Más ropa sucia en la lavadora de Rajoy

¿Cómo va a combatir las malas prácticas de los servidores públicos quien arrastra la sombra de haber incurrido en ellas, por pequeñas que sean o parezcan?

Foto: El fiscal jefe anticorrupción, Manuel Moix. (EFE)
El fiscal jefe anticorrupción, Manuel Moix. (EFE)

Alguien será nadie en la clase dirigente española si no tiene una cuenta en Panamá: Ignacio González, el exministro Soria, Miguel Blesa, Rodrigo Rato, Hernández Mancha, González Panero (el 'Albondiguilla')… Y ahora Manuel Moix, con apenas tres meses en el cargo de fiscal anticorrupción, Por citar solamente los que de uno u otro modo llevan su nombre vinculado a las siglas del partido de Mariano Rajoy o sus gobiernos. Más trabajo para la sobrecargada lavadora de ropa sucia de sus armarios.

Le toca pasar por la colada al fiscal Moix. No por haber heredado de su padre la cuarta parte de un inmueble a nombre de una sociedad registrada en Panamá. Al fin y al cabo, esa decisión no la tomó el hijo. Pero el hijo ha heredado una mala práctica fiscal del padre, fallecido en 2011. Y durante los seis años transcurridos no ha tenido tiempo o voluntad de blanquear ese legado. No solo ante las autoridades fiscales, pues dice que “todo está declarado y legalizado”. También, y sobre todo, ante sus superiores. No lo hizo y, a balón pasado, lo considera un error.

“Es indudable que calculé mal la posible repercusión”, añade. Y tanto. A la vista del historial del asunto, es evidente que, por razones aún no aclaradas, el padre creó una empresa 'offshore' en Panamá a fin de mantener oculta la titularidad de una propiedad inmobiliaria. Esa conducta poco santa ensombrece la figura de quien, en el ejercicio del cargo, está obligado a ser ejemplar. Y a parecerlo. Lo cual está reñido con la sospecha de que Moix no lo es. ¿Cómo va a combatir las malas prácticas de los servidores públicos quien arrastra la sombra de haber incurrido en ellas, por pequeñas que sean o parezcan?

La derivada política apunta hacia el Gobierno y el PP, que siguen dando cuartos al pregonero sobre los escándalos que crecen a su alrededor. El mismísimo presidente Rajoy, en desliz impropio de su experiencia, entra en el circuito informativo con una expresa declaración de confianza en el fiscal Moix. Un modo de alimentar a quienes le acusan de poner las instituciones a su servicio y no mantener la neutralidad en los nombramientos. Que había pisado un charco quedó claro cuando ayer otros miembros del Gobierno, con la vicepresidenta al frente, matizaron que este nombramiento corresponde al fiscal general del Estado y, por tanto, no le toca a Rajoy confiar o dejar de confiar en Moix.

Como si Rajoy no tuviera bastante con su molesta cita judicial del 26 de julio para testificar sobre el caso Gürtel. En vivo y en directo. Es la comidilla política y mediática de moda. Unos lo ven como un embate político contra la imagen del presidente en modo 'pena de telediario'. Ahí está su propia gente, intentando impedir con excusas tontas (logística, seguridad, agenda…) su presencia física ante la sala de la Audiencia Nacional.

Más lúcido ha estado el propio presidente al ponerse a disposición del tribunal. Ve su comparecencia como un acto de normalidad. Es justamente lo que se espera de tan alto funcionario público. Y así ha de verse lo que muchos valoran como un trance incómodo, complicado, que puede perjudicarle. Craso error. Es una excelente ocasión de que Rajoy actúe como un ciudadano especialmente obligado a dar ejemplo de colaboración incondicional con la Justicia. Así podrá dejar clara su posición junto a las instituciones llamadas a combatir la corrupción. Caiga quien caiga, como tantas veces ha pregonado en su esfuerzo por hacerse creíble en la lucha contra la inmoralidad en la vida pública.

Acertarán en Génova y Moncloa si logran hacer de la necesidad virtud.

Al Grano
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