El independentismo se rompe por arriba

Es cuestión de tiempo, de poco tiempo, que ERC rompa formal y públicamente con JxCAT

Foto: El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent, se dirige a la reunión semanal de la Mesa del Parlament. (EFE)
El presidente de la Cámara catalana, Roger Torrent, se dirige a la reunión semanal de la Mesa del Parlament. (EFE)

Los intereses de Junqueras y Puigdemont ya no son los mismos. Han entrado en conflicto fratricida por persona interpuesta. Es el presidente del Parlament, Roger Torrent, a cuyos pies dejaron la llave del conflicto los juristas de la Cámara y los magistrados del Tribunal Constitucional al parar el reloj del tiempo previsto para repetir elecciones si no se forma Gobierno.

Torrent toma iniciativas consecuentes con el compromiso de reponer al presidente 'legítimo' siempre que esas iniciativas no merezcan el reproche penal de los jueces. Por ejemplo, el anuncio de reclamar ante el Tribunal de Estrasburgo el derecho de Puigdemont a la participación política. Por eso nadie va a meter en la cárcel a Torrent.

Pero al tiempo se abstiene de tramitar una reforma del reglamento parlamentario, reclamada por los costaleros de Puigdemont para que este pueda ser investido a distancia, porque si la tramitase sí traería causa de su empapelamiento judicial. Como le ocurrió a su antecesora, Carme Forcadell. Y por ahí no pasa.

El independentismo se rompe por arriba

Tanto el anunciado recurso ante el Tribunal de DDHH como la negativa a tramitar la reforma reglamentaria han puesto de los nervios a los de la 'lista del president', que ven cómo se les cierra el camino para dotar de poder efectivo al cabecilla del grupo itinerante. Pero Torrent está claramente alineado con su jefe político, Oriol Junqueras, quien ya ha dicho a su gente desde la cárcel que eso es imposible. Si aún no se atreven a declararlo en público es por miedo a ser tachados de 'botiflers'.

A diferencia de quienes juegan con red —de momento—, como Puigdemont y compañeros de viaje, entre aquellos es mayor el miedo a la cárcel y a más imputaciones judiciales. Es cuestión de tiempo, de poco tiempo, que ERC rompa formal y públicamente con JxCAT.

La pinza de ERC y el Tribunal Constitucional se va cerrando sobre los autodesterrados de Bruselas. La fractura del bloque independentista ya es un hecho. El narcisismo tribal de Puigdemont y sus compañeros de viaje se agota como se agotan las fuerzas del fondista después de un maratón. Saben que el 155 sólido le ha ganado la partida a los planes gaseosos de la desconexión con España. Y que el 'procés' ha muerto, aunque ninguna de sus cuatro partes contratantes (ERC, PDeCAT, JxCAT y CUP) firma el acta de defunción.

Una vez más en la historia, la identidad soberana de Cataluña ha vuelto a ser un producto de la imaginación de los separatistas en su fallido esfuerzo por adaptar la realidad a sus necesidades. El síndrome del 'ficcionalismo', inspirado en Vaihinger y muy bien descrito por Miguel Porta Perales, volvió a apoderarse de quienes se han venido comportando como si la mayoría de los catalanes deseasen la independencia.

Es la filosofía del 'como si'. Como si la desconexión fuera una inagotable fuente de bienes sin mezcla de mal alguno, como si Cataluña ya fuera independiente, como si la reposición de Puigdemont fuese un clamor incluso entre los independentistas, como si las elecciones autonómicas hubieran sido plebiscitarias, como si los votos curasen las imputaciones judiciales, como si se pudieran reventar impunemente los marcos legales...

Ahora estamos ante el último desencuentro entre ERC y JxCAT, y nadie garantiza que vaya a ser el último antes de reconocer de una vez por todas que Puigdemont no volverá a la presidencia de la Generalitat porque está abocado a la cárcel o al autodestierro. A la inhabilitación para el cargo, en todo caso.

Al Grano
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