Rajoy, estabilizado, con la sombra negra de Cataluña

En la espuma de los últimos días quedaba el vago recuerdo de los aspavientos de Pedro Sánchez reclamando la inmediata dimisión del presidente del Gobierno

Foto: El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su comparecencia en la Moncloa para hacer balance del curso político. (EFE)
El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, durante su comparecencia en la Moncloa para hacer balance del curso político. (EFE)

Dice la señora Antonia, mi querida madre, 101 años, seguidora impenitente de Ferreras, y lo lamenta por él, que ha visto a Rajoy muy crecido respondiendo a los periodistas en Moncloa antes de irse de vacaciones. No es la primera vez que me da hecha la columna mientras mira la tele. Amén, mamá.

Al revés que en su cita del miércoles con la Audiencia Nacional, el presidente del Gobierno se apoyó en la contabilidad (la del Estado) como resorte de la política. Las palancas de la recuperación económica (“empleo, crecimiento y competitividad”) sirvieron para vencer los esfuerzos desestabilizadores inspirados en el sectarismo y “las políticas de escaparate”.

Eso es lo que nos vino a decir en su balance de nueve meses al frente del Ejecutivo alumbrado a finales del año tonto (2016). Con recado especialmente dirigido al PSOE, que lo propició a finales de octubre y ahora lo reprueba con “ansiedad”. Con ansiedad y sin resultados porque “la ansiedad es mala consejera” y porque “todo lo exagerado acaba por ser irrelevante”.

En la espuma de los últimos días quedaba el vago recuerdo de los aspavientos de Pedro Sánchez reclamando la inmediata dimisión de Rajoy, ya mismo, “esta misma mañana”, por haber toreado una vez más a los españoles con su poco creíble relato sobre la financiación ilegal del PP.

Conviene recordar que la dimisión de Rajoy es una propuesta de Sánchez que llega con cuatro años de retraso sobre la que ya formuló Pérez Rubalcaba

Sin embargo, ni una sola pregunta de los periodistas se hizo eco de tan ruidosa propuesta. Se entiende porque, como la moción de censura que no se le cae de la boca a los dirigentes de Podemos, la iniciativa socialista también ha entrado devaluada en los circuitos políticos y mediáticos.

Conviene recordar que la reclamada dimisión de Rajoy es una propuesta de Sánchez que llega con cuatro años de retraso sobre la que ya formuló su antecesor, Pérez Rubalcaba, ante evidencias mucho más clamorosas de corrupción en torno a la contabilidad del PP. Como los famosos SMS de Rajoy a su tesorero, Luis Bárcenas. “Solo por eso debería irse”, le dijo el entonces líder del PSOE en un pleno monográfico sobre la corrupción en agosto de 2013.

"No es lo que me trae cansado / este camino de ahora / No cansa una vuelta sola / cansa el estar todo el día, y día tras día, dando vueltas a la noria"

Desde entonces, el actual presidente del Gobierno ha sobrevivido a dos elecciones generales, al ruido de moquetas de gente propia que quiso liquidarle (hace un año por estas fechas), una sesión de investidura del adversario Sánchez, una moción de censura con Iglesias Turrión de candidato alternativo, unos Presupuestos Generales aprobados por los pelos, pero aprobados, para el año 2017 y, según todas las señales, también para el año 2018, lo cual garantiza estabilidad gubernamental al menos para superar el ecuador de la Legislatura.

No me extraña que el instinto de mi madre haya visto crecido a Rajoy en su rueda de prensa del viernes, después del Consejo de Ministros. Solo en punto a su salud política, respecto a la que se atribuye “ilusión y ganas de seguir".

Pero no se ha desvanecido ni mucho menos la sombra negra del desafío sedicioso planteado por Puigdemont y sus costaleros independentistas, de lo que haré a mis lectores la caridad de aplicarles la queja de León Felipe: “No es lo que me trae cansado / este camino de ahora. / No cansa una vuelta sola. / cansa el estar todo el día, y día tras día, dando vueltas a la noria".

Al Grano

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