El fantasma de Waterloo y la farsa interminable

Un expresidente de la Generalitat empeñado en repetir porque su renuncia es "provisional". Llegará el desencanto anunciado en los sondeos y el trono de Waterloo será una broma pesada de sus palmeros

Foto: Fachada de la mansión donde se aloja Carles Puigdemont. (EFE)
Fachada de la mansión donde se aloja Carles Puigdemont. (EFE)

El farsante de Waterloo me recuerda al fantasma de Canterville, perseguido a gorrazos por los niños y hazmerreír de los habitantes del castillo. Va camino de acabar igual, pero con menos gracia que la famosa criatura de Oscar Wilde.

Carles Puigdemont da positivo en trastornos disociativos de la personalidad. El sujeto convive con fuertes incongruencias sin ser consciente de ello. Según algunos psicólogos, a veces cursa como mecanismo de defensa. No lo sé. Pero tiene seriamente dañados los conectores con la realidad. Eso es seguro.

"Un saltimbanqui haciendo volatines por Bruselas". Así lo definió Rubalcaba. Dejémoslo en farsante con palmeros. Yo sé bien que estoy afuera, no tengo trono ni reina, hago siempre lo que quiero y mi palabra es la ley, porque sigo siendo el rey, etc. Es su banda sonora. Un cetro de mentiras. El rey está desnudo. Alguien se lo dirá. Antes o después le llegará el desencanto anunciado en los sondeos y el trono de Waterloo quedará en broma pesada de sus palmeros. Ciertos diputados de JxCAT, no todos.

Puigdemont da positivo en trastornos disociativos de la personalidad. Según los psicólogos, a veces cursa como mecanismo de defensa

Un expresidente de la Generalitat empeñado en repetir porque su renuncia es "provisional". Seguirá ejerciendo, dice, con mando a distancia, al frente de un gaseoso Consejo de la Republica. Por una Cataluña como unidad de destino en lo universal. Es volver a las andadas. Y eso significa seguir bloqueando la recuperación del autogobierno mientras se atiza el enfrentamiento civil, el ridículo internacional y el retroceso económico.

Es verdad que se rinde al 155 al asumir que se le cierra el paso hacia la investidura, por ahora a favor de Jordi Sánchez, figura clave en la trama civil del golpe separatista, por lo que sigue en prisión. O sea, "inelegible" sin autorización del juez, según doctrina del TC. A ella se rinde. Y al tiempo pretende prolongar el desafío, imponer el pensamiento nacionalista a los adversarios y volver a poner a prueba al Estado.

Jordi Sánchez es figura clave en la trama civil del golpe separatista, por lo que sigue en prisión. Si no lo autoriza el juez sería "inelegible"

Si Puigdemont da positivo en desequilibrios mentales, el Estado dará negativo en flojera institucional frente a quienes lo atacan. Los líderes independentistas lo saben, aunque hagan como si no lo supieran cuando se endosa a los cuatro diputados del PP en el Parlament un "golpe de Estado contra el pueblo catalán". En todo caso, los jueces se lo van a recordar. Y eso afecta especialmente al presidente del Parlament, cuya actuación está siendo mirada con lupa por la Fiscalía y la Abogacía del Estado.

A Roger Torrent (ERC) le temblaron las piernas ante el fantasma de Waterloo. No confirma las señales de racionalidad mostradas en su acceso al cargo. Entonces no parecía dispuesto a afrontar las consecuencias penales de las que había sido advertido. Ni hablar de ir a la cárcel por alimentar el narcisismo del personaje. Por eso impidió un pleno fraudulento. No quiso incurrir en desobediencia al Tribunal Constitucional (medidas cautelares). Ahora corre ese riesgo, a mayor gloria de un napoleoncito en delito flagrante y permanente reiteración delictiva.

Podría frenarse lo que el propio Torrent había considerado como desenlace inevitable hacia un gobierno legal y "efectivo", que no genere nuevas responsabilidades judiciales, vuelva a la política de las cosas y desactive el 155. Aunque no está claro. Atentos a la pantalla porque no faltan señales de serias discrepancias dentro del bloque independentista.

Lo vivido este jueves pueden ser nuevos palos de ciego, como se ve en el rebrote de autoestima en ERC, que propone a Junqueras como candidato

Nadie garantiza que lo vivido este jueves no sean más palos de ciego. Ahí está el rebrote de autoestima en ERC, donde se alega que, puestos a restaurar la violada legitimidad de la Generalitat, si el número uno da un paso atrás es el número dos, Oriol Junqueras, quien debe reemplazarle. El portavoz de su grupo, Sergi Sabriá, advierte de que Sánchez solo es el candidato de JxCAT y que las negociaciones siguen abiertas. Ya veremos, pues, si reúne o no los apoyos necesarios en la nueva ronda de consultas que el lunes abrirá Torrent con los jefes de fila.

Al Grano
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