Unidad 'por pelotas' en el partido de Iglesias

El líder de Podemos es una mezcla entre Lenin y Porfirio Ruborosa. Mesianismo y testosterona

Foto: Pablo Iglesias, líder de Podemos. (EFE)
Pablo Iglesias, líder de Podemos. (EFE)

La figura del líder de Podemos, Pablo Iglesias, es un añejo cruce de dos conocidos personajes del siglo XX. Uno es Vladimir Ilych Ulyanov (Lenin). El otro, Porfirio Ruborosa. Mesianismo y testosterona. Un guía de masas y un 'playboy'.

En un vídeo de amplísima difusión está documentada la política 'masculina' propuesta por Iglesias para defenderse de la Guardia Civil y liarla en las instituciones. "Con cojones", decía en tiempos fundacionales. Es el método aplicado en la unidad impuesta en torno a la candidatura madrileña de Iñigo Errejón, cabeza visible del 'antipablismo' latente en Podemos.

Todos los analistas coinciden en los beneficiosos efectos del televisado cierre del culebrón Bescansa

Unidad 'por pelotas'. Debidamente escenificada en la rueda de prensa del jueves pasado. Todos los analistas coinciden en los beneficiosos efectos del televisado cierre del culebrón Bescansa. Pero también coinciden en que la confrontación sigue larvada. Y que los sectores críticos, convencidos de que Iglesias se ha convertido en un lastre para la progresión electoral de la marca, no han renunciado a su destronamiento cuando también conspiren las circunstancias.

De momento, la forzada convivencia en la misma lista electoral del pablista Ramón Espinar, secretario general de la organización madrileña, con Errejón y Tania Sánchez, dos damnificados de Iglesias a la espera, es una bomba de espoleta retardada.

Algunos creemos que Podemos lleva en sí mismo el germen de la división. Está destinado a romperse si no cambian las vigas maestras de su vigente arquitectura política: inexperiencia, caudillismo, mala memoria histórica, barullo ideológico y dispersión territorial.

Todo eso alimentó el culebrón en vísperas de las primarias para elegir un aspirante a presidir la Comunidad Autónoma de Madrid. El plazo se cerró este viernes, veinticuatro horas después de la improvisada escenificación de la paz interna. Más falsa que un 'belarmino', como dirían en Asturias. No hay quien se crea que un simple golpe de autoridad encaje las posiciones de Espinar en las del ya candidato oficial, Errejón.

Iglesias en el papel de curandero

La propia puesta en escena de la unidad, apadrinada por el propio Iglesias, en el papel de curandero, no pasó de eso: una foto y un impostado discurso reconciliador. Era palpable la prisa por soltar el mensaje sin haberlo cocinado en detalles esenciales. Fueron inútiles las preguntas sobre el equipaje de propuestas y personas con el que echaría a andar esa candidatura de "unidad en la pluralidad", en la que "faltan muchos y no sobra nadie".

Bueno, sobra Carolina Bescansa, a la que Errejón había ofrecido el segundo puesto. La filtración del "borrador" en la que aquella le proponía concertar el derribo de Iglesias (yo te apoyo para Madrid y tu me apoyas para la Moncloa) lo ha hecho imposible. Lógico. Las pruebas de la conspiración habían quedado por escrito. Como las intenciones, excepto la de hacerlo público de aquella manera.

Tan explicitas eran las pretensiones de Carolina Bescansa que Errejón tuvo que desmarcarse diciendo que se había enterado por la prensa

Tan explicitas eran que Errejón, cuyo nombre iba cosido al plan, tuvo que desmarcarse alegando que se había enterado por la Prensa. Vino a decir que ese documento es "incompatible" con el espíritu unitario de "nuestra candidatura para ganar en Madrid y poner el embrión del futuro gobierno de España".

La consigna: "Hoy ponemos la primera piedra de una candidatura ganadora", sentenció Errejón. "Confío en ti", dijo Iglesias, y aquel le correspondió con su agradecimiento por haber sabido estar "al a la altura de las circunstancias". Pero detrás de las palabras aparecen abiertas las heridas de la última asamblea nacional (Vistalegre II).

Al Grano

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