Rajoy y Sánchez, contra las mentiras del separatismo

En los circuitos políticos y mediáticos, se denuncia la flojera diplomática y la inacción del Gobierno a la hora de contrapesar el difamatorio discurso de Puigdemont

Foto: Mariano Rajoy, junto a Pedro Sánchez, en una foto de archivo. (EFE)
Mariano Rajoy, junto a Pedro Sánchez, en una foto de archivo. (EFE)

En la —todavía sin fecha— intervención del presidente del Gobierno ante el Parlamento Europeo (se negocia por vía diplomática), Rajoy no piensa alimentar la internacionalización del conflicto catalán, me cuentan fuentes seguras de Moncloa.

Eso significa que no dará a los nacionalistas el gusto de convertir su anunciada intervención sobre “el futuro de Europa” (ronda de líderes, abierta la semana pasada por Emmanuel Macron) en un monográfico sobre el problema. Por supuesto, se propone incluir una reflexión sobre los nacionalismos que amenazan el proyecto europeo, con la consabida referencia al asunto que preocupa a España. “Pero apenas será un párrafo de su discurso sobre el futuro de Europa”, según mi autorizado interlocutor.

Me temo que se verá insuficiente para desactivar la sensación de que el separatismo catalán va ganando la batalla de la propaganda. En los circuitos políticos y mediáticos, se denuncia la flojera diplomática y la inacción del Gobierno a la hora de contrapesar el difamatorio discurso de Puigdemont y sus costaleros. Un reto que concierne básicamente a los principales firmantes del pacto del 155 (en Moncloa y en Ferraz, dicen que el concurso de Ciudadanos fue “irrelevante”).

Rajoy se propone incluir una reflexión sobre los nacionalismos que amenazan el proyecto europeo, con la consabida referencia al asunto catalán

Me explico:

Pedro Sánchez, líder del PSOE, principal muleta del Gobierno en la aplicación del 155 (“del Gobierno no, del Estado”, puntualiza siempre), no habla con Rajoy desde que cambiaron impresiones sobre la resolución del tribunal alemán que puso en libertad bajo fianza a Carles Puigdemont. Lo ha debido considerar innecesario antes de explicar ayer a sus correligionarios del SPD alemán que el proyecto europeo corre peligro ante la amenaza de los separatismos.

No es muy diferente de lo que el presidente del Gobierno dijo a sus afines en la reciente cumbre del grupo popular europeo (Valencia, 8 de marzo). Su descarga verbal fue precisa: Cataluña, sí, pero también el Tirol (Italia) y Córcega (Francia) son ejemplos de unos fantasmas del pasado (“nacionalismos excluyentes”), que vuelven galopando sobre una ola populista.

Tampoco Sánchez se fue ayer por las ramas en Wiesbaden (Hesse), cerca de Fráncfort, ante un congreso extraordinario de los socialdemócratas alemanes, socios de Angela Merkel en el Gobierno de Berlín: “El secesionismo en Cataluña no solo amenaza la integridad territorial de España. También lo es para el proyecto europeo y sus valores”, dijo en la primera meta volante de una pedagógica gira europea destinada a contrarrestar el tramposo relato del independentismo catalán ante las inadvertidas opiniones públicas europeas.

"El secesionismo en Cataluña no solo amenaza la integridad territorial de España. También lo es para el proyecto europeo", dijo Sánchez

Fue contundente en el derecho del Estado a defenderse de quienes quieren reventarlo para lograr sus objetivos políticos. Y en su discurso eso resultó perfectamente compatible con la reprobación política del Gobierno por su “incapacidad de abrirse al diálogo y entender diversidad territorial como riqueza y no como amenaza”, sostuvo Sánchez, sin dejar de advertir que su posición critica con el Gobierno no impide su innegociable lealtad con la Constitución y el imperio de la ley.

Esa posición crítica con su socio del 155 no resta mérito a su desacomplejado alineamiento internacional con las tesis centrales de Moncloa: “Nadie está por encima de la ley en una democracia consolidada y un Estado legítimamente constituido”. Rajoy se apresuraría a firmarlo, porque es doctrina oficial en estado puro respecto al desafío secesionista. Quisiera ver en todo esto la remada conjunta exigible a las fuerzas políticas comprometidas con el orden constitucional frente a quienes pretenden alterarlo de forma ilegal, unilateral y violenta.

Al Grano

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