Sánchez y la mala hierba del plurinacionalismo

Con el enfrentamiento de la Generalitat con el Gobierno central, ha puesto en la historia de nuestros días la semilla de una mala hierba. El nacionalismo es una patología. Solo ha traído desgracias

Foto: El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)
El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez. (EFE)

El secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, alzó ayer en Sevilla (también en Sevilla), ante los socialistas andaluces apiñados en torno a Susana Díaz (91% de los votos para una ejecutiva sin huella de sanchismo), la bandera de la España 'plurinacional'.

Será mucho decir que ha envenenado el debate al introducir en los circuitos políticos y mediáticos un concepto tan equívoco. Así que vamos a dejarlo en que, con el enfrentamiento de la Generalitat con el Gobierno central en todo lo alto, como consecuencia de las pretensiones separatistas del nacionalismo catalán frente al derecho del Estado a la legítima defensa, ha puesto en la historia de nuestros días la semilla de una mala hierba: la del plurinacionalismo.

El nacionalismo es una patología. Solo ha traído desgracias. Algo más que esa enfermedad infantil de la que hablaba Einstein. Muchos de los países de nuestro entorno llevan las marcas del mal. También el nuestro. El sarampión es muy contagioso. Y en los adultos puede ser letal. Nos creíamos vacunados después de 40 años de nacionalismo español y otros casi 40 de una España descentralizada (titulo VIII de la CE) con niveles de autogobierno jamás soñados por nuestros nacionalismos clásicos (catalán y vasco). Pero no.

El nacionalismo es una patología. Solo ha traído desgracias. Algo más que esa enfermedad infantil de la que hablaba Albert Einstein

El gol de Iniesta (julio de 2010) pudo menos que el humillante acceso de Artur Mas al Parlament en helicóptero (junio de 2011), ante la crisis que se nos venía encima. La sobredosis de autoestima de los españoles que se sienten españoles no reparó en la venganza de Mas. Puso la bandera independentista en las manos de quienes hasta entonces bramaban en la calle su indignación por los recortes. He ahí el origen del verano caliente que se avecina entre el Gobierno del Estado y el nacionalismo reinante en la Generalitat.

Al malestar de los catalanes por las apreturas económicas respondió Artur Mas con una irresponsable y alocada carrera hacia la Cataluña como unidad de destino en lo universal, a imagen y semejanza del viejo nacionalismo español en versión falangista. Cataluña se llenó de esteladas mientras España afrontaba una seria crisis de credibilidad en sus instituciones. Pero el gol de Iniesta no tapó el desgaste de materiales que sufrieron y sufren la democracia del 78, la UE, el Estado del bienestar, la clase política, la España de las Autonomías, etc.

Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)
Manifestación a favor de la independencia de Cataluña. (Reuters)

Y en este punto nos echamos las manos a la cabeza ante las propuestas que tienden a reanimar “las dos viejas tentaciones que creíamos haber superado: la tentación centralista y la tentación secesionista”. El entrecomillado pertenece a la 'Declaración de Granada', aprobada por unanimidad el 6 de julio de 2013 y firmada por todos los barones regionales del PSOE, incluido el líder catalán (entonces, Pere Navarro).

Allí quedó enterrado el “derecho a decidir” (una herramienta del nacionalismo para, una vez conseguida, intentar un Estado propio las veces que haga falta), que hasta entonces había defendido el PSC. Y allí quedó enterrado también el concepto jurídica y políticamente indeterminado de la “España plurinacional”, cuya patología es la España plurinacionalista. Incluido el nacionalismo español, por supuesto, por ahora acogido a la legislación vigente y encogido en esos complejos e inseguridades de los que el jueves pasado hablaba el socialista Nicolás Redondo Terreros (“España penitente”, 'El Mundo'). Pero puede despertar en su versión más emocional y menos acomplejada, más étnica y menos civil de lo que está siendo hasta ahora.

En la 'Declaración de Granada', quedó enterrado el concepto de la “España plurinacional”, cuya patología es la España plurinacionalista

¿Nacionalismo español, junto a otros nacionalismos (cuántos, cuáles) sobre el mismo territorio?

Esto dice el catecismo socialista desbordado por Sánchez con su España plurinacional: “El triunfo de cualquiera de esos dos proyectos antagónicos, el que pretende recentralizar España y el que pretende desmembrarla, desataría de nuevo todas las tensiones territoriales que durante demasiado tiempo hicieron imposible la convivencia en libertad de los pueblos de España”.

Al Grano

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