Cuando el fanatismo viaja en autobús

A la plataforma Hazte Oír se les ha regalado un impagable espacio mediático, que aprovechan para arremeter contra el "adoctrinamiento sexual" y negar la dignidad de los transexuales

Foto:  Autobús de la plataforma HazteOír.org, en las calles de Madrid. (EFE)
Autobús de la plataforma HazteOír.org, en las calles de Madrid. (EFE)

Nunca pudieron soñar los fanáticos de Hazte Oír con tanta publicidad para su campaña extraterrestre. Aunque la reacción de quienes arropamos al diferente frente al intolerante ha sido de utilidad pública, a ellos les ha regalado un impagable espacio mediático justamente para “hacerse oír”. Y, de paso, arremeter contra el “adoctrinamiento sexual” (como si la transexualidad fuese el resultado de una determinada orientación educativa) o denunciar que les han secuestrado el autobús porque estamos en manos de una “dictadura gay”.

Iván GilIván Gil

También es verdad que sin esa sana reacción social contra el citado grupo, curiosamente considerado “de utilidad pública” (el expediente se tramitó con Jorge Fernández Díaz al frente del Ministerio del Interior), una inmensa mayoría de ciudadanos aún estarían preguntándose qué demonios se quería vender, qué nuevo producto anaranjado se quería promocionar, y cuál era el misterio publicitario escondido en semejantes lemas: “Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen”.

De momento, el autobús “tránsfobo” está retenido por la Policía Municipal de Madrid. Por vulneración de ordenanzas en materia de circulación y publicidad. Además, el jueves pasado un juez dictó la inmovilización cautelar del vehículo en nombre de la dignidad humana. Eso nos lleva al fondo de la cuestión. No tanto en perspectiva judicial, sino ética.

Una inmensa mayoría de ciudadanos aún estarían preguntándose qué demonios se quería vender y qué se escondía detrás de semejantes lemas

En este caso, vale decir que la ética se judicializa, pues el Juzgado número 42 de Madrid no actúa por supuesta incitación al odio, según el tipo contemplado en el articulo 510 del Código Penal (“conductas que provocan odio, discriminación o violencia”), como se reclamaba, sino porque se está negando y lesionando la dignidad de los transexuales.

Esa es la clave: la dignidad humana como mínimo denominador común a todos los individuos de la especie. Supone reconocer que el prójimo, como nosotros mismos, es dueño de sus actos y de su destino. Cuestión de dignidad humana es respetar que un niño se sienta niña o una niña se sienta niño. Así de sencillo. La mejor forma de contrarrestar la doctrina tóxica del autobús de la discordia.

De la campaña iniciada por Hazte Oír destaca la contundente reacción de la sociedad española contra el fanatismo ultraconservador

Vivimos en un orden jurídico y social que ampara el derecho de una persona a que se reconozca su identidad sexual. Buena ocasión para recordarlo y para seguir educando en el ejercicio de la libertad con responsabilidad, la tolerancia y la fraternidad. Sin necesidad de rasgarse las vestiduras en debates artificiales sobre lo políticamente correcto, la libertad de expresión, la alteración del orden público, las ordenanzas municipales o el viejísimo debate sobre el peso de lo genético sobre lo biográfico, lo innato sobre lo adquirido, o al revés.

Y, por supuesto, sin detectar en la ideas y los actos de Hazte Oír (los que dijeron que “votar a Cristina Cifuentes es votar aborto”) un rebrote de la Inquisición española, como ha hecho Chelsea Clinton. Más bien, todo lo contrario, levantando acta de la contundente reacción de la sociedad española contra el fanatismo ultraconservador.

Puede que las prohibiciones venideras, si se producen, en las ciudades donde este colectivo tiene programado pasear su campaña, amplíe la repercusión del ataque a la dignidad de los niños que nacieron biológicamente niñas y las niñas que nacieron biológicamente niños. No hay tal ataque, según ellos. “El autobús no miente”, dice el presidente de la asociación, Ignacio Arsuaga, que apela a la libertad expresión. “¿Por qué está prohibido decir que los niños tienen pene?”, se pregunta.

Sin embargo, hay un efecto beneficioso. Su insistencia en proseguir la campaña, retocando la literalidad de los mensajes ahora ya nos pilla con la intención de los lemas descifrada, las siglas LGTB traducidas, los antecedentes sabidos y el Código Penal rastreado, por si hubiera forma de empapelar judicialmente a estos trogloditas de la condición humana.

Al Grano

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