La fractura del independentismo se hace pública

La aparente unidad independentista ha saltado por los aires. Hasta el punto de provocar la rendición viral de Puigdemont: “Nos han sacrificado los nuestros. Al menos, a mí”

Foto: El presidente del Parlament, Roger Torrent. (EFE)
El presidente del Parlament, Roger Torrent. (EFE)

El patriotismo resultó ser instrumental en la lucha por el poder dentro del bloque independentista. Lo dicen los acontecimientos de las últimas horas. Causa instrumental en pugna de menor cuantía entre las dos facciones del nacionalismo: republicanos de Junqueras y neoconvergentes de Marta Pascal.

Por desprendimiento ocasional de ERC o PDeCAT también operan los costaleros de Puigdemont. Grandes enredadores que, en nombre de la Cataluña como unidad de destino en lo universal, siguen predicando el poder salvífico de los votos frente al 155, los autos del juez Llarena, las resoluciones del TC y otros cantes del represor Estado español.

La 'lista del president' fue marca improvisada, inscrita para la ocasión del 21-D con el nombre de Junts per Catalunya, pero teóricamente integrados en la disciplina del PDeCAT. Su primera figura es el mismo que en la noche del 25 de octubre, como presidente de la Generalitat, citó a los dirigentes de ERC para comunicarles que al día siguiente convocaría elecciones porque así impedía la aplicación del 155.

En nombre de Cataluña siguen predicando el poder salvífico de los votos frente al 155, los autos del juez Llarena, las resoluciones del TC...

Fue entonces cuando los dirigentes de ERC pusieron el grito en el cielo. No estaban dispuestos a echar el freno después de haber llegado tan lejos, con las leyes de desconexión aprobadas y un referéndum celebrado a mayor gloria del derecho a votar, como paso previo a la proclamación de la república. Su secretaria general, Marta Rovira, alzó la voz para advertirle de que si convocaba elecciones, en vez de hacer lo que tocaba, ella sería la primera en llamarle traidor. Y el diputado Rufián le acusó de querer venderse por 155 monedas.

Cómo han cambiado las tornas. Ahora son los republicanos los que se sienten extorsionados por el narcisismo de Puigdemont, que ellos mismos alimentaron al empujarle a la infausta declaración de la república catalana, "como Estado independiente y soberano”, aquel 27 de octubre. Pero Rufián ya no le dice lo mismo al presidente del Parlament, Roger Torrent, que se ha atenido a la prohibición del TC ante la eventual puesta en escena de un pleno para investir a Puigdemont por persona interpuesta.

Ahora son los seguidores de este —y no digo los de su partido porque mentiría— quienes llaman “cagados” a los diputados de ERC que el martes por la noche abandonaban el recinto del Parlament tras la fallida sesión.

La fractura se hizo pública. Vean ustedes la crida de ANC: “Hoy más que nunca debemos estar al lado de nuestro presidente Puigdemont y del presidente del Parlament, Roger Torrent”. Pero lo que es bueno para uno ya no lo es para el otro. Lo que ha hecho Torrent es tirar de la cuerda sin romperla. Ganar tiempo. Aunque no está dispuesto a afrontar las consecuencias penales de las que ha sido advertido. ¿A la cárcel solo por alimentar el narcisismo de Puigdemont? Ni de coña.

La aparente unidad independentista ha saltado por los aires. Hasta el punto de provocar la rendición viral de Puigdemont: “Nos han sacrificado los nuestros. Al menos, a mí”. Por fin, aunque tardío, un rasgo de lucidez en la cabeza de Puigdemont, sabedor de que, antes o después, su gente buscará un candidato para gobernar desde el primer día volviendo a la política de las cosas.

Al presidente 'legítimo' se le agotan las reservas de adrenalina. “Esto se ha acabado”, le ha dicho a un compañero de viaje. Pero sin apearse de su vanidad. Como si su sacrificio fuese el precio de la libertad de los cuatro encarcelados en Estremera.

Nada de eso. Su sacrificio responde a que sus competidores de ERC, con el asentimiento del PDeCAT de Pascal, han descubierto que provocar al Estado es la fuente de sus desgracias. Que nos les interesa una Cataluña atrapada en el agujero de la incertidumbre y la ingobernabilidad. Y por eso ya asumen en público lo que antes decían en privado. Que su aversión a la cárcel y al 155 puede más que cien pájaros volando en la cabeza de Puigdemont.

Al Grano

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