Los partidos enseñan sus cartas en el Congreso

El Gobierno se muestra a la defensiva, en modo resistencia pasiva, mientras se siguen acumulando los problemas pendientes

Foto: El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno. (EFE)
El jefe del Ejecutivo, Mariano Rajoy, durante su intervención en la sesión de control al Gobierno. (EFE)

En el primer pleno de control después del parón parlamentario de invierno, los partidos enseñaron sus cartas. Con valor meramente declarativo. Es lo suyo en estas sesiones de los miércoles. Viveza premeditada para la tele, canutazos de pasillo, teatro, falsedad bien ensayada, estudiado simulacro. Poco más.

Y el Gobierno, a la defensiva, siempre a la defensiva, siempre jugando con negras, vuelve a mostrarse en modo resistencia pasiva. Entretanto, se siguen acumulando problemas pendientes (Cataluña, financiación autonómica, PGE de 2018, pensiones, RTVE, modelo energético, política del agua…) sobre una legislatura que arrastra los pies bajo el signo de la inestabilidad y una escasa producción de leyes.

El PSOE de Sánchez bracea por recuperar su perfil ideológico. En el Congreso, por medio de Margarita Robles. Ayer fue la voz de los socialistas al servicio de un principio clásico de la izquierda: la igualdad. De ahí su reproche al Gobierno por no haber hecho nada, a pesar de un compromiso anterior, por reducir las distintas brechas salariales. No solo la de hombre-mujer.

Cataluña ha sido el trampolín de Cs y Rivera lo usa descaradamente en su pugna con el PP por la hegemonía en el espacio de centro derecha

Veinticuatro horas antes, su jefe político, Pedro Sánchez, sin derecho a escaño, había explicado a los parlamentarios socialistas que la lucha contra la desigualdad será una de las tres patas de su programa para el periodo de sesiones que acaba de iniciarse. Las otras dos, recuperación económica y regeneración democrática. El adversario, perfectamente localizado en un PP “vacío de ideas y lleno de corrupción”, había dicho el martes.

Encantados de haberse conocido, tras su avance en las encuestas, Ciudadanos sigue alimentándose del conflicto catalán. Lógico. Ha sido el trampolín y Albert Rivera lo usa descaradamente en su pugna con el PP por la hegemonía en la demarcación del centro derecha. Con una acusación poco creíble contra el Gobierno. No haber hecho lo suficiente por impedir el desvío de dinero público al servicio de la causa independentista.

Nadie se imagina a Rajoy tolerando que dineros del FLA (Fondo de Liquidez Autonómico) no fueran a proveedores sino a financiación del 1-O. Así que el interpelado lo tuvo fácil: “Se equivoca usted de adversario”.

No es la primera vez que desde Moncloa o Génova se reprocha al líder del partido naranja que sea más agresivo contra el PP que contra los verdaderos causantes del conflicto. La documentada fuga de votantes hacia Ciudadanos se ha convertido en un dolor de cabeza del estado mayor de Rajoy.

Más discreta es la preocupación en el PSOE, de cuyo caladero también se esta nutriendo el partido de moda. De hecho, entre los dirigentes socialistas se explayan sobre la inexperiencia, la escasa preparación y falta de tejido organizativo en Ciudadanos. Uno de esos dirigentes me dice que “Albert Rivera no deja de ser un producto de los tabarnios”.

Iglesias recurrió a la hemeroteca como pedrada política contra el Gobierno por la corrupción en el PP, al hilo de la confesión judicial de Ricardo Costa

Por su parte, Podemos eligió la corrupción como elemento de crítica al Gobierno, aprovechando la confesión judicial del ex dirigente regional Ricardo Costa sobre la financiación ilegal del PP en Valencia. Fue la prueba de cargo, pero la idea era clavetear la imagen de un partido cuyas siglas van asociadas a numerosos escándalos. Solo tuvo que hurgar en la herida. Le bastó recurrir a la hemeroteca como pedrada política, a riesgo de que Rajoy también la hubiera usado para reprocharle su “contorsionismo” verbal para eludir la palabra España o su elogio público a la lucidez de ETA por advertir que el poder seguía en las mismas manos después de 1978.

No hizo eso Rajoy. Se limitó a endosarle el síndrome de un Torquemada más motivado por la corrupción del PP con efecto retroactivo que por el empleo y el desafío soberanista.

Al Grano

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