Traición o martirio, el dilema de Puigdemont

El 'president' de la Generalitat está obligado a elegir entre la marcha atrás y la cárcel, el martirio o la traición a los que soñaron una Cataluña grande y libre

Foto: Grafiti en una parada de autobús en Barcelona donde se lee Puigdemont traidor. (Reuters)
Grafiti en una parada de autobús en Barcelona donde se lee "Puigdemont traidor". (Reuters)

Una vez más, todos a correr detrás de la liebre que esta tarde suelte en el Parlament Carles Puigdemont, obligado a elegir entre la marcha atrás y la cárcel, el martirio o la traición a los que soñaron una Cataluña grande y libre.

Aunque el pleno de esta tarde se relaciona con la anunciada aplicación del artículo 155 de la Constitución y sus efectos, las expectativas van más allá, en medio de la tensión reinante en el bloque independentista. Todas siguen abiertas después de unas frenéticas horas de reuniones a varias bandas (políticas, sociales, económicas), llamadas telefónicas, gestiones mediadoras de último recurso, intercambio de mensajes con actores del bloque constitucional (básicamente socialistas), etc.

¿Declaración de independencia? ¿Elecciones? ¿Decisión diferida a lo que ocurra mañana en el Senado (se vota sobre el citado 155)? ¿Otra larga cambiada mirando al tendido internacional para devolver la pelota a Moncloa en nombre del 'diálogo'? (En boca de los independentistas la palabra ha de ir necesariamente entrecomillada).

Tengo escrito que todo lo relacionado con el 'procés' escapa a los códigos de la razón e invade los viscosos ámbitos del sueño. Por tanto, no cabe el análisis sino la apuesta. Ahora la pelota está en el tejado de Puigdemont y vaya usted a saber hacia dónde la va a despejar. Dice su número dos, Oriol Junqueras, hablando “en nombre de ERC” y no de la Generalitat —el matiz es importante—, que habrá declaración de independencia y proclamación de la república catalana, en respuesta al intervencionismo de Moncloa, que el Govern piensa recurrir ante el Tribunal Constitucional. “No nos ha dejado otra opción", decía ayer.

Sus aliados de la CUP aplauden con las orejas y convocan a su gente para celebrarlo, pero entre los cuadros dirigentes del bloque soberanista, especialmente en el PDeCAT, crece la presión sobre Puigdemont en un intento de hacerle desistir.

Además del aislamiento internacional, la fuga de las empresas y el despertar del españolismo, la fractura interna del independentismo aparece como un nuevo obstáculo en el camino hacia la ruptura con España. Los sectores más moderados tratan de convencer a Puigdemont de que la mejor opción es la convocatoria de unas elecciones autonómicas que hicieran innecesaria la aplicación del 155. Sin declarar expresamente la independencia, el Govern las consideraría 'constituyentes' solo a efectos declamatorios. O sea, sin vinculación formal a leyes declaradas inconstitucionales. Es la raya roja de los mediadores socialistas (PSC, se entiende) para ver en esa convocatoria electoral ese “retorno a la legalidad” que reclama el Gobierno.

Por este escenario trabajan Pedro Sánchez y Miquel Iceta, actores fundamentales en el pacto del 155. Y tal vez sea el escenario ideal para el Gobierno aunque, a diferencia de su aliado constitucional, no pueda decirlo en público, so pena de parecer arrollado de nuevo por la osadía del nacionalismo. Ambigüedad más que osadía, en este caso, pues nadie cree seriamente que Puigdemont termine haciendo una declaración expresa de acatamiento a la legalidad.

El presidente de la Generalitat podría dar por hecho su trabajo, al que se comprometió tras la caída de Artur Mas, con la llamada a unas terapéuticas elecciones sin declarar expresamente la desconexión con España. Así volvería a poner la pelota en el tejado de Rajoy, que entonces tendría muy difícil aplicar el 155 con el PSOE en contra.

Al Grano

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