los separatistas catalanes, “el pensamiento no subvencionado”. En definitiva, se trata de reivindicar el derecho a decidir de cada individuo. Dicho de otro modo, se trata de respetar el principio de autodeterminación de cada individuo. Y de no permitir que otros piensen por ti.

La concepción fantasiosa de la realidad tiene vida corta en la mente de un niño y cursa sin daños colaterales. Por el contrario, el totalismo de los independentistas catalanes vive de la tóxica pretensión de imponer a los demás un pensamiento único, una historia reinventada y un enemigo común.

Lo específico de esta anomalía es que se hace sin reparar en la razón de edad, que es determinante en la regulación de la vida en común. Está en las leyes y en el pensamiento de los países civilizados. Pero mire usted por dónde, resulta pisoteada por esas mentes totalizantes cuya voracidad expropiatoria ya afecta a los mismísimos Reyes Magos de Oriente.

Al Grano
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