Opinión: La CUP y el juez Llarena unidos por la espalda. Blogs de Al Grano

La CUP y el juez Llarena unidos por la espalda

El juez instruye un supuesto de ilegalidad, mientras que la CUP destruye una causa patriótica por falta de arrojo para usar el desacato y la unilateralidad como lanzaderas

Foto: Marta Rovira en una foto de archivo. (Reuters)
Marta Rovira en una foto de archivo. (Reuters)

En el accidentado camino hacia la Cataluña grande y libre los 'indepes' han topado con un doble e insalvable muro. El juez Llarena y la CUP. Unidos por la espalda frente a una misión imposible, el juez los quiere dentro de la ley y la CUP los quiere fuera. El juez instruye un supuesto de ilegalidad, mientras que la CUP destruye una causa patriótica por falta de arrojo para usar el desacato y la unilateralidad como lanzaderas.

Ambos causan estragos en las filas del independentismo. Sus propios tutores se van. A la cárcel y a la deserción. La secretaria general de ERC, Marta Rovira, se suma a la lista de desertores. Para poder "alzarse contra el Estado" sin que el Estado pueda alzarse contra ella, como se alzó ayer contra Romeva, Forcadell, Turull, Rull y Bassa, que ya duermen en prisión.

Escapó a Suiza en vísperas de ser procesada por rebelión. No se sintió concernida por el ataque de dignidad del candidato Turull, que en la fallida sesión de investidura del jueves dijo preferir ser "víctima de una injusticia" antes que desentenderse. Lo explica Rovira en una carta, como hacen los suicidas antes del ahí os quedáis. A sus desavisados compañeros de partido y seguidores en general se les puso cara de tontos. Ha sido insolidaria con la suerte de Turull, al que tanto el juez como la CUP le han negado cualquier posibilidad de salir investido. Ni en primera ni en segunda vuelta.

Los soldados descubrieron que sus capitanes hacían teatro y marchaban a la deriva. Sin norte y sin guía. Entonces vino el gran Leviatán (ley, 155, tribunales) y los devoró a todos. La cárcel, el autodestierro y distintas formas de deserción. Paso atrás o al lado, referencias al carácter "simbólico" de sus planes. La renuncia al escaño, retirada de la política, oportunistas compromisos de ser respetuosos con la ley a partir de ahora o el dónde hay que firmar para certificar que no íbamos en serio.

Lo dijo Inés Arrimadas, la dirigente catalana de Ciudadanos en el debate del jueves: "A nosotros nos insultan, a los suyos les mienten". La peor mentira de un patriota es la simulación. Se nota en que deja de serlo al llegar las duras y mostrarse incapaz de asumir las responsabilidades de sus actos. De "profunda insolidaridad con sus compañeros" lo califica el expresidente del Gobierno, Felipe González.

Puigdemont en una conferencia en la Universidad de Helsinki. (EFE)
Puigdemont en una conferencia en la Universidad de Helsinki. (EFE)

Les temblaron las piernas a las puertas del juzgado y de la cárcel. Ahí empieza a flaquear su compromiso con la causa. Ocurrió en su día con el gran hacedor de la fallida república catalana, hoy conocido como el fantasma de Waterloo, que huyó con su fe republicana a una insigne monarquía europea. También desertó la inefable activista de la CUP, Anna Gabriel, cuya insobornable fe anticapitalista se instaló en la cuna del calvinismo, mientras los suyos se quedaban montando la barricada del caos contra el Estado. En eso consistió la apresurada postulación de Turull, un minuto antes de que el juez Llarena lo procesara por rebelión. ¿Imaginan ustedes la que se hubiera liado si ayer el juez hubiera encarcelado al presidente electo de la Generalitat?

Esta pregunta ya se la hicieron en Zarzuela cuando planeó la posibilidad de que Puigdemont fuera investido a distancia y el Rey hubiera tenido que firmar el nombramiento. Ahora Felipe VI le debe un favor a los cuatro diputados anticapitalistas, que fueron decisivos en la derrota del candidato. El auto de procesamiento del juez Llarena del (25 procesados, 13 de ellos por rebelión) ha terminado de descabezar el 'procès'.

Ahora Felipe VI le debe un favor a los cuatro diputados anticapitalistas, que fueron decisivos en la derrota del candidato

Lo del juez se venía venir, en el contexto de una instrucción por querellas de la Fiscalía a raíz de la ilegal declaración de independencia. Lo de la CUP, también. Ni de lejos se planteó este partido apoyar a un "autonomista" que viene del pujolismo y que en su discurso de investidura ni se atrevió a mencionar la aspiración separatista. Ni media palabra sobre el avance hacia la República independiente de Cataluña.

La abstención de la CUP chafó la investidura de Turull y el candidato quedó a los pies de los caballos. Es decir, con un pie en la cárcel. El viernes por la noche ya tenía los dos.

No habrá segunda votación pero el calendario ha empezado a correr. Todo parece indicar que la hoja de ruta de los separatistas ha caducado. No tienen otra. Disponen de dos meses en el rincón de pensar. El mismo tiempo que se nos concede a los demás para seguir haciendo quinielas. ¿Nuevas elecciones en julio?

Puede ser.

Al Grano

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